miércoles, 31 de octubre de 2012

Visita Nocturna al Museo y Parque Arqueológico Cueva Pintada.

El descubrimiento de la Cueva Pintada.


Aunque probablemente la realización en 1862 de una serie de trabajos agrícolas relacionados con el cultivo de las tuneras para la cría de la cochinilla propiciaron el hallazgo fortuito de la Cueva Pintada, no es hasta 1873 cuando se fecha su descubrimiento oficial.
Fue en ese año cuando José Ramos Orihuela accedió a la cámara por una estrecha abertura en el techo.
Observó en sus paredes una serie de pinturas geométricas y esta circunstancia motivó la denominación popular de “Cueva Pintada”, nombre que hizo fortuna y ha perdurado hasta la actualidad. Desde ese momento, la denominadaCueva Pintada se convirtió en lugar de obligada visita para todos los eruditos e investigadores interesados en el pasado prehispánico de la isla.
En 1876, Chil y Naranjo incluyó una somera alusión a este acontecimiento en sus “Estudios”.
Por su parte, en 1884 Diego Ripoche aportó detalles de gran interés acerca de los hallazgos al señalar en sus escritos: Encontrándose en su interior algunos cadáveres, vasijas y otros objetos que adquirieron algunos aficionados.
También en 1884, Olivia Stone visitó el recinto e insistió en que el monumento fuese adquirido por el Ayuntamiento para proceder a su limpieza y permitir el acceso al público.
En 1887, fue el antropólogo francés René Verneau quien visitó la cámara y realizó una descripción minuciosa en la que señalaba la singularidad y la cuidada ejecución de cada uno de los paneles polícromos.
Es justo señalar que desde finales del siglo XIX se produjo una temprana toma de conciencia de ciertos sectores de la sociedad que alzaron sus voces para recalcar la extraordinaria relevancia de este hallazgo y defender su conservación. Así, el cronista Batllori y Lorenzo, a través de las columnas de la revista El Museo Canario, lanzó una llamada desesperada para la protección de la Cueva Pintada bajo el lapidario título de “Mi última tentativa”.
A lo largo del siglo XX continuaron las críticas a la desidia institucional, pero es sobre todo a partir del año 1967 cuando se inició una campaña de prensa en favor de la recuperación de este enclave, en especial de la mano de los historiadores como Celso Martín de Guzmán y Elías Serra Ráfols.
Ante el progresivo deterioro de las pinturas,la Comisaría General de Excavaciones Arqueológicas emprendió en 1970 las obras de protección y aislamiento de las humedades que estaban afectando a los dibujos. Se iniciaron así las labores de limpieza y desescombro que dejaron al descubierto un grupo de cuevas que, rodeando a la cámara decorada, formaban un conjunto único.
La escasa información que se tenía entonces del tipo de poblados prehispánicos, unido a la falta de previsión y nula reacción ante los hallazgos que se fueron produciendo durante los trabajos, provocaron la destrucción de una parte importante de este complejo, del que sólo se pudieron recuperar escasos restos materiales gracias a algunos vecinos que los rescataban de los escombros.
Esta intervención se complementó con la construcción de un cierre arquitectónico que pretendía proteger la cueva y, en última instancia, abrirla al público.En el año 1972 se declaró Monumento Histórico Artístico.
A Antonio Beltrán y José Miguel Alzola se debe el primer trabajo de investigación sistemático sobre el conjunto, publicado en 1974. Este estudio incluyó las primeras fotos a color y los dibujos más exactos realizados hasta esa fecha, contribuyendo sin duda a la difusión del yacimiento entre los especialistas.
Los primeros indicios del deterioro de las pinturas se observaron apenas ocho años después de la apertura al público en 1972. El regadío de las fincas del entorno, el inadecuado cierre arquitectónico y la nula planificación de las visitas provocaron una excesiva humedad ambiental y el aumento de la temperatura en el interior de la cámara.
A pesar de algunas reformas que mejoraron la ventilación del recinto, el mayor problema seguía siendo las continuas filtraciones del agua de riego y la agresión de los abonos químicos disueltos en ella. Se decidió entonces comenzar los trámites de expropiación de las fincas colindantes para poder retirar los cultivos. Este cúmulo de circunstancias obligó a tomar la decisión de cerrar la cueva al público en octubre de 1982.
El Programa de Investigación.
El análisis de la información obtenida en la intervención de 1970 llevó al convencimiento de que la bancalización de estos huertos había respetado los niveles arqueológicos preexistentes. Esta certeza, junto a la valiosa documentación escrita de los siglos XIV al XVI, en la que se describe el populoso asentamiento de Agaldar justificó el interés de iniciar un programa pluridisciplinar de documentación, salvaguarda y puesta en valor de este excepcional conjunto.
En el año 1987 se iniciaron los trabajos de excavación bajo la dirección de Celso Martín de Guzmán y Jorge Onrubia Pintado.
Desde entonces se han realizado catorce campañas de excavación, que han supuesto la actuación sobre una superficie de más de 6.000 m2.
