lunes, 31 de octubre de 2011

Pompeya se hace añicos.

No ha pasado un año del derrumbe de la Casa de los Gladiadores de Pompeya y la historia de esta ciudad romana sepultada por las cenizas del Vesubio en el año 79 d.C. se vuelve a repetir. Han bastado las primeras lluvias torrenciales del otoño. El viernes de la semana pasada, parte de un muro de la zona norte en las inmediaciones de la Porta di Nola se precipitó, dejando tres metros cúbicos de escombros Patrimonio de la Humanidad. El martes, cuando aún resonaban los clásicos lamentos y promesas de la política, otros dos muros, esta vez de contención, mucho más modernos, se venían abajo.
La cosa no terminó ahí y dos días más tarde volvieron a saltar las alarmas. El departamento de cultura del sindicato UIL denunciaba la caída de otra pared en la Casa de Diomede, en via Consular, una de las más importantes y visitadas. El Ministerio de Cultura, aterrorizado por lo que se le venía encima, se apresuró a negar los hechos tras la inspección de los carabineros. Pero no es que el desprendimiento no existiera. Estaba allí, aunque se trataba de una fuente de la que ni siquiera se tenía constancia de que se hubiera caído porque estaba en una zona precintada, como la mayor parte de las ruinas, a la espera de ser reparada.
La UE inyecta 105 millones de euros para salvar el sitio arqueológico
¿Cómo se ha llegado a esta situación? Pompeya es la señal más nítida de lo que piensa de la cultura el Gobierno de Silvio Berlusconi. Los constantes recortes y ajustes del ministro de Economía, Giulio Tremonti, han rebajado la inversión en 1.500 millones de euros al año, lo que representa un 0,20% del Producto Interior Bruto. En los últimos diez años, de los queIl Cavaliere ha gobernado en siete, se han reducido en un 32,5% las ayudas al sector. Algo que, si se tiene en cuenta que Italia acoge un 5% del patrimonio mundial supervisado por la Unesco, sólo se puede calificar de despropósito.
No es casualidad que en el apartado dedicado a las excavaciones de la web de la Superintendencia Arqueológica de Pompeya sólo se recojan los trabajos realizados hasta 1997 y se lea un lacónico: "En estos últimos decenios, la actividad de excavación se ha reducido progresivamente para concentrar los pocos recursos disponibles en la restauración y manutención de los edificios ya descubiertos".

La cultura de la vergüenza.

Pompeya es la señal más nítida de lo que piensa de la cultura Silvio Berlusconi
El presidente de la República, Giorgio Napolitano, lo llamó de una manera más clara en noviembre del año pasado tras el derrumbe de la Casa de Gladiadores, área de reposo y arsenal de armas de los jóvenes aprendices de guerrero, que databa del 62 d.C.: "Es una vergüenza intolerable", dijo. "No encontraremos la senda de la recuperación económica mortificando el recurso más rico de Italia: nuestra cultura", añadió.
A juzgar por cómo se han desarrollado los acontecimientos, las demandas de Napolitano cayeron en saco roto. En julio, los mercados comenzaron a desconfiar de los títulos de Estado italianos y el Gobierno preparó en menos de 15 días un plan de ajustes de 96.000 millones de euros que no sirvió de nada, porque en septiembre tuvo que llegar el segundo tijeretazo: otros 54.000 millones en los que si bien no se especificaba tajo alguno a la cultura, el golpe estaba escondido en la reducción del presupuesto a los entes locales.
Según, Roberto Grossi, presidente de Federculture, institución que se encarga de la promoción del turismo, el deporte y el tiempo libre en Italia, "los recortes implican que a partir de 2012, los ayuntamientos se vean obligados a ahorrarse 7.200 millones al año en cultura".

Cinco solitarios arqueólogos.

Pompeya recibe 2,5 millones de visitantes cada año y hace una caja de 20 millones de euros. Sin embargo, cuenta con un solo responsable de los restos y cinco arqueólogos para 44 hectáreas que, visto su estado de deterioro, es imposible gestionar.
Hasta el momento, sólo ha habido un daño colateral políticamente hablando. En diciembre del año pasado, el entonces ministro de Cultura, Sandro Bondi, superó una moción de censura, pero poco después se vio obligado a dimitir por las constantes presiones de la oposición.
Como Italia no reaccionaba, la Unesco se presentó en Pompeya para revisar el estado de las ruinas y la Comisión Europea decidió intervenir, asegurando al Gobierno Berlusconi una jugosa cifra de dinero si presentaba un proyecto de restauración convincente. "Daremos a Pompeya el esplendor que merece", dijo en abril Johannes Hahn, comisario de Asuntos Regionales de la UE.
El nuevo ministro, Giancarlo Galan, vio la luz y anunció días después un plan milagroso de rescate. Pero algo ha debido fallar porque hasta el miércoles pasado, entre inundaciones y derrumbes, Hahn no regresó a Italia para concretar la inversión. En total serán 105 millones de euros a priori escrupulosamente controlados por la UE que servirán "desde enero de 2012 para realizar un control diario de supervisión y reparación, que es lo que más necesita el sitio", dijo Galan.
¿Llegará el dinero? La polémica continúa, porque Pompeya está en Nápoles, cuna de la Camorra, y la Fiscalía ha abierto una investigación después de que el subsecretario de Cultura, Riccardo Villari, asegurara que "hay señales de que la criminalidad organizada está interesada".
Extraído de Público