jueves, 28 de abril de 2011

Cultivado homo sapiens. Jean M. Auel finaliza con «La tierra de las cuevas pintadas» su saga prehistórica.

La prehistoria ya tiene en la saga de «Los hijos de la tierra su «En busca del tiempo perdido». Más de cuatro mil páginas escritas por Jean M. Auel, iniciada en 1980 con «El clan del osos cavernario».

Desde entonces, la escritora norteamericana ha completado una ambiciosa serie de seis libros  de ficción histórica paleoantropológica que ha cosechado un éxito internacional impresionante. Con «La tierra de las cuevas pintadas», Auel pone punto final a la saga, de la que ha vendido 45 millones de ejemplares. Desde entonces, la niña cromañón Ayla se ha convertido en una mujer casada con Jondalar, un hombre de Neandertal que la ha integrado en su clan, y lleva camino de convertirse en una curandera de la tribu de los Zelandonii.

El uso de la magia.


Los estudios sobre esta lejana época que ha realizado Auel son estimables. Los paleontólogos reconocen que, aparte errores de datación, la saga se ajusta a los conocimientos que hoy se tienen de la Edad de Hielo. La escritora ha visitado numerosas cuevas, ha estudiado las culturas de los pueblos cazadores y recolectores actuales y ha fabulado, con minuciosidad, el comportamiento del homo sapiens  hace 20.000 años.
El resultado es esta saga que reconstruye con meticulosidad la vida cotidiana de nuestros ancestros, sus rituales religiosos, la organización social, el uso del lenguaje, la transmisión cultural y el uso de la magia, dando especial relevancia a la mujer, en particular a Ayla. Su inteligencia y magisterio para sanar con plantas y su integración entre los hombres como cazadora es parte del éxito de esta saga.

Es el público femenino quien ha encumbrado «Los hijos de la tierra» al reflejarse en esta mujer sensible y moderna, capaz de apreciar los dibujos de las cuevas de arte prehistórico, incluso, captar los distintos estilos de Atapuerca  y Altamira. Ayla es, sin duda, una proyección de la escritora. Como toda novela histórica,  «La tierra de las cuevas pintadas» habla más del presente que del pasado que reconstruye con una morosidad irritante para el lector crítico.

La virtud de Auel es fabular un mundo prehistórico que hasta ayer se veía como bárbaro, violento y deshumanizado. Ella lo convierte en un universo coherente en el que el homo sapiens es más responsable con el medio ambiente y tiene una conciencia ecológica anticipada mayor que la nuestra. Añádase la idea de cultura como un bien a valorar, sensibilidad y paleofeminismo y se obtendrán las claves del éxito mundial de esta fábula del Pleistoceno.

Extraído de La Razón