sábado, 16 de junio de 2012

El claustro de Palamós dispara las 'quinielas' sobre su procedencia.

El Centro de Estudios del Románico advierte de que solo un proceso de «tiempo, dinero y laboriosidad» aclarará los enigmas en torno al conjunto artístico.



El claustro de Palamós está plagado de enigmas. Pendiente de escribir el último capítulo de la historia que certifique su origen y autenticidad, el conjunto pétreo levantado frente a una piscina en una finca privada se ha erigido en el icono monumental más mediático del momento.
El paso de los días sigue dando pie a especulaciones y teorías sobre el itinerario de años y vicisitudes históricas que pudo llevar a la localidad gerundense este conjunto de dos galerías de 20,8 metros por 21,9 que da cabida a diez arcos sobre columnas y capiteles con figuras de animales, seres fantásticos y vegetación.
A dos semanas de que salieran a la luz las indagaciones que desde 2007 lleva a cabo el profesor de la Universidad de Gerona, Gerardo Boto, no cesa el río de conjeturas sobre su procedencia. Las piedras llegaron a Madrid en 1931 desde un lugar que aún se desconoce compradas por un anticuario y los restos se instalaron en un solar que le cedieron en el barrio de Ciudad Lineal. En 1958, y después de peripecias varias, el conjunto fue empaquetado y trasladado en camiones a la finca Mas del Vent de la localidad gerundense de Palamós, actualmente propiedad de una empresa.
Con las imágenes de sus arcos al lado de una piscina se topó el leonés Gerardo Boto por casualidad en una revista de decoración francesa. A partir de ahí, cinco años de labor investigadora y tesón hasta que su irrupción en los medios de comunicación llevó a la Generalitat de Cataluña a actuar como no lo había hecho desde que tuvo conocimiento del caso, hace más de un año: pidió a la Fiscalía el permiso para entrar a la finca que hasta entonces habían negado los propietarios al historiador.
El mismo Gerardo Boto, habituado al trabajo solitario y de largo plazo de la investigación académica, se declaraba esta semana impresionado por la magnitud que ha adquirido 'el caso del claustro'. «Servirá para que la gente se acerque al románico, se interese y tome conciencia», decía sorprendido por su repercusión informativa.
A la espera de que una comisión integrada por un arquitecto y dos arqueólogos de la Generalitat de Cataluña emitan un informe sobre el conjunto artístico, desde el Centro de Estudios del Románico de la Fundación Santa María la Real, en Aguilar de Campoo, se ha hecho un llamamiento a la prudencia ante un asunto cuya trascendencia pública ha redoblado la presión sobre los investigadores en pos de datos sobre la autenticidad del claustro y sus posibles orígenes, trastocando el tratamiento de matices y calma usualmente requerido en una investigación científica. «Podemos seguir hablando y discutiendo, imaginando o sugiriendo, pero lo que es absolutamente necesario es trabajar con seriedad y eso supone tiempo, dinero y laboriosidad», explicaba ayer su director Jaime Nuño. «Si queremos tener un diagnóstico claro, hay que pasar por un proceso riguroso; del mismo modo que no sería de recibo, por ejemplo, que un médico diagnosticase un cáncer a golpe de vista».
En su opinión, esta «enorme presión mediática» no hubiera tenido lugar si todo hubiese discurrido «como acostumbra, por la paciente senda del estudio histórico, no por el vertiginoso camino de la noticia de actualidad, que angustia hasta al más entero de los investigadores». La primera visita permitida por los dueños de la finca a la prensa y a expertos hace ahora una semana se tradujo en una riada de declaraciones con tintes quinielísticos sobre la posible procedencia de los restos monumentales. Un punto indeterminado de Burgos cercano a Silos, Gumiel de Izán, también en la provincia burgalesa, el entorno de la localidad segoviana de Sacramenia, o Carrión de los Condes en Palencia surgieron de inmediato como candidaturas a la procedencia de las piedras, rápidamente repuestas o ampliadas con otras propuestas, eso sí, siempre dentro de Castilla y León.
«Si en esos momentos a mí me piden un sí o un no taxativo sobre la autenticidad del claustro, sin matices, sin precisiones, también diría que es auténtico, pero el matiz es obligado, y la duda, también porque es el mejor y más honesto método de trabajo», arguye el especialista en románico de la Fundación Santa María la Real: «Los que andamos en el mundo del románico estamos dando impresiones, pero sin verdaderos análisis en profundidad. Si seguimos por este camino lo que vamos a conseguir es descrédito en la investigación histórica».
Del riesgo de banalización alerta la Asociación de Amigos del Románico. Juan Antonio Olañeta preside este colectivo de apasionados «por el aura de misterio, simbología y encanto fotográfico» que encierra el arte románico y que en España agrupa a casi un millar de seguidores. «El auge mediático del claustro se ha desbordado, pero puede ayudar bastante a futuras reivindicaciones sobre otros casos en la medida que pueda haber una sensiblidad más predispuesta a actuar». Ante la proliferación 'quinielística', es taxativo: «Muchos candidatos estan dichos sin el menor rigor, sin tener en cuenta muchas cosas. Demos tiempo a que se estudie; la autenticidad de una obra no se puede valorar de la noche a la mañana». Con todo, no deja de apreciar la cara más gratificante de esta racha vendavalesca: Está aproximando el encanto del románico a mucha gente.
Extraído de El Norte de Castilla