viernes, 9 de noviembre de 2012

«Las catedrales son la mayor proeza arquitectónica de la humanidad».

José María Pérez 'Peridis': Autor de 'La luz y el misterio de las catedrales'.


Producido por Espasa, la Fundación Santa María la Real de Aguilar –que él preside– y Televisión Española, el arquitecto y dibujante José María Pérez 'Peridis' descubre en 'La luz y el misterio de la catedrales' la vida que han acumulado estos templos góticos, que son los continuadores naturales de las iglesias románicas, que él tanto ha ayudado a estudiar, conservar y restaurar. El libro está basado en la serie homónima de TVE pendiente de emitir, que redescubre las seos de Jaca, Santiago de Compostela, Lérida, Barcelona, Burgos, Cuenca y Oviedo.
–¿Cómo surgió este libro?
–Se nos ocurrió la idea de buscar patrocinadores para seguir difundiendo el patrimonio pasando del románico a las catedrales. Una manera de hacer país es vendiendo bien lo que tenemos, que es mucho y que muchas veces es muy desconocido, aunque muy romántico. Por eso escogimos las catedrales, y buscamos el apoyo de la Fundación Endesa, que nos lo dio. La idea era rodar 33 capítulos, como en la serie del románico, y seleccionamos primero siete, que están pendientes de emitir. Luego vino Espasa, que nos pidió un libro. Así ha surgido una publicación amena y asequible, porque si yo estoy en este lío del patrimonio es por hacerlo accesible y visitable.
–¿Cómo ha sido su traspaso del románico a las catedrales?
–Hay catedrales románicas, como Zamora, Jaca, Santiago de Compostela… Donde había obispo, había catedral. Lo que pasa que se llaman catedrales por antonomasia a las góticas. El gran salto lo da el gótico. Europa es el continente de las catedrales y de las ciudades. Es el paso siguiente. Las catedrales están a treinta o cincuenta años del románico, incluso conviven. En Burgos el obispo Mauricio está construyendo la catedral, hacia 1200, y a la vez se concluye el monasterio de Aguilar en estilo románico, aunque evolucionado. Los estilos se solapan en un momento dado. El gótico es una continuación natural del románico. A mí me ha gustado siempre el románico porque soy de pueblo, y el románico es rural. El gótico es más pretencioso, no en el sentido peyorativo, sino en el sentido de que pretende ser la expresión de la ciudad. El gótico es la ciudad y los monasterios es el campo; el románico está en un paisaje rural, bucólico, con ovejas alrededor, y el gótico está con casas alrededor, porque es la ciudad.
–Ha descrito físicamente los entornos del románico y del gótico. ¿Cómo ve el paso de las emociones y de las sensaciones del románico a las catedrales?
–El románico es más pequeño, más misterioso, más humano, tiene más humor, y quizás más ornamentación (capiteles, cimacios, portadas…). También en el gótico lo hay, pero mucho más contenido. Se ha pasado de la pintura de las paredes del románico a la vidriera, de la piedra a la luz, del espacio íntimo más misterioso al espacio sobrenatural y descomunal, de lo trascendente hacia dentro pasamos a lo trascendente hacia fuera, hacia lo más ambicioso, y de una cierta penumbra, que no es oscuridad, a la luz. Es un salto muy grande. De la penumbra a la luz hay un camino grande que recorrer técnicamente para conseguirlo.
–¿Por qué se han seleccionado las siete catedrales?
–Las de Jaca y Santiago, porque son el principio y el final del Camino de Santiago en España. Oviedo está en la costa, es el pequeño reino asturiano de la repoblación y de la reconquista, y tiene una obra literaria: es la catedral de 'La regenta'. Burgos es, junto con León, la gran catedral del reino. Lérida tiene una catedral que fue cuartel durante casi 300 años. Cuenca, porque la ciudad medieval arropa todavía a su catedral, y es uno de las templos que tienen el paisaje y la ciudad como eran entonces. Barcelona, porque es una ciudad moderna, con una vida turística de visitantes, con un movimiento que parece el templo de Salomón.
–¿Ha aprendido algo de todas estas catedrales?
–Pues sí, primero rodándolo y después contándolo. He aprendido que las catedrales son la mayor proeza arquitectónica de la humanidad. En cuanto al tamaño, solo en el siglo pasado, con el acero y con el hormigón, se han podido conseguir logros similares, pero en cuanto a belleza, en cuanto a contenedor de obras de arte, no hay nada como las catedrales.
