martes, 17 de mayo de 2011

A la caza de homínidos en La Boella.

Los paleontólogos de La Boella guiaron a la Fundació Gresol por el yacimiento. En la nueva excavación se ha encontrado más herramientas y huesos de un millón de años. Hallar restos humanos es el objetivo.

A los miembros de la Fundació Gresol se les hace difícil imaginar que la T-11 era antes algo parecido a la sabana africana. En esta visita por La Boella se esfuerzan en pensar que hace un millón de años por aquí campaban alegremente rinocerontes, caballos, leones, ciervos o hipopótamos. Así lo atestiguan los restos encontrados aquí, cerca de La Canonja, en cuatro últimos años de fascinantes hallazgos, que han colocado al lugar entre los referentes de la paleontología a nivel europeo, a la altura de Atapuerca.

De hecho, el yacimiento burgalés comparte contemporaneidad con el de la Boella. «Estamos hablando del Homo Antecessor», indica Eudald Carbonell, director del Institut Català de Paleoecologia Humana i Evolució Social, y uno de los guías de la visita. La ruta comienza en el yacimiento de La Mina, ubicado en un punto estratégico lleno de humedales a los que acudían los animales allá por el pleistoceno inferior final. «Estamos en un gran yacimiento que se extiende desde más allá del aeropuerto de Reus hasta el mar», indica Isabel Cáceres, mientras va respondiendo las preguntas de la comitiva. La del millón: «¿Se han encontrado restos humanos?». Responde Isabel Cáceres: «No, pero no perdemos la esperanza de localizar huesos humanos. De momento sólo hemos encontrado de animales y de herramientas que utilizaban entonces los homínidos, así que sabemos que estuvieron por aquí. Y hemos encontrado marcas en los huesos de los animales». Sílex o picos, que van de diseños primitivos a estructuras más complejas, son herramientas comunes en el lugar.

Los hallazgos más recientes en la nueva excavación, iniciada el 2 de mayo, van en la línea de lo encontrado el año pasado: restos de piedra, fauna y madera con una antigüedad que oscila entre 800.000 y un millón de años.

Durante estos días se sigue descubriendo material, valiosa información para contrastar la hipótesis de que aquí se asentaron las primeras poblaciones catalanas. De hecho, la investigación puede ir más allá. «Se puede estudiar la primera ola migratoria de África hacia Europa, sucedida hace un millón de años», dice el director de la excavación en la Boella, el doctor Josep Vallverdú. Luego, el séquito se dirige hacia el Forn, donde se han encontrado los restos de mamut, la joya de la corona de este yacimiento, a falta de que cualquier día se hallen anhelados fósiles de homínidos en alguna pared de este barranco. Serían los restos más antiguos de toda Catalunya, como aclara el doctor Vallverdú.

Isabel Cáceres muestra algunos de los hallazgos más recientes: un hueso que tiene aspecto de piedra. «Es difícil saber a qué animal pertenecía. Puede ser un húmero, un fémur, una tibia o un radio. Al menos, sabemos que se trata de un animal no muy grande, de talla mediana».

Los paleontólogos trabajan en espacios de 40 metros cuadrados. Una estación robotizada permite gestionar los datos mediante un sistema informático. Los miembros de la Fundació Gresol disfrutan a cada paso, sabiéndose exploradores en Parque Jurásico. Se interesan por los sustratos de colores que en las paredes del barranco marcan el paso de los milenios. Más allá de un millón de años, es casi imposible encontrar restos aquí, junto a la T-11, en lo que un día fueron espacios amplios y abiertos rodeados de lagos.

Extraído de Diario de Tarragona