lunes, 21 de marzo de 2011

Los humanos envejecen como los simios.

Durante mucho tiempo, los científicos creían que los seres humanos envejecían de forma más lenta que otros animales gracias a nuestra esperanza de vida relativamente larga y al acceso a la medicina moderna. Las comparaciones realizadas con ratas, ratones y otras criaturas que no viven muchos años así lo confirmaban. Ahora, por primera vez, los patrones de envejecimiento humano se han comparado con los de chimpancés, gorilas y otros primates, y, sorprendentemente, no somos tan originales como pensábamos... Nos hacemos viejos a un ritmo similar. El estudio, llevado a cabo por investigadores de la Universidad Estatal de Iowa, aparece publicado en la revista Science.

No es necesario leer obituarios ni vender seguros de vida para saber que la muerte y la enfermedad es más común a medida que se cumplen años y nos acercamos a la vejez. Pero los científicos que habían estudiado los patrones de envejecimiento de los ratones o las moscas de la fruta habían asumido que el reloj del envejecimiento marca el tiempo más lentamente para los seres humanos.

«Teníamos buenas razones para pensar que el envejecimiento humano era único», dice Anne Bronikowski, profesora asociada a la Universidad Estatal de Iowa en Ames (EE.UU.). Por un lado, los seres humanos viven más tiempo que muchos animales -con algunas excepciones, los loros, aves marinas, tortugas y almejas nos pueden sobrevivir-, pero destacamos como los primates de más larga duración. «Los seres humanos viven muchos años después de que su capacidad reproductiva se haya acabado», dice Bronikowski. «Si fuéramos como otros mamíferos, nos moriríamos poco después de alcanzar la mediana edad».

Los investigadores combinaron datos de los estudios a largo plazo de siete especies de primates silvestres: los monos capuchinos de Costa Rica, los monos muriqui de Brasil, los babuinos y los monos azules de Kenia, los chimpancés de Tanzania, los goriles de Ruanda y los lemures sifaka de Madagascar. El equipo no se centró en el inevitable declive en la salud o la fertilidad que vienen con la edad, sino en el riesgo de morir. Cuando compararon las tasas de envejecimiento humano -medido como la proporción en que aumenta el riesgo de mortalidad con la edad-, con las de cerca de 3.000 simios, los datos coincidían en gran manera.
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Ellas duran más.

«Los patrones humanos no son notablemente diferentes, a pesar de que los primates salvajes experimentan fuentes de mortalidad de las que nosotros estamos protegidos», señalan los autores. Los resultados también confirman otro patrón en los humanos: los machos mueren antes que las hembras. En los primates, la brecha de mortalidad entre machos y hembras es más estrecha en las especies en que las que los varones son menos agresivos, como los monos muriquis, que no comptien abiertamente entre sí por el favor de las hembras. En el resto, es posible que ellos vivan menos al estar sometidos al estrés y la tensión de la competencia.

Los investigadores creen que los resultados pueden ayudar a comprender si los seres humanos pueden vivir más tiempo del que ya lo hacen.

Extraído de ABC