–¿Qué ha querido transmitir de las catedrales?
–La vida de las catedrales. La catedral como personaje, como un ser vivo y lleno de vida. No las he visto como una acumulación de piedras, sino como alguien con el que hablar, que te cuenta cosas, como un monumento, un documento, un museo, una pirámide… ¡Tantas cosas!
–¿Ha descubierto los misterios de las catedrales de los que habla en el título?
–Misterios en las catedrales solo hay uno: ¿Cómo se pueden mantener en pie unos templos con ese difícil equilibrio durante ocho siglos? Otro misterio lo decía el deán de la catedral de Cuenca: el misterio de la celebración de la eucaristía, que se celebra en la catedral, y el misterio de la resurrección, que lo ves en los sepulcros. Para mí, el misterio de la catedral es la capacidad que tiene para elevarnos de la condición material, para hacernos levitar, para flotar en el aire, para sentir que somos eternos e inmortales. Este es el misterio: ¿Cómo se puede construir un espacio en la tierra que te haga sentir inmortal?
–¿Cómo es el estado de conservación de las catedrales?
–Las catedrales son muy importantes. Ha habido un gran Plan de Catedrales y están bastante bien conservadas y bastantes bien mantenidas. Cada vez hay más visitantes, en todas ellas hay un museo y hay mucho cariño a la catedral por parte del clero y de la ciudad. El románico no está tan mal, aunque tiene altibajos. Yo creo que el de nuestra tierra está bastante bien, pero porque hemos puesto el foco en él y también se han hecho muchos planes de rescate en estos años.
–¿Aunque no figura en el libro, qué diría de la catedral de Palencia?
–Es una catedral engañadora, porque por fuera parece sosita, pero por dentro es esplendorosa. Es una de las grandes catedrales españolas, entre otras cosas porque Palencia fue muy importante como ciudad. No en vano tuvo el Estudio General, es decir la Primera Universidad. Es una catedral que tiene obras de arte desconocidas, de Juan de Flandes o el propio 'San Sebastián' de El Greco, que es excepcional. Luego tiene notas de humor como la restauración de las gárgolas, con un fotógrafo palentino en una de ellas que sigue asombrando a los visitantes, a los que la descubren. No es un extraterrestre: el arquitecto entendió lo que significaban las gárgolas, que era para asustar o asombrar, como la fotografía.
–¿Hay motivos para pensar que el patrimonio volverá a ocupar el lugar que tenía en los presupuestos para atenderlo?
–Hay mucho paro y mucha pobreza, que es lo primero que hay que atender, aunque no hay que descuidar el patrimonio. Este libro, la serie de las catedrales y la del románico tienen como objetivo llamar la atención de las autoridades y también de la ciudadanía. El patrimonio es para disfrutarlo nosotros y nuestros hijos. El patrimonio es una fuente de riqueza y de empleo, y si queremos que lo siga siendo, tenemos que conservarlo y ponerlo en valor. Esto significa que todos tenemos que arrimar el hombro. En las zonas de Castilla y León, en toda la meseta norte, hay muchos pueblos donde casi no hay misas, los curas son muy mayores, los conventos son geriátricos y en muchos monasterios la monja o el fraile tienen más de sesenta o setenta años. ¿Qué futuro les depara si no tienen uso? Pues el futuro que le dé la sociedad si se sensibiliza. Ahora estamos viviendo todavía de las rentas de esos años de opulencia, pero de ahora en adelante, vamos a tener que gestionar la miseria y el abandono, y no precisamente voluntario. No quedará nadie y no vamos a saber qué hacer con ello. Este es el problema.
–¿Tendrá difícil solución resolverlo?
–Yo no la veré ya, porque no soy eterno como las catedrales. Creo que hace falta un impulso social y un cambio de mentalidad: pasar de que esto es del Estado y de la Iglesia y que lo arreglen ellos a pasar a pensar que esto de todos, y hay que arreglarlo para mantenerlo, disfrutarlo y echarle imaginación para encontrarle nuevos usos y darle un porvenir. Tenemos que conseguir un porvenir para nuestro pasado, para nuestro patrimonio.