domingo, 30 de diciembre de 2012

Detectives de las guerras.

La arqueología de campos de batalla comienza a desarrollarse en Uruguay.


Seguramente se llamaba John, aunque su apellido haya sido olvidado. Era un riflero del Regimiento 95° del Ejército británico y había llegado al Río de la Plata en la campaña de conquista dispuesta por su corona. En la fría madrugada del 7 de junio de 1807 vadeó con sus compañeros el arroyo San Pedro, en lo que hoy es el departamento de Colonia, a la búsqueda de las tropas españolas. Lo esperaba Juan nadie recuerda cuánto, alistado como voluntario en Buenos Aires para combatir a los invasores ingleses. Cuando estuvieron frente a frente, John disparó -integraba un cuerpo de elite que después peleó en Waterloo-. Juan tal vez cayó muerto, tal vez huyó. Fue casi un fusilamiento. Ciento veinte defensores del Virreinato quedaron en el campo; apenas cinco invasores corrieron la misma suerte.

El combate de San Pedro de 1807 encierra una importancia clave para los historiadores: fue uno de los pocos episodios de las guerras napoleónicas que tuvieron lugar fuera de Europa y el único en América del Sur cuyo sitio se encuentra relativamente intacto. Además, es el primer caso de un relevamiento completo de arqueólogos de campos de batalla en Uruguay.

Diego Lascano, investigador argentino residente desde hace años en Colonia, especializado en historia militar y en arqueología de campos de batalla, autor de varios libros sobre el tema, descubrió hace algunos años que San Pedro no quedaba lejos de su casa. Lo visitó en 2005 y con una primera mirada encontró vestigios que ameritaban un relevamiento más profundo. Pese a los dos siglos transcurridos, el terreno se presentaba casi sin cambios, aunque existía allí una plantación de sorgo. Los vecinos le contaron que cada tanto aparecían en la zona algunas balas de cañón y otros objetos muy antiguos.

"Estuve dos años haciendo prospección visual y aparecieron bastantes cosas en la superficie. Además, investigamos más de 2.000 documentos, sobre todo en Buenos Aires. Luego se pidió autorización a la Comisión de Patrimonio y se obtuvo apoyo financiero de la embajada Británica en Uruguay y de la Fundación Colonia Antigua-HSBC, antes de dar lugar al trabajo de los arqueólogos de la Universidad de la República, Leticia García, Virginia Pereira y Ezequiel Fernández Inverzo, responsables del proyecto de prospección arqueológica ante Patrimonio. También contamos con el auspicio de la Asociación de Amigos de los Museos Militares del Ejército", relata.

Los arqueólogos definieron "corredores", sectores de 100 metros de Este a Oeste y de 150 metros de Norte a Sur, por donde se pasó el detector de metales. "Y siguieron apareciendo cosas, algunas en la superficie y otras hasta unos 40 centímetros de profundidad", recuerda.

Se trabajó hasta 2011 y se encontraron 171 artefactos: balas de diverso calibre, trozos de armas, hebillas de cinturones o calzado, una pipa, una ficha de juego, un botón de uniforme, un fragmento de una diminuta águila imperial de cristal, una moneda de plata de medio real español con la efigie de Carlos IV, entre otros objetos.

Los objetos hallados en San Pedro están en custodia en la Fundación Colonia Antigua, a la espera de su exhibición en un museo, y de ninguna manera se venderán. "Estamos obligados a proteger y conservar el patrimonio histórico y a crear conciencia al respecto en los particulares", dice Lascano.

El combate duró apenas unos 20 minutos, pues los españoles huyeron despavoridos cuando empezaron los tiros. Sin embargo, hacía tiempo que españoles y británicos estaban frente a frente, incluso por vía postal. Francisco Xavier de Elío, veterano de las guerras de África y la península ibérica, había sido enviado desde Buenos Aires para desalojar a los ingleses de Colonia del Sacramento, que habían tomado luego de conquistar Montevideo. Pese al fracaso de su primer ataque, en mayo, Elío mandó una carta repleta de bravuconadas al teniente coronel Denis Pack, jefe de las fuerzas enemigas en esa zona. Después estableció campamento en un paraje elevado junto al arroyo San Pedro. Sus fogatas en la madrugada alertaron sobre su presencia a los ingleses. La tropa profesional de Pack fue demasiado para los hombres de Elío, en su mayor parte milicias formadas por voluntarios sin entrenamiento.

