martes, 29 de marzo de 2011

'Cómo sobrevivir con dos piedras y un cerebro' busca el lado divertido de la Prehistoria.

Carlos Díez Férnández-Lomana, de la Universidad de Burgos, presenta un manual para ayudar a amar el patrimonio.
 
El libro 'Manual Práctico de Arqueología Experimental. Cómo sobrevivir con dos piedras y un cerebro', coordinado por el investigador Carlos Díez Fernández-Lomana trata de ser, en palabras de este profesor de la Universidad de Burgos, un «recurso didáctico que ayude a conocer la Prehistoria y a amar el patrimonio». Fernández-Lomana, miembro del equipo investigador de Atapuerca, considera que «la mejor manera de amar el pasado es conocerlo» y que este libro «ayuda a conocerlo de forma lúdica, experimental y a través del autoaprendizaje». El libro, en el que colaboran Rodrigo Alonso, Marcos Terradillos y Miguel Ángel Pérez, ha sido desarrollado en la Universidad de Burgos, en el marco de un proyecto de colaboración con otras universidades latinoamericanas.
 
El volumen, que se presentó ayer en el Museo de la Evolución Humana, está pensado para todas las edades, «desde jóvenes de 14 ó 15 años en adelante» y contiene 27 actividades prácticas que se pueden realizar con medios sacados de la naturaleza. «Cómo hacer un arco y una flecha, un bastón de mando, una aguja en asta de ciervo», detalló Díez Fernández-Lomana. Se trata, según indicó, de un compendio de explicaciones sobre cómo hacer diferentes objetos con piedras, huesos, arcilla y al mismo tiempo, el libro realiza un repaso del registro arqueológico que hay en Europa y en América de esos objetos prácticos.
 
«Se ha pretendido poner en relación la inteligencia humana con medios naturales, al alcance de cualquiera, para generar objetos que nos ayudan a enfrentarnos al mundo», apuntó. En este sentido, el profesor de la Universidad de Burgos confía en que nuestra especie podría empezar de nuevo con la naturaleza como único medio para sobrevivir. «Hay gente que dominaría unas artes, otros dominarían otras, pero dentro de nuestro acervo cultural está nuestra capacidad tecnológica, la pondríamos a nuestro servicio», indicó. Según Díez Fernández-Lomana, «en el caso del fuego es probable que los homínidos vieran incendios y tuvieran la perspectiva curiosa de todos los primates de acercarse a contemplar cómo funcionaba ese fenómeno», aunque desde la observación al control «es evidente que pasó mucho tiempo». Según explicó, los primeros descubrimientos humanos se produjeron bien al azar, trabajando de forma sistemática o través de su capacidad de observación.
 
Extraído de Norte Castilla