jueves, 28 de junio de 2012

El homínido «Australopithecus sediba» ingería alimentos duros, como cortezas y troncos de árboles.

Los ancestros conocidos hasta ahora tenían una «dieta» más blanda: juncos y pastos.



Los homínidos africanos de hace dos millones de años, a la hora de comer, en posición vertical, tenían una dieta que se diferenciaba de la del resto de los antepasados humanos conocidos, según un estudio dirigido por el Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva en Leipzig (Alemania), en el que ha participado también la Universidad de Colorado Boulder, y que este miércoles publica la revista Nature.

El Australopithecus sediba -un corto, desgarbado homínido que vivió en el sur de África- comía alimentos más duros que otros anteriores: árboles, arbustos y frutos. Los ancestros humanos analizados de África, incluido el Paranthropus boisei, llamado «el Hombre cascanueces» por sus enormes mandíbulas y dientes, se alimentaban de pastos y juncos, afirma Paul Sandberg, un doctorando de la Universidad de Colorado coautor del nuevo estudio.

La dieta del A. sediba se averiguó zapeando con láser los dientes fosilizados, afirma Sandberg. El láser libera carbono del esmalte de los dientes, lo que permite a los científicos identificar los tipos de plantas consumidas y los entornos en los que los homínidos vivían. Las señales de carbono de los dientes se dividen en dos grupos: plantas C3, como árboles, arbustos y matorrales preferidos por A. sediba, y las plantas C4, como las hierbas y almendras consumidas por otros muchos homínidos anteriores.

Los dientes de dos individuos A. sediba analizados en el estudio tenían valores de isótopos de carbono fuera del rango de los 81 homínidos previamente estudiados. «La falta de cualquier evidencia de C4, y la evidencia del consumo de objetos duros, son las que hacen inferir nuestra deducción sobre la dieta», sostiene Sandberg.

«Es un hallazgo importante porque la dieta es uno de los aspectos fundamentales de un animal, que impulsa su comportamiento y nicho ecológico. A medida que los entornos cambian con el tiempo debido a los cambios climáticos, los animales generalmente se ven obligados a moverse o a adaptarse al nuevo entorno», recuerda Sandberg.

Los investigadores concluyeron que la corteza y otros alimentos resistentes a la fractura eran parte de la dieta al menos durante alguna estación de los A. sediba. Mientras que los tejidos de corteza y de madera no habían sido documentados como un componente de la dieta de cualquier otro homínido africano antiguo, estos alimentos son consumidos por muchos primates contemporáneos y contienen proteínas y azúcares solubles. La dieta de los A. sediba se asemeja a la de los chimpancés de hoy en día la sabana africana.

Un aspecto singular del proyecto fue el análisis de partículas microscópicas, fósiles de tejido de la planta conocida como fitolitos atrapados en el sarro, una forma endurecida de la placa dental, sostiene otra autora del estudio, Amanda Henry, del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva.


Entorno único.

«El hecho de que estos fitolitos se conserven en los dientes de estos homínidos de dos millones de años es notable y habla de la sorprendente preservación del lugar», dijo Sandberg. «Los datos sobre fitolitos sugieren que los A. sediba evitaban las hierbas que crecen en praderas abiertas, abundantes en la región en aquel momento».

Una tercera línea independiente de estudio - el análisis de hoyos microscópicos y arañazos en los dientes del A. sediba, que revela lo que estaban comiendo en el momento justo antes de la muerte - también confirmó que al menos uno de los homínidos estaba comiendo alimentos más duros, dijo Sandberg.

El A. sediba es una especie particularmente intrigante para los antropólogos. Los dos primeros individuos fueron descubiertos en 2008 en la Cueva de Malapa, a unos 30 kilómetros al norte de Johannesburgo. Eran un macho joven y una hembra adulta. Al parecer cayeron en la fosa y murieron. Con postura erguida y brazos largos, las curiosas criaturas parecen tener las características tanto de los homínidos primitivos como de los modernos: un tobillo similar al humano, dedos cortos y un pulgar largo para agarrar con precisión. El cerebro es relativamente complejo en comparación con anteriores homínidos.

Los científicos no saben todavía donde encuadrarlos exactamente. El A. sediba puede haber sido un descendiente del A. africanus, al que representa Lucy, que vivió hace unos 3 millones de años y es considerada por muchos como la matriarca de la familia humana. Los científicos han calculado que el A. sediba de Malapa vivió hace 2 millones de años.

Extraído de ABC