Fruto de las excavaciones realizadas, la Cueva Pintada se ha transformado en uno de los asentamientos prehispánicos más importantes de Gran Canaria, en el que la aislada cámara decorada aparece ahora rodeada por un poblado prehispánico de más de sesenta casas y cuevas artificiales.
Los distintos sistemas de datación empleados (radiocarbono, paleomagnetismo, termoluminiscencia) han permitido fechar este yacimiento entre los siglos VI al XVI.
En efecto, tras la conquista de la isla, el asentamiento indígena pervivió algún tiempo hasta su total abandono. Ya en el siglo XVIII, este espacio experimentó los primeros acondicionamientos agrícolas.
A partir de la segunda mitad del siglo XIX, la labor de bancalización fue la responsable del aspecto con el que esta manzana urbana llegó hasta los años ochenta del pasado siglo, momento en el que se iniciaron los trabajos de excavación.
El Programa de Conservación.
Desde que se iniciaron los primeros trabajos en el yacimiento, la principal preocupación fue la preservación de las pinturas.
Para ello se diseñó un exhaustivo programa de conservación para la Cueva Pintada que abarca el estudio de los tres elementos que la condicionan: la roca soporte, los pigmentos y las variables climáticas que les afectan, esencialmente los referidos a temperatura, humedad y ventilación.
Por lo que respecta al soporte, se ha efectuado una completa caracterización geológica y geoquímica, analizando la estructura interna de la cámara excavada para observar si hay fisuras, aparentes u ocultas, que puedan poner en peligro la integridad del conjunto rupestre.
Las muestras de los pigmentos y morteros fueron igualmente estudiadas para identificar los componentes empleados, obtenidos a partir de materias minerales como arcillas y caliches, éstos últimos intencionadamente calentados.
Los análisis han revelado igualmente que la roca fue preparada para ser pintada mediante la aplicación de una fina capa de arcilla; sobre ella se dispusieron los colores, obtenidos a partir de materias minerales, principalmente arcillas y caliches.
La medición de las variables climáticas, responsables en última instancia de la conservación de la cueva, se está llevando a cabo empleando tecnología puntera con el objeto de establecer el óptimo climático que asegure el equilibrio ambiental en la cámara decorada.
En el programa de conservación, se han integrado también las casas del poblado, extremadamente frágiles y sensibles a la acción de los agentes físicos externos (lluvia, viento e insolación).
Las actuaciones realizadas a lo largo de los últimos diez años se han destinado a la consolidación de los muros de las casas, tanto de las argamasas que unen las piedras como de los morteros y las pinturas que los decoran.
Una buena parte de los materiales recuperados en el transcurso de las excavaciones arqueológicas han sido restaurados, ya que el abandono y arruinamiento de las casas del poblado provoca la fragmentación y el deterioro de las piezas.
El Proyecto de Museo y Parque Arqueológico Cueva Pintada.
En los últimos quince años se ha asistido en España a la proliferación de un modelo de museo arqueológico al aire libre, de carácter monográfico, que bajo el término de “parque arqueológico” englobaba proyectos de muy distinta naturaleza.
El desarrollo económico de la sociedad occidental durante el último cuarto del siglo XX ha provocado una profunda transformación del concepto de cultura como inversión productiva ligada al ocio.
Este cambio ha alcanzado también a los museos, acelerando la aparición de centros nuevos, en los que el público aparece como el actor principal. No es que las colecciones hayan pasado a un segundo plano, sino que, simplemente, el trabajo de los centros se dirige al visitante, que ocupa otro lugar en este nuevo esquema.
En 1986 la Cueva Pintada se incluyó en la nómina del “Plan Nacional de Parques Arqueológicos”, auspiciado por el Ministerio de Cultura.
De esta manera, en 1987 inició su andadura el proyecto de Parque Arqueológico Cueva Pintada, ambicioso programa multidisciplinar de documentación, preservación, musealización y difusión patrimonial.
En 1988, se aprobó el proyecto de la creación del Parque Arqueológico Cueva Pintada, y en ese momento se establecieron tres áreas temáticas complementarias: conservación, arqueología y arquitectura.
El área de conservación debía aplicarse, con exclusividad, al diagnóstico y tratamiento de los paneles polícromos; el de arquitectura, a diseñar los elementos eficaces de protección y presentación del conjunto monumental; por último, el área de arqueología, a liberar los espacios necesarios para ejecutar el proyecto arquitectónico.
El Proyecto Arquitectónico.
El proyecto arquitectónico del Museo y Parque Arqueológico Cueva Pintada consta de tres unidades claramente individualizadas.
La primera es el edificio del Museo donde se ubican la zona de acogida de visitantes (incluye los servicios de tienda y cafetería), las salas de exposición y multimedia, los laboratorios y los almacenes destinados a custodiar los materiales arqueológicos.
La segunda lo constituye la cubierta del yacimiento de más de 5.500 m2, imprescindible para solventar los problemas de conservación de las estructuras descubiertas.
