jueves, 5 de julio de 2012

Presencia inesperada de una clase superior de neuronas en los monos macacos.


La corteza insular anterior es una región pequeña del cerebro que en los humanos desempeña un papel crucial para la conciencia de uno mismo (autoconciencia). El mal funcionamiento de la corteza insular anterior está implicado en ciertos trastornos neuropsiquiátricos. Esta región alberga un tipo único de células, las neuronas de von Economo. Durante mucho tiempo, se pensó que las neuronas de von Economo eran exclusivas de humanos, monos antropomorfos, ballenas y elefantes.

El equipo de Henry Evrard, neuroanatomista en el Instituto Max Planck para la Cibernética Biológica en Tubinga, Alemania, ha descubierto ahora neuronas de von Economo en la ínsula anterior de monos macacos. Este hallazgo proporciona pruebas contundentes de que los monos poseen al menos una forma primitiva de la neurona humana de von Economo, a pesar de que estos animales no tengan la capacidad de reconocerse en un espejo, una característica de conducta propia de la autoconciencia.

Este hallazgo también ofrece una nueva y muy necesaria vía para examinar en detalle las conexiones y funciones de un tipo de célula y de una región cerebral que podrían ser fundamentales en la autoconciencia humana y en trastornos mentales como el autismo y formas específicas de demencia.

La corteza insular, o simplemente ínsula, es una región cortical escondida en lo profundo del cerebro, como una isla dentro de la corteza. En la última década, la ínsula ha salido de la oscuridad al determinarse su papel clave en diversas funciones que por regla general están vinculadas a nuestros estados corporales internos, a nuestras emociones, a nuestra autoconciencia, y a nuestras interacciones sociales. La parte anterior de la ínsula en particular es donde las personas percibimos conscientemente emociones subjetivas como amor, odio, rencor, confianza en uno mismo o vergüenza. En relación con estos sentimientos, la ínsula anterior está implicada en varias psicopatologías. El daño en la ínsula provoca apatía y la incapacidad de identificar los sentimientos que están siendo experimentados por uno mismo o por la persona con quien está hablando. Estas incapacidades y la alteración de la ínsula también están presentes en el autismo y en otros trastornos neuropsiquiátricos graves.