sábado, 17 de noviembre de 2007

La vida en la Edad del Bronce

Investigadores del Grupo de Estudios de Prehistoria Reciente (GEPRAN) de la Universidad de Granada, en España, perteneciente al departamento de Prehistoria y Arqueología, han dado pasos de gigante para determinar cómo era la vida en la Península Ibérica durante la Edad de Bronce. Desde el año 1974, arqueólogos granadinos, dirigidos por los profesores Trinidad Nájera Colino y Fernando Molina González, trabajan en el yacimiento de la Motilla del Azuer, en el término municipal de Daimiel (provincia de Ciudad Real), en busca la información necesaria que les permita reconstruir el día a día en este período histórico tan apasionante como desconocido en muchos de sus aspectos.
Los yacimientos conocidos con el topónimo de “motillas” representan uno de los tipos más singulares de asentamientos prehistóricos de la Península Ibérica. Ocuparon la región de La Mancha durante la Edad del Bronce entre el 2200 y el 1500 A.C., y son montículos artificiales, de entre 4 a 10 m. de altura, resultado de la destrucción de una fortificación de piedra de planta central con varias líneas amuralladas concéntricas. Su distribución en la llanura manchega, con equidistancias de 4 a 5 kilómetros, afecta a las vegas de los ríos y las zonas deprimidas dónde hasta momentos recientes era frecuente la existencia de lagunas.
Aunque eran conocidos ya desde finales del siglo XIX, las motillas fueron interpretadas erróneamente como túmulos funerarios, hasta que a mediados de los años setenta, gracias al inicio de las investigaciones en la Motilla del Azuer realizadas por la Universidad de Granada y auspiciadas por el Ministerio de Educación y La Consejería de Cultura de Castilla La Mancha, se demostró su carácter de fortificación, rodeada por un pequeño poblado y su correspondiente necrópolis. Se trata, pues, del primero de estos yacimientos que ha sido objeto de una excavación científica y sistemática.
El montículo de la fortificación que ha sido recuperada posee un diámetro de en torno a 50 metros, y está integrado por una torre, dos recintos amurallados y un gran patio. Su núcleo central está formado por una torre de mampostería de planta cuadrada, cuyos paramentos este y oeste conservan una altura superior a los 7 metros y a cuyo interior se accede mediante rampas embutidas en estrechos pasillos, lo que le confiere un personal carácter.

Los investigadores de la UGR explican que el asentamiento del Azuer contiene el pozo más antiguo hallado en la Península Ibérica. En el interior de este tipo de recintos fortificados se protegían recursos básicos como el agua, captada del nivel freático a través del pozo, y se realizaba el almacenamiento y procesado de cereales a gran escala, la estabulación ocasional de ganado y la producción de cerámica y otros productos artesanales, cuyos restos también se han conservado.

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