miércoles, 4 de julio de 2012

Las excavaciones del Cabezo Redondo en Villena corren el riesgo de desaparecer por falta de financiación.



En busca de la financiación perdida. Éste podría ser el título no ya de una película de ficción, sino de la cruda realidad que aguarda a los arqueólogos que, desde tiempos inmemoriales, contribuyen de manera desinteresada a rescatar los tesoros que se esconden en las entrañas de nuestra tierra. En esta difícil tesitura se encuentran actualmente todos los proyectos arqueológicos en la Comunitat. Y es que los recortes presupuestarios aplicados por la Administración han llegado también a las excavaciones que de forma reglada se vienen realizando en los ricos yacimientos repartidos por las tres provincias valencianas.
Una de las actuaciones arqueológicas que corren serio peligro de desaparecer del mapa es la que se realiza cada verano desde el año 1986 en el yacimiento del Cabezo Redondo en Villena. Sin ir más lejos, la presente campaña ha estado a punto de no celebrarse al no disponer de un solo euro para su financiación. La Conselleria de Cultura decidió retirar de un plumazo la habitual ayuda económica destinada a sufragar el alojamiento y la manutención del equipo de investigadores que solía trabajar durante unos 30 días en este enclave representativo de la Edad de Bronce en el área mediterránea.
El catedrático de la UA Mauro Hernández, director de las excavaciones, prefirió no rendirse y, antes de arrojar la toalla, se preocupó de buscar por su cuenta y riesgo algún mecenazgo que garantizase al menos una semana de estancia para los 15 estudiantes que conforman su equipo. Pero a la falta de aportación monetaria por parte del Consell se ha sumado la inverosímil circunstancia de que el Ayuntamiento de Villena no se haya preocupado este año de procurar el alojamiento para este grupo de jóvenes que se han desplazado hasta la capital del Alto Vinalopó desde diferentes localidades de la provincia.
De hecho, los quince alumnos de Arqueología de la UA han tenido que ser acogidos por la comparsa de Turcos de la vecina población de Sax. Paradójicamente, las autoridades villenenses, encabezadas por su alcalde Javier Esquembre (Los Verdes), han tratado de justificar la medida amparándose en una normativa autonómica que, según afirman, impide alojar a personas en las sedes festeras. El argumento no ha convencido ni a la oposición municipal ni mucho menos a los damnificados, que desde siempre han pernoctado en alguna de las comparsas de Villena. Además, finalmente han encontrado cobijo apenas 10 kilómetros más allá y precisamente en un local festero.
Así pues, las jornadas de puertas abiertas del Cabezo Redondo programadas para el último fin de semana de junio se vieron envueltas en polémica a causa de los recortes económicos por una parte y de la falta de previsión por otra, puesto que la norma a la que hace referencia el primer edil villenense data de marzo de 2011, por lo que «ha habido tiempo más que suficiente para encontrar una solución antes de dejar tirados a los chavales», según sugiere el exedil de Cultura del PP, Francisco Abellán.
Al margen de la controversia política, lo cierto es que el propio director de las excavaciones, Mauro Hernández, ha advertido de que la próxima campaña corre serio riesgo de no llevarse a cabo si no se subsanan las dificultades con las que se ha encontrado este año. Eso significaría enterrar de la noche a la mañana una larga y prolífica etapa de más de 25 años de excavaciones, cuyo pionero fue el insigne arqueólogo villenense José María Soler, a quien sin duda no le agradaría lo más mínimo el trance por el que está pasando su niña bonita, el poblado del Cabezo Redondo, lugar donde, supuestamente, se fabricó el Tesoro de Villena, descubierto hace 29 años en una rambla cercana a la localidad de Cañada.
La arqueología está en un estado tan delicado que casi la única esperanza de que continúen las excavaciones está puesta en que aparezcan mecenas dispuestos a invertir su capital en la búsqueda del patrimonio de nuestros antepasados, que se halla enterrado bajo muchas capas de tierra y que hay que extraer con suma delicadeza.
El profesor Hernández ya ha anunciado su intención de no volver a excavar nunca más si no se garantiza al menos 30 días de trabajo continuado en el yacimiento.
Extraído de Las Provincias