jueves, 20 de septiembre de 2012

Patrones sociales del acceso a las tierras de cultivo hace siete mil años.

Hombre enterrado con una azuela. (Foto: BDA – Neugebauer)
Mediante el estudio de más de 300 esqueletos humanos de yacimientos arqueológicos en Europa central, se ha logrado obtener las evidencias más antiguas conocidas sobre diferencias en el acceso a la tierra de cultivo entre los primeros agricultores del periodo Neolítico.

La investigación la han llevado a cabo arqueólogos de las universidades de Bristol, Cardiff, Oxford y Durham, en el Reino Unido, así como otros especialistas de fuera del país.

El equipo del arqueólogo y antropólogo Alex Bentley (Universidad de Bristol) ha comprobado, mediante un análisis de isótopos de estroncio en los esqueletos, el cual brinda indicios sobre su lugar de origen, que los hombres enterrados con azuelas de piedra propias del Neolítico (herramientas usadas para alisar o tallar madera) tienen perfiles isotópicos menos variables que los hombres enterrados sin azuelas. Esto sugiere que los enterrados con azuelas tuvieron acceso a tierras más cercanas, y probablemente mejores, que los enterrados sin ellas. En otras palabras, parece que los hombres enterrados con azuelas se alimentaron con productos cultivados en áreas de suelo fértil y productivo. Esto indica que tuvieron acceso constante a zonas agrícolas mejores.

El análisis de isótopos de estroncio también ha revelado que era más frecuente que las mujeres del Neolítico temprano procedieran de áreas distintas a aquellas en las que fueron encontrados sus restos mortales, en comparación con los hombres del mismo periodo. Éste es un indicio importante de que era una costumbre social muy extendida que una mujer al casarse pasara a residir allá donde vivía el hombre y de donde por regla general procedía.

Estas nuevas evidencias obtenidas de los esqueletos encajan con otras evidencias arqueológicas, genéticas, antropológicas, e incluso lingüísticas, de esa costumbre social en la Europa del Neolítico. Los resultados del nuevo estudio tendrán repercusiones para el desarrollo de modelos genéticos relativos a cómo las poblaciones humanas se expandieron en el Neolítico, algo para lo cual las diferencias de estatus y los patrones de movilidad dependientes del género parecen ser mucho más importantes de lo que se creía.