miércoles, 16 de mayo de 2012

Descubren los restos de un sacrificio humano cerca de una pirámide en el norte de Perú.


Aparecen en el norte de Perú los restos de un ritual, que incluyen decapitaciones y copas de cerveza, cerca de una pirámide anterior a la época inca.


En agosto del año pasado se descubrieron los primeros cuerpos en las excavaciones cercanas a la antigua pirámide de Huaca Las Ventanas, en una fosa de 15x15 metros.

La pirámide forma parte del complejo de Sicán, capital del pueblo Lambayeque (también llamados Sicán) que gobernó la costa norte de Perú entre los años 900 y 1100.

De acuerdo con Haagen Klaus, arqueólogo de la Utah Valley University, hay más de un centenar de cuerpos (enterrados desnudos y algunos decapitados) en la fosa recién descubierta.

La mayoría son hombres adultos, a excepción de dos niños, cada uno de ellos acompañado por lo que parece ser una mujer adulta. 

«A pesar de lo que parece indicar este descubrimiento, los Sicán no eran belicistas», señala Klaus, sino una cultura que se basó en el comercio para construir un imperio que, en su mayor apogeo alrededor del año 1000, alcanzaba miles de kilómetros de lo que en la actualidad es Ecuador y Perú.

Según la teoría de Klaus, los cuerpos encontrados en la fosa común participaron de forma voluntaria en un ritual que celebraba la muerte para que «surgiera una vida nueva en el mundo».

«Sicán era tierra santa, y parece que solamente tuvieron lugar ahí los rituales religiosos más importantes», añade. «Lo más probable es que se tratara de un sacrificio ritual masivo».

«Sin embargo, es distinto a otros hallazgos anteriores relacionados con el pueblo Sicán, pues la línea entre ritual de enterramiento y sacrificio parece menos clara».


Cabezas de cerámica, calaveras y cerveza.

«A diferencia de la posición de otros cuerpos encontrados en yacimientos en Sicán, en este caso no parece que haya un patrón en la colocación de los cuerpos en esta fosa», afirma José Pinilla, arqueólogo y codirector del proyecto junto a Carlos Elera, director del Museo Nacional de Sicán.

«Los cuerpos están colocados en posiciones muy diferentes: desde tirados sin más con brazos y piernas separados a cuidadosamente colocados en posiciones flexionadas».

Por ejemplo, uno de los cuerpos fue encontrado en el borde oriental de la fosa, boca abajo sobre una jarra de cerámica de 1,3 metros de altura que se usaba para fabricar y servir chicha de maíz, una bebida similar a la cerveza habitual en las celebraciones funerarias de los Andes.

La situación de esta jarra sugiere que los Sicán celebraron un ritual solemne de enterramiento en el que los vivos consumieron y ofrecieron a los muertos grandes cantidades de chicha.

Algunos de los cuerpos están decapitados y hay al menos 20 cabezas en una fosa pequeña que forma parte del yacimiento. Sin embargo, no se ha establecido una conexión directa entre los cuerpos decapitados y las calaveras.

«En el laboratorio buscaremos marcas de cortes que indiquen que las cabezas no se desprendieron de sus cuerpos una vez enterrados, sino que se trataba de las cabezas frescas de los muertos», afirma Haagen Klaus.

Además de las cabezas humanas, se han encontrado en la fosa cabezas de cerámica del dios Sicán, que solía adornar las vasijas funerarias, y figuras de cabezas que decoraban las copas de chicha.

Igualmente, han sido halladas cabezas de cerámica que representan llamas, pumas, monos, tortugas, osos y personas.

«Cuando se rompe una vasija o una botella por accidente, las marcas de la rotura suelen ser aleatorias. Sin embargo, aquí vemos unos cortes extremadamente cuidadosos y ordenados, por lo que sabemos que se trata de algo intencional», confirma Klaus en una entrevista telefónica.

«Tenemos restos de figuras de cabezas de animales, personas o el propio dios Sicán. Y por otro lado, claro, tenemos los cuerpos de personas que parece que fueron decapitadas en una ofrenda ritual».

Basándose en los dibujos de las vasijas, el equipo cree que los cuerpos fueron colocados en la fosa durante tres acontecimientos que tuvieron lugar entre 900 y 1100.

Los dos primeros consistieron en el entierro de los cuerpos. Durante el tercero se volvió a abrir la fosa y los huesos «fueron alterados, recolocados y manipulados», como afirma el codirector del proyecto Pinilla.

«En ese momento se colocaron la fosa de calaveras y huesos largos como fémures y húmeros».

La tumba de un noble.

Los arqueólogos creen que este sacrificio forma parte de una ofrenda ritual a un miembro de la nobleza Sicán enterrado en una tumba que podría encontrarse bajo la fosa.

«En puntos profundos de nuestras excavaciones hemos encontrado una capa de arcilla muy dura fabricada por el hombre. Se parece mucho a la que utilizaban los Sicán para sellar las tumbas de los nobles muertos», afirma Elera, director del museo.

Además, unos ladrones que en la década de los 60 asaltaron una pequeña pirámide al este de Huaca Las Ventanas «afirmaron tener que apartar muchos esqueletos antes de llegar a la tumba».

Por otra parte, «durante una investigación dirigida por el arqueólogo de la Southern Illinois University Izumi Shimada se descubrieron varias de estas tumbas en Sicán», comenta John Verano, antropólogo de la Tulane University (Nueva Orleans), que conoce el estudio pero no formó parte del equipo.

Según Verano, esas tumbas estaban llenas de metales preciosos y otros bienes, además de sacrificios humanos, aunque no a la escala del reciente hallazgo.

«Solamente estamos hacienda suposiciones», afirma Verano, «pero si estamos ante una ofrenda hecha a una tumba, es muy probable que se trate de la tumba de alguien importante y el sacrificio de todas estas personas podría ser un símbolo de su poder».

Extraído de National Geographic