viernes, 25 de febrero de 2011

Atapuerca tiene siete nuevas entradas no excavadas.

Un trabajo de investigación del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (Cenieh) ha identificado las geometrías del subsuelo en los yacimientos de Atapuerca (Burgos). Mediante técnicas de prospección geofísica, los científicos han podido conocer con más profundidad las áreas no excavadas de este entorno. La investigación ha determinado siete nuevas entradas potenciales de exploración, lo que abre la posibilidad a futuras intervenciones y a la planificación de las mismas.

El trabajo, dirigido por el geólogo Alfredo Pérez González, "pretende dar un contexto geológico y morfológico a los yacimientos para conocer el paisaje que se encontraron los homínidos que poblaron este entorno", explica Ana Isabel Ortega, investigadora del Centro Nacional de Investigación sobre Evolución Humana (Cenieh) y coautora del estudio que publica la revista Archaeological Prospection.

Hasta siete puntos se describen en el estudio como entradas desconocidas hasta ahora, la mayoría en el valle de Propiedad. Estas siete zonas son adecuadas "para posibles nuevas intervenciones", pero también ayudan a una labor fundamental en un yacimiento con tanta labor como Atapuerca: "Nos ayuda a planificar los lugares que pueden adquirir importancia en el yacimiento", señala la investigadora.

Desde hace dos décadas, el equipo que dirige Pérez González ha estudiado la evolución de Atapuerca edesde el Mioceno - hace 23 millones de años- y se ha centrado en el Pleistoceno (época geológica que ocupa el tiempo desde hace 2'59 millones de años a hace 12.000).

Los científicos han estudiado la evolución de la red fluvial y el efecto de erosión que ha producido en el paisaje, y han determinado "que los agentes que más cambios han producido en estas estribaciones de la sierra de Atapuerca han sido los ríos Arlanzón, Vena y Pico".

Ana Isabel Ortega ha estudiado concretamente la formación de cavidades, espacios que luego fueron ocupados por homínidos. "Estos 'usaban las zonas de entrada de las cuevas' para refugiarse. La formación de cavidades en esta zona está relacionada directamente con la formación de la cuenca del Arlanzón", ", afirman los expertos del Cenieh.

"Datar las terrazas del Arlanzón no es difícil", añaden "ya que la formación de las cuevas interiores se sucedió por la ocupación de los homínidos". Se sabe que existen restos humanos en la Sima del Elefante de hasta 1'22 millones de años.

En un principio, se conoció parte del karst (paisaje de relieve accidentado ocasionado por la erosión química en terrenos calcáreos) de Atapuerca por las diferentes entradas que se han realizado a él y por la trichera que forman las vías del ferrocarril. "Se sabe que es grande, pero no se puede acceder a todo su conjunto por estar colmatado actualmente", apunta Ortega.

Con la tomografía eléctrica de resistividad (TER), se pudieron identificar las geometrías endokársticas en los yacimientos de la Sierra de Atapuerca. La tomografía "permite el reconocimiento de una zona de una manera similar a la que actúa un TAC", explica la experta.

En líneas rectas se insertan claves que ofrecen impulsos eléctricos. La electricidad circula por el terreno y regresa al punto de partida. Según la respuesta de resistencia al impulso eléctrico, se conoce la composición del interior. Así, se pudieron describir huecos que formaron las antiguas cuevas. "Los vacíos son muy resistivos a la electricidad", explica Ortega.

Esta técnica, "menos invasiva y más barata" que otras empleadas para la exploración del subsuelo, ha permitido conocer conductos internos, nuevas cavidades en la Dolina o posibles entradas de cuevas.

El equipo investigador, que ha validado el método de trabajo con el TER en este tipo de yacimientos al publicarlo en la prestigiosa Archaeological Prospection, pretende ahora recrear de forma tridimensional los espacios encontrados en el subsuelo para determinar las zonas más interesantes que pueden hallarse todavía bajo la sierra.

El trabajo se ha realizado en el marco del programa de Geoarqueología del Cenieh, junto con investigadores del Grupo Espeleológico Edelweiss y del Área de Ingeniería del Terreno de la Escuela Politécnica Superior de la Universidad de Burgos.