miércoles, 27 de abril de 2011

Anarquismo y antropologia: “No sólo ‘otro mundo es posible’ sino que ‘otros mundos existen’”

Entrevista a Beltrán Roca, profesor de antropología y coordinador del libro "Antropología y anarquismo" (La Malatesta).

Roca ha estudiado las vías hacia una descolonización de la antropología como base para la construcción de un poder popular horizontal en manos de los movimientos.

DIAGONAL: ¿Qué aporta un enfoque anarquista a la antropología?
BELTRÁN ROCA: Pienso, por ejemplo, en la crítica al poder, a la ciencia, al Estado. La crítica, el cuestionamiento de lo que nos viene dado, es el primer paso de toda investigación científica. Y a crítica, a los anarquistas no nos gana nadie.
Muchos conocidos antropólogos como Pierre Clastres, Stanley Diamond, James C. Scott, o hasta el mismo Radcliffe-Brown, se han inspirado por ideas libertarias. De manera más específica, muchos de estos autores han estudiado las sociedades sin Estado sin prejuicios. En las primeras teorizaciones sobre las sociedades primitivas, éstas eran representadas como sociedades incompletas, poco evolucionadas. Estos antropólogos han demostrado que esto no era así. Estas sociedades tienen su propia línea evolutiva distinta a la nuestra, conocen el Estado y prescindir de él es, en muchas ocasiones, una opción estratégica.

D.: Asimismo, defiendes que el anarquismo también se ha visto influenciado por la antropología.
B.R.: Indudablemente el anarquismo ha bebido de la antropología. Anarquistas clásicos como Kropotkin o Reclus estudiaron las formas de vida de otros pueblos, de sociedades sin Estado. Los anarquistas habían inventado una sociedad sin Estado, pero resulta que los etnólogos ya habían encontrado esas sociedades. Otra contribución, algo más reciente, es sobre la concepción del poder.
Especialmente en América Latina, importantes sectores del movimiento libertario están reformulando y utilizando el concepto de “poder popular”. En primer lugar, autores como Clastres nos enseñan que es posible una sociedad sin dominación, pero no sin poder. Como Foucault apuntó, el poder no solo constriñe, también produce. Me refiero al poder-hacer, en contraposición al poder-sobre.
Así, los anarquistas aspiran a que el poder resida en el pueblo (a través de estructuras horizontales como asambleas barriales, consejos obreros, etc.). En segundo lugar, aspirar al poder popular implica abandonar planteamientos sectarios que han predominado y aún predominan en algunos sectores del anarquismo. Se trata de implicarse en los movimientos sociales para promover ese tipo de estructuras y funcionamientos horizontales.

D.: La antropología surge con un claro enfoque etnocentrista ligado a intereses colonialistas e imperialistas. ¿Puede una perspectiva anarquista ayudar a dejar atrás esa perspectiva?
B.R.: Efectivamente, la antropología nace como ciencia para conocer a “los otros” con el objeto de dominarlos, aculturarlos. En la actualidad incluso el gobierno estadounidense recluta antropólogos para sus contiendas en Iraq y Afganistán, conscientes de que la invasión puramente militar es inviable. Sin embargo, desde los orígenes de la disciplina muchos antropólogos utilizaron sus conocimientos para realizar una crítica de su propia cultura. Hoy, por ejemplo, numerosos investigadores están explorando vías para descolonizar a la antropología, quitarle el lastre etnocéntrico, desarrollando antropologías del mundo, antropologías no hegemónicas. Se trata de pensar no sobre los territorios sino desde lo local.

D.: La manera en que desde la Modernidad se ha entendido la oposición naturaleza/cultura ha sido una de las bases del capitalismo en tanto éste se basa en la explotación de la primera como una necesidad cultural. ¿Hay en la “antropología anarquista” un enfoque diferente de la relación entre naturaleza y cultura?
B.R.: Bueno, eso que estamos llamando “antropología anarquista” engloba una gran diversidad de autores y escuelas. Por lo general, muchos antropólogos han cuestionado esa división naturaleza/cultura. Algunas corrientes, como la Ecología Social, parten de esa crítica. Existe, afirman, una estrecha relación entre la forma en que los humanos nos relacionamos con el medio ambiente, y la forma en que nos relacionamos con nosotros. Un proyecto político que aspire a la transformación social debe tener esto en cuenta.

D..: Desde la Modernidad se tiende a establecer el Estado como fundamento necesario para la existencia de la propia sociedad. ¿Qué aporta a este debate un enfoque anarquista de la antropología?
B.R.: He explicado que el impulso de muchos de los primeros antropólogos fue precisamente demostrar que sin Estado hay sociedad. Los manuales básicos de antropología muestran hoy que el Estado, aunque es predominante, es sólo uno de los modelos de organización sociopolítica. James C. Scott ha planteado recientemente, en The Art of Not Being Governed, que en la actualidad existe una zona montañosa en el sudeste asiático de la extensión de Europa en la que el Estado apenas tiene incidencia gracias a estrategias deliberadas de sus propios pueblos. No se trata sólo de que “otro mundo sea posible”, sino de que “otros mundos existen”.

D.: ¿Qué aporta un enfoque anarquista de la antropología a la lucha de los movimientos sociales?
B.R.: Este es quizá uno de los puntos clave de la antropología contemporánea. Por un lado, una “antropología anarquista” debe ofrecer herramientas teóricas y metodológicas para que los activistas generen colectivamente sus propios conocimientos (según los cuales desarrollar sus líneas estratégicas). No se trata ya de una vanguardia intelectual que dirija, instruya e ilumine a los militantes. Se trata de ofrecer esos conocimientos para los que han sido entrenados los antropólogos en la Academia para que los actores produzcan sus propias explicaciones (a través, por ejemplo, de la investigación- acción, o de técnicas como el DAFO o el forum comunitario).
Por otro lado, numerosos investigadores contemporáneos, en su mayoría jóvenes, están analizando esos nuevos movimientos sociales, especialmente el llamado movimiento “antiglobalización”. En todo esto hay quizá una carencia: el estudio de nuestros propios movimientos sociales tiene un límite. Llega un momento en que estudios adicionales no van a incrementar la eficacia, ni el apoyo social. Se echan en falta estudios de las instituciones de poder: como grandes corporaciones, espacios privados de élites dirigentes o instituciones del Estado. También se echan en falta análisis rigurosos sobre los mecanismos a través de los que los movimientos sociales son cooptados y neutralizados. Aunque existen limitaciones para la financiación de este tipo de estudios, creo que con el tiempo se solventará esta carencia.

Extraído de Kaos en la Red