LITTLE BIG HORN. La arqueología de campos de batalla es una disciplina muy reciente. Surgió en 1983, tras un incendio casual en los campos de Little Big Horn, lugar del famoso enfrentamiento entre las tropas del coronel George Armstrong Custer y los sioux del jefe Tasunka Witko (Caballo Loco), en el estado de Montana, Estados Unidos. Los vestigios encontrados permitieron definir por balística la trayectoria de los combatientes. "En Uruguay existen más de 200 campos de batalla que han dejado vestigios, aunque se han ido depredando o los objetos fueron recogidos de forma no académica", comenta Marcelo Díaz, coordinador del proyecto de San Pedro.

"Un campo de batalla es un yacimiento. Antes se pensaba que era una colección de reliquias y nada más. Una batalla es un proceso muy dinámico, que ocurre en pocas horas o días y deja pocos vestigios, porque todo el material se recoge enseguida. Solo queda lo oculto, hundido o en la vegetación, y no es fácil ubicarlo", añade.

"Los ejércitos que combatieron en nuestro territorio por lo general fueron pobres -indica Lascano-. En el campo de batalla no se dejaba nada, se retiraban todas las armas y se llevaban los uniformes. Los muertos se enterraban desnudos en fosas comunes o se los dejaban a los carroñeros. Se encuentran solo los desechos, pero son muy útiles porque sirven para ver las características del combate: municiones, restos de armas, objetos personales como botones o monedas. Armas enteras es imposible. La madera y lo textil se pierden por la acidez del terreno".

¿Y qué pasó con los muertos en combate? "El tema de los restos humanos es muy delicado. Si llegamos a encontrar esos restos, los marcamos y denunciamos a la Policía", explica. En San Pedro se hizo una fosa común en aquel 1807. En Manantiales, otra batalla que Lascano y Díaz investigan, quedó el cadáver descuartizado del general Anacleto Medina. Díaz tiene la certeza de que los huesos están allí pero se necesita un georradar para ubicarlos.

Los vestigios están sometidos a la acción de la naturaleza, los animales y el hombre. Por los viejos campos de batalla pasan la erosión y los arados (si no se edifica arriba, como en Las Piedras). Y existe otro peligro, el huaqueo, que es el robo de material arqueológico. Incluso un objeto encontrado de casualidad, sin su registro de contexto, pierde su valor histórico. "El material le pertenece a todos, no es un souvenir para llevarse a casa", destaca Lascano.

Por eso, cuando encuentran algo, los investigadores no lo tocan: primero le toman una foto en el lugar del hallazgo, con diversos registros, y recién después lo levantan. Si aparece algo de valor histórico, es un éxito. Pero la mayor parte de las veces el detector de metales encuentra otra cosa. "Es muy frustrante escuchar el chirrido del detector y luego ver que es un tornillo", dice.

PASO DE MORLÁN. Uno de los trabajos en curso por parte de "Campos de Honor", el proyecto de Lascano y su equipo interdisciplinario, es la acción de Paso de Morlán, breve enfrentamiento entre tropas del régimen de Gabriel Terra y fuerzas revolucionarias integradas por ciudadanos blancos independientes, batllistas, socialistas y comunistas.

Aquel 28 de enero de 1935 chocaron 72 revolucionarios con 52 soldados y guardiaciviles en el paso de ese nombre sobre el arroyo Colla, en el departamento de Colonia. El trabajo no será fácil, porque es una zona inundable y hoy cubierta además por densa vegetación, pero aparecieroncasquillos de municionesque reflejan fielmente lo ocurrido en aquel episodio. Hubo tres muertos en filas revolucionarias y dos en las del gobierno, pero nadie pudo cantar victoria, pues los hechos se desarrollaron de manera confusa.

Incluso apareció allí material del siglo XIX, señal de alguna otra acción bélica muy anterior. El paso era un nudo de comunicaciones, por lo cual resulta lógico que se haya peleado más de una vez por dominarlo. "Hay que ir entonces a los archivos de nuevo para descubrir de qué se trató. Hacemos los dos caminos, de lo documental al terreno y del terreno a lo documental" comenta Lascano.

"Conocimos al último sobreviviente de Morlán, Leopoldo Pignataro, y no sabía bien cómo había sido el episodio. Es lógico, los combatientes están más preocupados en sobrevivir que en ver cómo es el combate. Cada bando hace su parte de batalla a partir de lo que informa cada jefe. Nosotros cotejamos todas las versiones, vemos las coincidencias y las contradicciones, vamos al terreno y comparamos", añade.

