domingo, 18 de noviembre de 2012

Los ancestros humanos ya fabricaban puntas de lanza hace medio millón de años.


Los ancestros humanos empezaron a hacer armas con punta de piedra hace 500.000 años en África del Sur, 200.000 años antes de lo que se pensaba, según concluye el estudio 'Evidencia temprana de tecnología de caza con mango', realizado por investigadores de la Universidad Estatal de Arizona (Estados Unidos), la Universidad de Toronto (Canadá) y la Universidad de Ciudad del Cabo (Suráfrica) en el yacimiento arqueológico africano de Kathu Pan 1 y publicado en la edición de este viernes de la revista 'Science'.

"Hay una razón por la que los cazadores de arco moderno pusieron en sus flechas puntas con afilados bordes: estas puntas de corte son extremadamente letales en comparación con los efectos de un palo afilado. Los primeros humanos aprendieron este hecho antes de lo que pensábamos", dijo Benjamin Schoville, coautor de este estudio afiliado al Instituto de los Orígenes Humanos, un centro de investigación de la Facultad de Artes Liberales y Ciencias de la Universidad de Arizona.

Puntas de lanza con mango son comunes en los yacimientos arqueológicos de la Edad de Piedra hace 300.000 años, pero esta investigación muestra que las este tipo de armas también se utilizaron en la década del Pleistoceno medio, un período asociado al Homo heidelbergensis, el último ancestro común de los neandertales y los humanos modernos.

"En lugar de ser inventada dos veces, o por un grupo de aprendizaje de otra tecnología, la lanza con punta de piedra estaba en su lugar mucho antes --dijo Schoville--. Aunque tanto los neandertales como los humanos usaron lanzas con punta de piedra, esta es la primera evidencia de que esta tecnología se originó antes de o cerca de la divergencia de estas dos especies."

"Ahora parece que algunas de las características que asociamos con los humanos modernos y nuestros parientes más cercanos se remontan más atrás en nuestro linaje", añade Jayne Wilkins, autor principal de la Universidad de Toronto. A su juicio, esto cambia la forma en que se piensa acerca de las primeras adaptaciones humanas y capacidades ante el origen de nuestra propia especie.