Las características de un lugar tan singular y la gran extensión que ocupa obligaron a Javier Feduchi Benlliure, arquitecto del proyecto, a elegir un sistema de cubierta específico que ha debido plegarse a una serie de condicionantes muy estrictos para poder trabajar sobre el yacimiento y la propia Cueva.
Por un lado, debía ser una cubierta ligera, sustentada por los apoyos mínimos imprescindibles y que no necesitara grandes sistemas de cimentación.
Por otro, y puesto que las excavaciones seguían avanzando, el tipo de cubierta debía ser lo suficientemente flexible como para poder adaptarla a los nuevos descubrimientos que se iban produciendo.
Tras barajar varios sistemas, finalmente se optó por una cubierta de tipo espacial, que descansa sobre una serie de pilares estratégicamente colocados y que permiten alcanzar grandes distancias entre ambos.
La superficie total de la cubierta es de 5.500 m2; para su colocación ha sido necesario contar con una grúa de considerables dimensiones que se instaló dentro del propio yacimiento.
Una compleja pasarela perimetral que recorre el poblado permitirá la contemplación de éste, aproximando al visitante a las estructuras. Este sistema ha sido diseñado para proteger los vestigios, ya que la circulación por el yacimiento afectaría a su conservación.
El tercer elemento viene dado por la sustitución del cierre actual de la Cueva Pintada, que, sin afectar a la contemplación de las pinturas, garantiza su conservación. Para ello se ha diseñado un cierre de cristal que en la zona central forma una “burbuja” que avanza varios metros en el interior de la Cueva. De esta forma se consigue crear dos ambientes independientes, de manera que la entrada de los visitantes no afectará al microclima que se ha establecido como idóneo para la conservación de la cámara decorada.
El proyecto se completa con dos edificios anexos. Uno de ellos se destinará al aula didáctica en la que se desarrollarán las actividades y talleres diseñados desde el Museo, y destinados tanto al alumnado procedente de centros educativos como a otros públicos interesados en las actividades propuestas.
El segundo de los edificios acoge el depósito de herramientas y los laboratorios de arqueología para el procesado del material arqueológico antes de que se depositen en los almacenes.
El Proyecto Museológico.
El proyecto museológico ha querido ir más allá de la mera visita a un yacimiento arqueológico y, como elemento innovador, transforma este poblado prehispánico en la principal sala del Museo.
El objetivo fundamental del proyecto consiste en sumergir al visitante en un viaje al pasado, combinando audiovisuales en 3D y panorámicos, vitrinas, paneles, maquetas y reconstrucciones de viviendas prehispánicas.
Es fundamental la creación de un espacio y atmósfera mágicos para conseguir que el visitante termine el recorrido teniendo la idea de que ha vivido una experiencia única. En definitiva, una propuesta generadora de recursos educativos, culturales y lúdicos que aspira a convertirse en un modelo de gestión del patrimonio histórico basado en la sostenibilidad.
Por otro lado, el Museo y Parque Arqueológico Cueva Pintada tiene la vocación de convertirse en un centro de investigación desde el cual la comunidad científica pueda responder a los muchos interrogantes que aún quedan por desvelar en torno al pasado prehispánico de la isla.
La difusión será otra de las líneas prioritarias de actuación, tanto en lo relativo a la labor desarrollada en la Cueva Pintada, como de las actuaciones relacionadas con el patrimonio histórico que se realicen en la comarca.
Para todo ello, se cuenta con una serie de instalaciones específicas únicas en la isla, entre las que destaca un laboratorio de arqueología totalmente equipado en el que se ha habilitado un área específica para el tratamiento de los materiales, con zonas para el lavado de los restos y de flotación de los sedimentos.
También se cuenta con un laboratorio de restauración, dotado de un moderno equipamiento que permitirá realizar el tratamiento de limpieza, consolidación y restauración de todo tipo de materiales que se recuperan en las excavaciones arqueológicas.
Por último, el museo dispone de un amplio almacén para un volumen superior a 6.000 cajas para almacenar y guardar los restos arqueológicos del yacimiento.
El Museo y Parque Arqueológico.
El Museo y Parque Arqueológico Cueva Pintada tiene como objetivo garantizar la conservación, la investigación y la difusión de uno de los yacimientos más singulares de la isla de Gran Canaria.
El modelo de presentación del museo y parque arqueológico busca que el público se acerque y comprenda uno de los momentos más apasionantes de la historia de la isla, procurando que la visita sea una experiencia emocionante y enriquecedora. Los visitantes pueden hacer el recorrido con guías especializados que les ofrecen visitas personalizadas en cuatro idiomas (castellano, alemán, inglés y francés).
Localización.
El Museo y Parque Arqueológico Cueva Pintada se encuentra en pleno casco de Gáldar, en el norte de Gran Canaria (Calle Audiencia, 2), por lo que los accesos son los mismos que para el centro histórico, que cuenta con diversos bienes culturales de interés.
El Museo y Parque Arqueológico se sitúa en el corazón del núcleo urbano de Gáldar, su acceso está seíalizado. Se recomienda aparcar en las zonas seíaladas por el Ayuntamiento.
El yacimiento es totalmente accesible para personas de movilidad reducida.
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Fuentes: