sábado, 1 de septiembre de 2012

Cultos y Creyentes.

Las 50 pinturas y grabados hallados en Cova Eirós revelan que hace más de 20.000 años en la actual Galicia ya había grupos sociales con creencias religiosas y una cultura incipiente.


Arturo de Lombera y Xosé Pedro Rodríguez, coordinadores de la excavación,
dirigen las operaciones en la entrada del yacimiento de Cova Eirós.
"Con este hallazgo hemos ubicado Cova Eirós dentro del mapa peninsular del arte rupestre del Paleolítico". Así resumen Arturo de Lombera y Xosé Pedro Rodríguez, coordinadores de las excavaciones, la importancia de las cincuenta pinturas y grabados que se han descubierto en las paredes de la cueva situada en la localidad lucense de Triacastela.

La ubicación de las figuras en el interior de la cueva y en paneles principales avala la tesis de que no se trata simplemente de elementos decorativos, sino de "un discurso estructurado de carácter religioso", lo que revela también la existencia de grupos sociales organizados.

Aunque el estudio de las pinturas todavía se encuentra en una fase inicial, los investigadores calculan que podrían pertenecer al Paleolítico superior final, a los períodos Gravetiense y Magdaleniense, con una antigüedad de entre 24.000 y 12.000 años. "De todas formas sería muy osado por nuestra parte aventurar una fecha concreta sin que antes se pronuncien los especialistas en arte rupestre", comenta Arturo de Lombera.

Hasta ahora se conocían ejemplos de arte rupestre prehistórico en la cornisa cantábrica, en Portugal y en la Meseta, pero no en el Noroeste peninsular. Se trata de unos cincuenta motivos -la mayoría de ellos grabados- de figuras zoomórficas que no siempre aparecen completas y que se han localizado en su mayor parte en la sala principal de Cova Eirós.

Las primeras evidencias de arte rupestre paleolítico en el Noroeste peninsular han visto la luz gracias al proyecto de investigación que se lleva a cabo en Cova Eirós desde el año 2008 bajo la dirección de Ramón Fábregas, catedrático de Prehistoria de la Universidad de Santiago de Compostela (USC) e investigador principal. Además de la USC, en el proyecto participan investigadores del Institut de Paleocología Humana i Evolució Social (IPHES) de la Universitat Rovira i Virgili de Tarragona. El proyecto cuenta con la colaboración del Ministerio de Economía y de la Consellería de Cultura.

Los expertos manejan diversas hipótesis sobre el significado que tenía para nuestros antepasados de las cavernas el arte rupestre. Como señala Arturo de Lombera, existen diversas interpretaciones. Hay quien habla de magia simpática -pintar animales para tener éxito en la caza-, mientras que otros piensan que se trata más bien de ritos iniciáticos de estos grupos. Otros creen que esas figuras están más bien relacionadas con el chamanismo y los ritos alucinógenos€ "Es difícil interpretarlo -comenta De Lombera- porque es un lenguaje hecho por una cultura a la que no pertenecemos".

Lo que sí tiene claro el investigador coruñés es que se trata de un lenguaje estructurado de carácter religioso. "Todas estas manifestaciones -apunta- se integran dentro del discurso religioso y simbólico de estas sociedades. Se trata de un discurso estructurado, pues los grabados aparecen en los paneles principales, no en los demás; eso indica una intencionalidad muy clara. Tras los estudios realizados desde los años 70 se ha llegado a la conclusión de que los motivos -équidos, bóvidos, signos€- y su localización responden a un discurso relacionado con el mundo de las creencias religiosas, con unos ritos establecidos; algo más estructurado que una simple superstición".

En la sala principal.
Los primeros indicios de las figuras rupestres se localizaron en septiembre del pasado año, y desde entonces los investigadores han realizado diversas pruebas antes de hacer público el hallazgo. Así lo explica Xosé Pedro Rodríguez, natural de Viana do Bolo e investigador de la universidad Rovira i Virgili. Al lugar principal del hallazgo se llega después de pasar una gatera muy estrecha de casi 20 metros de longitud, con apenas un metro de ancho y otro metro de alto. La gatera desemboca en la sala más amplia de la cueva, con casi seis metros de largo y cerca de cuatro de alto en algunas zonas. En el suelo de la sala se está realizando ahora una cata de dos metros cuadrados para buscar nuevos vestigios de la presencia de homínidos en la misma.



"Hemos localizado unos cincuenta motivos, entre pinturas y grabados, y no descartamos que haya más ejemplos de arte rupestre más hacia el interior de la cueva", explica Arturo de Lombera, aunque prefiere mostrarse prudente a la hora de hablar de nuevos hallazgos. Cova Eirós tiene una longitud de 104 metros y consta de dos galerías principales. En la zona más alejada de la entrada ya se habían encontrado en los años 80 y 90 restos de osos de las cavernas.