Otros objetivos de este grupo son la batalla de Manantiales, librada el 17 de julio de 1871, sangriento episodio de la Revolución de las Lanzas, y el combate de Nico Pérez, el 3 de noviembre de 1910 entre fuerzas nacionalistas y el ejército gubernista.

Lascano y su equipo tienen un "pacto de honor" con los propietarios de los predios: no pueden alterar la dinámica si es un campo productivo y se adaptan siempre a la estación. "Por eso siempre hay una tarea de coordinación previa. Buscamos ser lo menos invasivos posible", explica.

Leopoldo Pignataro tenía 21 años y un fusil que no disparaba, pero aquel día en Paso de Morlán estaba en la línea de fuego. El jefe notó su nerviosismo y le preguntó qué le pasaba. Le contó lo del arma, que el superior tampoco pudo hacer funcionar y entonces lo mandó al campamento para que no arriesgara su vida de forma absurda. Al llegar se encontró con un rostro familiar en un joven de traje, corbata y anteojos. Recordó haberlo visto en un comentario de El País referido ala novela Sombras sobre la tierra, de reciente publicación. Resultó ser el escritor Paco Espínola, cuyo fusil también era inservible. El alzamiento de hombres idealistas pero mal armados y sin entrenamiento duró apenas nueve días y fue aplastado por el régimen. Paco fue hecho prisionero, pero vivió para contarlo.

CONCLUSIONES. "Del combate de San Pedro hay poca literatura: un informe muy técnico del comandante británico, dos relatos de sus soldados muy diferentes entre sí y uno de un soldado criollo que peleó con Elío. Leyendo los partes uno se hace una idea de la batalla, que luego coteja en el lugar donde se combatió", dice Lascano.

Los sitios donde aparecieron vestigios fueron debidamente marcados y señalizados con Google Earth, para buscar patrones en el desarrollo del combate.

Las conclusiones del trabajo aún están en una etapa preliminar. "En todo caso, el material hallado ha servido para ratificar todos los documentos consultados sobre la acción: posiciones de los contendientes, movimientos de tropas, direcciones de tiro y sucesos particulares, como la explosión del carro de municiones de Elío. Asimismo, los hallazgos han aportado valiosísimos datos sobre unidades que no estaban mencionadas en los `papeles` y detalles muy específicos sobre el tipo de armamento portátil y artillería utilizados en el combate, que, en muchos casos, se corresponden con la documentación consultada sobre los preparativos de la expedición de Elío para contrarrestar la ocupación británica de Colonia", comenta Lascano. De cualquier forma, ya San Pedro no es un rincón más del departamento. La Intendencia colocó un cartel señalando el sitio histórico. En 2007 se instaló un monolito conmemorativo frente al predio, sobre la ruta 21. Allí, el Regimiento de Patricios del Ejército Argentino tributó un homenaje a sus caídos.

Pese a la derrota en San Pedro, Elío mantuvo su influencia militar y política. Fue designado gobernador de Montevideo y alcanzó bastante prestigio popular. Luego de la Revolución de Mayo, la Corona lo nombró virrey del Río de la Plata pero el avance de la insurrección le aconsejó regresar a España. Cuando su país se unió a Gran Bretaña para combatir a Napoleón, Elío estuvo junto a Packa las órdenes del duque de Wellington en la batalla de Waterloo, que en 1815 cambió el curso de la historia europea. Allí, Pack venció al mariscal Ney con su 9a. Brigada Británica, por lo cual fue condecorado. Elío volvió a los conflictos internos españoles y se puso del lado del absolutismo. Al final fue destituido, degradado y condenado a muerte mediante el cruel sistema del garrote vil (1822). Otros combatientes de San Pedro, quizás John y Juan, están enterrados en una fosa común desde aquella mañana desapacible de 1807, anónimos aunque ahora ya no tan olvidados. 

Detrás de los mitos.
"La arqueología de campos de batalla puede destruir mitos o interpretaciones históricas. Por ejemplo, si un día vamos a Sarandí, y encontramos muchos vestigios de municiones, no será verdad aquello de `carabina a la espalda y sable en mano` que ordenó Lavalleja. Pero eso exige un estudio muy profundo", asegura Marcelo Díaz. En cambio, es improbable que de Masoller salga algo nuevo, pues el campo donde cayó Aparicio Saravia ha sido ya depredado, indica.