miércoles, 28 de marzo de 2012

Una investigadora revela que las cuevas del Esla son medievales y no neolíticas.

Vanessa Jimeno Guerra ha recibido el premio de la Fundación Carolina por este trabajo, que publica la ULE.



Su investigación le ha valido el premio Mariano Rodríguez en el área de humanidades que anualmente otorga la Fundación Carolina Rodríguez. No es para menos. Vanessa Jimeno Guerra, colaboradora honorífica del departamento de patrimonio artístico y documental de la Universidad de León, ha acabado con cien años de impostura histórica, al demostrar que los ejemplos de arquitectura excavada en el valle medio del Esla hunden sus raíces en la alta edad media y no en el neolítico, como tradicionalmente había sostenido la arqueología tradicional desde que Julián Sanz Martínez las adscribiera —en su obra El arte rupestre en la provincia de León— a la nueva edad de piedra. El estudio establece así una cronología altomedieval para todos estos conjuntos excavados mucho más acertada que aquella prehistórica que establecieron algunos estudiosos a comienzos del siglo XX. «El desconocimiento que existe hacia esta parcela de nuestro patrimonio histórico-artístico es inmenso, lo cual ha provocado el estado de deterioro en el que hoy se encuentran todas estas cuevas artificiales», lamenta la investigadora, que alerta de que estos espacios son una importantísima fuente de información para el conocimiento del periodo altomedieval que a día de hoy se encuentra, desafortunadamente, en pañales.

La investigación, que este mes publica la Universidad de León, es la primera monografía de carácter científico que se ocupa del estudio de los escasos ejemplos de arquitectura excavada que se conservan en la provincia leonesa. La obra analiza en profundidad los conjuntos de cuevas artificiales emplazadas en el valle medio del Esla, además de adjuntar un exhaustivo catálogo de las mismas con el fin de completar una laguna historiográfica y de perpetuar una parcela de nuestro patrimonio que, a decir de Jimeno Guerra, «mira impasible el paso del tiempo y su inevitable deterioro».

Uno de los hallazgos del estudio revela la existencia en esta zona del Esla de la única cueva de la península —en Rueda del Almirante— cuya planta es similar al de un mausoleo romano (semicircular) y que consta de cinco nichos en las paredes. Todo ello lleva a la investigadora a asegurar que se trata de un oratorio, un lugar destinado al culto o a enterramientos.

En cuanto a los vestigios que se conservan en el interior de los conjuntos analizados —los correspondientes a las localidades de Villasabariego, Villacontilde, Valle de Mansilla y Rueda del Almirante— se han hallado grafitos zoomorfos, lineales y geométricos, si bien Jimeno Guerra subraya que son los cruciformes los motivos que destacan sobre el resto, lo que demuestra el carácter cristiano de estas cavidades. También se refiere la investigadora a dos grafitos epigráficos encontrados en las cuevas menudas y en las cuevas del Moro de Valle de Mansilla. «La importancia de éstos reside en su fiabilidad para datar las cavidades en las que se encuentran, ya que nos ofrecen una fecha post quem. Basándonos en las grafías utilizadas, así como en la información que nos proporcionan, podemos afirmar que estas cuevas no fueron construidas con posterioridad al siglo XI», asegura la historiadora.

Por otro lado, y a pesar de que los cinco conjuntos excavados poseen una serie de elementos comunes en cuanto a emplazamiento (en lugares con tradición defensiva) y carácter se refiere, existen entre ellos unas acusadas diferencias morfológicas que, en la mayor parte de los casos, definen la funcionalidad de cada uno. «Así, mientras las cuevas Menudas, la Cuevona y las cuevas de los Moros de Valle de Mansilla son clasificadas como posibles eremitorios, las cuevas de Villacontilde, por poseer una mayor complejidad, pudieron desempeñar una función doméstica», destaca.
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Extraído de Diario de León