En cuanto al estado en que se encuentran las figuras, los arqueólogos apuntan que la humedad ha ido degradando los trazos de pintura, mientras que la acción del hombre también ha deteriorado las paredes, de hecho, "la cueva está llena de grafitis modernos que en algunos casos dificultan la identificación de los grabados".

Como señalan los coordinadores del proyecto, "por las formas de las figuras, indirectamente también se puede precisar la datación de las mismas". En Cova Eirós hay trazos en negro con figuras de animales, puntos, rayas y signos, digitaciones con puntos dobles€ "En cuanto a los motivos de animales, se aprecian cérvico torsales, cuartos traseros, patas e incluso una figura completa, un bóvido", añade Lombera.

Neandertales y cromañones.

Cova Eirós es una de las pocas cuevas de Europa donde estuvieron presentes tanto los últimos neandertales como los primeros humanos modernos, cromañones, lo que permite estudiar la forma de vida de ambas especies de homínidos. En la entrada de la cueva es donde se han realizado los descubrimientos más relevantes y quedan todavía unos dos metros de profundidad por excavar, por lo que los investigadores no descartan nuevos hallazgos relacionados con la presencia de neandertales en Cova Eirós.

Los hallazgos más frecuentes en esta cueva de Triacastela son huesos de animales, restos de carbón vegetal y herramientas de piedra: de cuarzo, algún sílex y también cristal de roca. En cuanto a la fauna, en el nivel 4 se han hallado restos de caballos, en el nivel 3 de ciervos y gamos, y en el nivel 2 restos de carnívoros como osos o hienas.

Mientras observamos las excavaciones, una de las integrantes del equipo, la ourensana Olalla Prado, encuentra un pequeño hueso, que se encarga de limpiar y clasificar; mide 20 milímetros. "En esa zona de la excavación, el nivel 2, es frecuente el hallazgo de huesos del Paleolítico Superior, es decir, de hace unos 32.000 años", comenta Xosé Pedro Rodríguez. Los materiales hallados se van clasificando en bolsas donde figura la cuadrícula de la excavación donde se encontró.

Olalla es una estudiante de último año de Historia en la Universidad de Santiago y es su segunda campaña de trabajo en Cova Eirós. "En la Facultad recibimos la formación teórica, pero es aquí donde hacemos el trabajo de campo, que es algo muy gratificante", explica Olalla.

Los miembros del equipo, licenciados y estudiantes de Historia, se van turnando en las excavaciones de la entrada de la cueva y en las catas que se llevan a cabo en el interior de la misma. A José Ramón Rabuñal le gusta sobre todo trabajar dentro de cueva, y no solo porque se está mucho más fresco, como apunta Aitor Freán. Además de los citados, los otros miembros del equipo que trabaja estos días en las excavaciones son Francisco Alonso, Fátima Martínez, Raquel Picallo, José Luis Fernández, Irene Valverde, Miguel Soares, Raquel Pérez Tenorio y Magali Trillo.

La actual campaña de excavaciones en Cova Eirós se inició el pasado 12 de agosto y se prolongará hasta el próximo 9 de septiembre. Los trabajos comienzan a las 9 de la mañana y se prolongan hasta las 14.30 horas. Tras la comida en Triacastela, donde también se hospedan, algunos continúan los trabajos en la cueva, mientras que otros se trasladan al laboratorio, donde analizan las piezas encontradas. El hallazgo de los grabados supone un aliciente más para un equipo ilusionado con el trabajo que realizan.

Pruebas de Carbono-14 y artísitcas.
Aunque las primeras aproximaciones han servido para datar las figuras halladas en torno a los 24.000-12.000 años de antigüedad, se está a la espera de realizar pruebas con carbono-14 que podrían facilitar datos más fiables, sobre todo de las pinturas en negro, realizadas utilizando carbón vegetal como pigmento. "Los grabados son más complejos de datar -apunta Xosé Pedro Rodríguez-, salvo que encontremos alguna costra que los cubra y que ayude a fijar esa datación de una forma más aproximada".


Junto con las pruebas técnicas se estudia también el estilo de las pinturas encontradas para compararlas con otros ejemplos de arte rupestre. "Las figuras no están completas y se observan mucho mejor cuando son tratadas con programas informáticos mediante filtros de color que resaltan los trazos", añaden los coordinadores del proyecto. En algunas de las figuras sí que se observan formas de animales, aunque no siempre completos.

Serán ahora los expertos en arte rupestre quienes deben comparar estos hallazgos con los grandes estilos del arte paleolítico europeo. Uno de ellos será Ramón Viñas, del IPHES, que junto con otros colaboradores se encargará de analizar las figuras y documentar todo lo relacionado conel nuevo descubrimiento.

Extraído de Faro de Vigo