sábado, 13 de octubre de 2012

El subsuelo de Arévalo desvela parte de la historia de la ciudad.

Las obras de soterramiento de seis islas de contenedores de basura de la zona centro han dado como resultado el hallazgo de una serie de tumbas medievales junto a Santo Domingo.

Una de las tumbas halladas en Arévalo.
En el transcurso de las obras que se están llevando a cabo en diversos puntos del casco histórico de Arévalo con el fin de soterrar seis contenedores de residuos, se ha efectuado una labor paralela de seguimiento arqueológico. Se trataba de puntos con potencialidad en cuanto a la aparición de restos que pudieran ser de interés por lo que resultaba preceptiva su realización, ya que los contenedores que se quiere soterrar se encuentran en el casco histórico de la ciudad. Estas labores arqueológicas han sido llevadas a cabo por la empresa abulense Castellum S.Coop. y sufragadas por el Ayuntamiento dentro del conjunto de la actuación.

De los seis puntos en los que se instalarán los contenedores, sólo en dos ha habido resultados más llamativos ya que los restantes se han abierto en zonas que, desde hace siglos, son de paso, sin ocupación habitacional.

Según nos ha manifestado el arqueólogo Jorge Díaz de la Torre, que ha realizado las excavaciones, «lo más notable de lo aparecido en estos trabajos fue lo registrado en la zona abierta en las inmediaciones del muro norte de la iglesia de Santo Domingo. Allí pudieron excavarse con detenimiento hasta siete tumbas que habían sido abiertas sobre el terreno natural. Lamentablemente, hace unas décadas se había abierto una zanja que destruyó parcialmente estas inhumaciones por lo que no han podido ser reconocidas en toda su traza.
Destacaba una de las tumbas que correspondía a las denominadas «antropomorfas» queriendo decir esto que se había tallado una suerte de «cajón» cuadrangular para encajar la cabeza del difunto así como la forma de los hombros.

Siguiendo la norma medieval cristiana de enterrarse bien en el interior de un templo bien en su exterior pero nunca más allá de 60 pasos, estas tumbas se disponían alineadas de este a oeste (el difunto debía mirar hacia Tierra Santa) y presentaban un buen estado aparte de los daños antedichos. Cabe decir lo mismo de los restos óseos que serán estudiados y depositados en el Museo Provincial con el fin de que queden a disposición de futuras investigaciones».

Recordemos que el cementerio norte de la parroquia de Santo Domingo se extendería hasta el foso de las murallas en lo que hoy es la Plazuela de Santo Domingo.

«Aparte de estas tumbas medievales, en uno de los emplazamientos de contenedores (se han instalado dos) en la Plaza del Arrabal, se pudo reconocer un antiguo pavimento de codones (cantos rodados) que hubo de cubrir este espacio público en el pasado. El actual adoquinado correspondería a cuando aún esta plaza estaba atravesada por la carretera de A Coruña, antes de la construcción de la autovía y este suelo sería anterior aunque no muy antiguo ya que las conducciones de agua, discurrían bajo él. Por tanto, cabe pensar que hubo diferentes suelos y reparaciones de éstos siguiendo este modelo tan endémico de encanchados de cantos rodados».

Aún a mediados del s. XX existía una cuadrilla de empedradores que continuamente estaba reparando los antiguos pavimentos, aspecto éste que concuerda con el hallazgo. A partir de esas fechas se realizó un sistemático empedrado de granito irregular que en algunos puntos perdura aún.

Y es que el subsuelo de la capital morañega sigue siendo una fuente inagotable de restos que nos demuestran el rico pasado de la ciudad.

Extraído de Diario de Ávila