lunes, 27 de agosto de 2012

Neanderthales en Triacastela (Galicia).

Investigadores descubren en la Cueva de Eirós grabados y pinturas que se podrían remontar alrededor de treinta mil años atrás. Se trata de la primera muestra de arte rupestre paleolítico encontrada en el noroeste peninsular.
Las pinturas de Tricastela describen siluetas incompletas y ringleras de puntos.
El Camino Francés se adentra en la comunidad que alberga su espíritu en O Cebreiro, una aldea de origen prehistórico situada a más de mil metros de altitud y que asoma entre los picos de las sierras de O Courel y Os Ancares. A veintidós kilómetros, el peregrino, siguiendo su sendero hacia la catedral compostelana, es recibido por Triacastela, una población a la que su pequeña superficie no le impide esconder un gran tesoro: una gruta natural a los pies de la sierra de Oribio.
De difícil acceso, esta caverna, situada en el norte del monte Penedo y que vigila el valle de Cancelo, es, desde el pasado 20 de agosto, Bien de Interés Cultural. ¿Los motivos? Todo comenzó en los principios de la década de los 90 cuando, un grupo de paleontólogos concluyó que la cueva había sido ocupada por el «Ursus spelaeus», más conocido como «Oso de las cavernas», una especie que desapareció de la Tierra hace cerca de diez mil años en el fin de la última Edad de Hielo. Junto a restos de cuarenta ejemplares de este animal que recuerda al oso pardo, otros de mamíferos, como ciervos y caballos.
En 1993, año en el que se presentaba oficialmente dicho descubrimiento,se inicia una campaña arqueológica que tiene como objetivo excavar la entrada de la gruta, lugar que se solía habitar en el Paleolítico. De nuevo, la iniciativa obtuvo unos excelentes resultados. Dos primeros niveles revelaron industria lítica del Paleolítico Superior, principalmente realizada en cuarzo y un nivel inferior señalaba que podían existir materiales más antiguos, correspondientes con el Paleolítico Medio.

En 2008, un colgante encontrado en el yacimiento, elaborado a partir de un diente de un pequeño carnívoro, evidencia la presencia humana en el noroeste de la Península Ibérica desde hace unos 26.000 años, en pleno periodo álgido de la última glaciación. Desde entonces, la Cueva de Eirós proporciona grandes descubrimientos que permiten ampliar el conocimiento sobre la época prehistórica en Galicia. Por ejemplo, elementos de la industria ósea en los niveles del Paleolítico superior y múltiples herramientas en piedra y cuarcita que los neandertales utilizaban en el Paleolítico medio.
Es en la última campaña de excavación en la caverna de Triacastela, Lugo, cuando tiene lugar el hallazgo que otorga a Eirós la predilección de estar considerado como un Bien de Interés Cultural. Durante los trabajos arqueológicos realizados por el Grupo de Estudios para la Prehistoria del Noroeste (GEPN) de la Universidad de Santiago de Compostela -junto con un equipo del Institut Catalá de Paleoecología Humana i Evolució Social de Tarragona (IPHES)- se destaparon evidencias artísticas en el interior de la cueva que demuestran, por primera vez, la presencia de seres humanos en el noroeste español hace treinta mil años.

Con carbón vegetal.

Hablamos de pinturas en negro y gravados que no ofrecen, a golpe de vista, formas reconocibles y que aparecen concentradas en la gran sala del interior de la cavidad, especialmente en la pared oeste. Las pinturas en negro, realizadas con carbón vegetal, se dibujan en un panel principal y describen siluetas incompletas de animales, ringleras de puntos y marcas en la parte inferior de los muros.
Pistas que señalan hacia el arte paleolítica ya que, en este periodo, dichas marcas se utilizaban habitualmente para resaltar morfologías naturales de las paredes que sugieren figuras zoomorfas. Sin embargo, los motivos más reseñables y numerosos son los grabados, fruto del uso de las herramientas de piedra que deja a modo de huella surcos con secciones en «V» y delineaciones tanto rectilíneas como sinuosas.

Tras varios estudios técnicos y estilísticos se constata, así, la presencia de varios periodos dentro de las manifestaciones rupestres de Eirós que hacen pensar que pueden ser encuadrados dentro del Paleolítico Superior. Aunque, los investigadores advierten que no se debe descartar la presencia de otras muestras de etapas menos históricas o de la Prehistoria reciente, dado el largo tiempo de uso de la caverna.
De momento, y gracias a los recientes hallazgos, la Cueva de Eirós, en Triacastela, se consolida como un yacimiento de referencia en el norte peninsular para estudiar las similitudes y diferencias entre el «homo sapiens» y el «Neanderthal» en un mismo entorno. Trabajos de investigación que se complementan con los realizados en la Cueva de Valdavacara (Becerreá), donde los expertos del GEPN de la USC llevan excavando desde el 2007 en sus tres yacimientos. No solo eso. El Bien de Interés Cultural de lucense viene a llenar un vacío al que solo se aproximaban la representaciones al aire libre de los valles fluviales de Foz Côa e Alto Sabor, en el norte de Portugal, y en las cavidades de La Viña, Peña de Candamo o Pena Osucra, en la cuenca del asturiano río Nalón. Ahora, Cueva Eirós se convierte, por fin, en la primera manifestación de arte rupestre paleolítico del noroeste peninsular.
Casa de lujo para restos inéditos.
Si de algo puede presumir la Cueva de Eirós es de apoyo institucional. Tanto la Xunta, con el manifiesto respaldo del conselleiro de Cultura, Jesús Vázquez, como el Ayuntamiento de Triacastela y la Diputación de Lugo han expresado la importancia para la Comunidad del hallazgo de arte rupestre. De hecho, la alcaldesa de la localidad lucense ya se ha puesto manos a la obra para construir un museo que acoja entre sus muros los restos del Paleolítico y que sea el origen de un «itinerario cultural» por toda la comarca.

La regidora de Triacastela no duda en defender, de esta forma, que los restos hallados en la cueva «no deberían marcharse» del pueblo porque son «fundamentales». Con este objetivo en mente, anuncia que desarrollará un proyecto «concreto» para el que tendrá que estudiar las posibles vías de financiación, ya sean públicas como a través de capital privado. Incluso, apunta Iglesias, ya se barajan «dos o tres posibles localizaciones» en las que podría asentarse el museo.

«Tenemos el Camino de Santiago, pero no podemos dejar que esto nos pase por delante», pide. Pasado y presente se unen por una meta en común: hacer que Triacastela, además de parada en el Camino Francés, sea la lectura más antigua de la Prehistoria gallega.

Extraído de ABC