martes, 24 de julio de 2012

Arqueología 2.0 en el yacimiento íbero romano de Cástulo (Jaén).


Cada pueblo, cada generación, a menudo sin ser consciente de ello, va dejando testimonios de su existencia en la tierra; historias que los arqueólogos tratan de descubrir, analizando capa a capa cada uno de los restos que han sobrevivido al paso del tiempo.
Para centrarse en ese análisis, el equipo multidisciplinar que está excavando en el yacimiento íbero-romano de Cástulo, en el municipio jiennense de Linares, desarrolla desde junio de 2011 un sistema de documentación con el que se pretende optimizar, simplificar y hacer más ágil el proceso de excavación arqueológica.
«El sistema de registro habitual, aunque es muy eficaz, se viene usando desde finales del siglo XIX. Habiendo tanta tecnología, no había excusa para seguir mirando hacia otro lado», asegura a ELMUNDO.es de Andalucía Manuel Serrano, uno de los arqueólogos que forma parte del proyecto Forum MMX.
Por ello, este equipo ha decidido valerse de tecnología ya existente para sus propios fines. «Al principio probamos tablets, que se están usando en otras excavaciones, pero el tema de las pantallas en estas condiciones ambientales es terrible, porque no se ve nada», comenta el experto, explicando que al final optaron por utilizar un bolígrafo-escáner conectado mediante bluetooth a un Smart-phone con acceso a Internet.
Con ese bolígrafo, rellenan en el propio yacimiento las fichas de registro de los elementos hallados. En ellas se recogen todos los datos que necesitan: referencias espaciales, croquis, descripción de los estratos y características de los mencionados elementos.
«El boli –gracias al escáner y a una microtrama que lleva impresa cada hoja– reconoce el punto de la ficha en el que está. Nosotros –cuenta Serrano– le metemos los datos relativos al día, la hora, el estrato en el que ha aparecido el elemento, el volumen, le podemos decir que incluya foto orientativa, que hacemos con el móvil, y le damos a enviar».
En ese momento, el Smartphone –como hemos dicho, conectado al boli a través de bluetooth– manda los datos a un servidor, que genera un código para ese elemento recién registrado y lo envía automáticamente al mencionado móvil. «Ese código es el que tengo que apuntar en la ficha», añade el arqueólogo.
Todos los elementos encontrados y registrados –organizados en bolsas con sus códigos numéricos correspondientes– se trasladan después al Museo Arqueológico de Linares, donde se etiquetan antes de ser almacenados convenientemente.

Un salto tecnológico.

«Antes eso nos costaba una vida –dice Marcelo Castro, director de los trabajos en Cástulo–. Yo no sé cómo, después de tanto tiempo escribiendo cada una de las etiquetas en cada uno de los fragmentos, no se me quitaron por completo las ganas de dedicarme a la Arqueología».
Ahora, en vez de escribir manualmente la referencia en cada pieza, el citado servidor genera un código QR (esos dibujos en blanco y negro que leen ciertos móviles y que se han puesto tan de moda últimamente) que se imprime en una pegatina. «Tenemos etiquetas de 5x5 cm para las bolsas y de 1x1 para los fragmentos», comenta Serrano, incidiendo en el «control absoluto» que este nuevo sistema supone.
La base de datos que se genera con dicho sistema –llamado TOO WASTE, Tecnologías para la Traslación Arqueológica de las Historias en la Tierra– se complementa con una serie de representaciones virtuales en 3D con las que se quiere recrear no sólo cada elemento, sino también cada momento del proceso de excavación.
«Una vez que se excava, lo que no se haya documentado, se ha perdido para siempre», asegura el arqueólogo Francisco Arias, responsable de esta parte del proyecto, en la que, como en el resto, se está utilizando software libre ya existente. «En los últimos años se ha hecho uso del escáner láser para reflejar el sistema final, pero es caro. Nosotros estamos registrando todo el proceso a coste cero», matiza.
Cuando se haya terminado de desarrollar el sistema –se calcula que a final de este año–, la idea es ofrecer toda la información recogida a través de bases de datos ya existentes, como la de la Universidad de Jaén o la de los museos de España (Domus). «Obviamente, otros equipos o universidades que trabajen aquí en Cástulo en un futuro van a tener que ceñirse al sistema para que haya uniformidad, pero no sólo eso, sino que queremos ofrecerlo a quien quiera utilizarlo», señala Serrano.

En busca del foro perdido.

«Deberíamos haberlo previsto, que no íbamos a tener una sola plaza, sino un centro monumental, pero no lo hicimos», apunta el director de los trabajos para explicar que, aunque el proyecto iniciado el pasado año pretendía sacar a la luz el foro de la ciudad de Cástulo, hasta el momento no se ha dado con él.
«El foro, como espacio político, era lo que nos interesaba especialmente en el siglo XXI, cuando tenemos tan serias sospechas de que algo se está quebrando en las relaciones de la ciudadanía en favor de otros modelos. Ese foro político creemos que no está en ninguno de los dos puntos que estamos excavando», comenta Castro, señalando que uno es un mercado (en otros sitios más pequeños situado en el foro, pero en Cástulo, una ciudad de cierto tamaño, ubicado en una localización propia y separada) y otro es una plaza con vocación política, porque está porticada, pero presidida por un solo templo.
En ese templo, precisamente, han salido a la luz una serie de elementos muy interesantes, como una puerta (llave incluida) y un mosaico de grandes dimensiones en perfectas condiciones de conservación, hasta el punto de que, junto a otras evidencias, se ha llegado a pensar que fue demolido antes de ser inaugurado.
«Creemos que pudo ser un templo en honor al emperador Domiciano, que se declaró Dios en vida. Al Senado no le gustó nada el detalle y acabó asesinándolo y decretando Damnatio memoriae, es decir, que se borraran todas las huellas de su existencia. En ese contexto entendemos lo que hemos encontrado», dice el arqueólogo, que ve en la histórica ciudad la respuesta para acabar con incertidumbres actuales.
«Linares quizás sea de las pocas verdaderas ciudades de la provincia, con una tradición industrial y minera, el ferrocarril… Una serie de instalaciones muy propias de la ciudad contemporánea. El interés por Cástulo es buscar una legitimación de esa urbanidad hace 2.000 años y tener esa seguridad de decir si se han tirado aquí tanto tiempo, por qué no vamos a aguantar nosotros», concluye.
Extraído de El Mundo