lunes, 14 de mayo de 2012

Una sinagoga judía bajo la Facultad de Matemáticas.


En la ciudad hubo un gran asentamiento hebreo, del que aún quedan algunos vestigios desconocidos para la mayoría de los salmantinos.


Salamanca siempre ha sido una ciudad de paso. La Ruta de la Plata, el Cordel de Merinas y su posición fronteriza con Portugal la han convertido en un lugar que muchos han elegido para asentarse. Una de esas poblaciones que eligió la capital del Tormes para establecerse fue la judía. Según los documentos que aún se conservan los primeros hebreos llegaron a Salamanca en el siglo XII. Aunque los historiadores intuyen que ya debían tener asentamientos anteriormente. 


Durante esa época, gran parte de la Península era territorio cristiano y desde que comenzó a gobernar Alfonso VI los judíos no estaban mal vistos. Por lo que en el siglo XII se asentaron en la ciudad charra, aunque ya bajo el mandato de Fernando II de León. En Salamanca tenían un aljama o judería, es decir, que ya estaban organizados jurídicamente. Contaban con un cementerio propio, tenían una escuela, un colegio, una carnicería, y tres sinagogas. Además, ejercían aficiones de lo más variado, uno de ellos y de los más importantes y que aportó mucho a la ciudad de Salamanca fue el de libreros y pergamineros. 

Eran los encargados de proporcionan libros a la Universidad de Salamanca, sin embargo, cuando se les expulsó de la ciudad se destruyeron unos 17.000 códices y libros que ya nunca se pudieron recuperar. Los judíos ocuparon el centro de la ciudad, zona también conocida como el barrio judío, estaban en el suroeste. La zona iba desde la Catedral hasta donde se encuentra la actual Facultad de Ciencias, ocupando parte del jardín botánico. 

Una de las tres sinagogas estuvo ubicada donde se encuentra actualmente la Facultad de Matemáticas. En su interior aún están las bodegas de la sinagoga, que se distinguen claramente por la forma de su construcción y por el arco de la puerta de entrada. Pero uno de las cosas que más llama la atención de estas bodegas son sus pasadizos ocultos. Como si se tratara de una película en el suelo hay una trampilla por la que se accede a un pasadizo, cuya salida está en la muralla de esta ciudad.

Pasadizos bajo tierra.

A su vez, en las bodegas hay algún pasadizo más que comunica con otros distribuidos por otras de las facultades de ciencias. Los expertos creen que estas galerías las hicieron los judíos por si necesitaban huir de la ciudad, ya que no siempre habían sido bien acogidos en los sitios a los que iban. 

En esta sinagoga, la leyenda popular cuenta que tuvo lugar un milagro, el de San Vicente Ferrer. Se dice que acudió a predicar cuando los judíos estaban reunidos, lo que no sentó demasiado bien a los que allí se encontraban. Pero unas cruces blancas aparecieron en los ropajes de algunos de los judíos, por lo que pidieron a Vicente Ferrer que los bautizase. 

Los judíos poseían numerosas propiedades, vendían casas al clero y a algunos salmantinos, según atestiguan documentos que se conservan de esas operaciones. Tras abandonar los judíos la ciudad, las piedras de la sinagoga se utilizaron para hacer el colegio de la Vera Cruz y el convento de Nuestra Señora de la Merced, que seguramente ocupasen parte del espacio de la sinagoga.

A principios del siglo XX, lo que quedaba de la sinagoga en pie se usó para hacer una escuela de maestras. De hecho, tras una de las puertas de la actual Facultad de Matemáticas hay una inscripción en la que figura que doña Natividad Calvo Montealegre fue directora durante varios años de este centro. Y según las malas lenguas de la época fue pareja de Miguel de Unamuno, rector de la Universidad de Salamanca. 

A diferencia de otros edificios, las bodegas de la sinagoga están bien conservadas, aunque son muy pocos los salmantinos y salmantinas que las conocen porque no están abiertas al pública, pero son una muestra de la convivencia de varias culturas en Salamanca.


Extraído de Salamanca 24 Horas