domingo, 16 de diciembre de 2012

El servicio de Arqueología localiza el poblado ibérico de «Carmoxen».

La ciudad, de mil metros cuadrados, y su cementerio son uno de los conjuntos más completos.

Investigadores del servicio de Arqueología estudiando restos del poblado ibérico de «Carmoxen».
Las excavaciones arqueológicas que la Sección de Estudios Arqueológicos (Seav) de la Diputación de Valencia está realizando en la ciudad ibérica de Carmoxen, en Moixent, están dando sus frutos, ya que se han encontrado las primeras muestras de su trama urbana.

La ciudad, que se extiende por la ladera meridional de la Sierra de Enguera en el Valle del Cáñoles,  ocupa una superficie superior a los cien mil metros cuadrados. Junto con su cementerio (necrópolis) inmediato, en el Corral de Saus, constituye uno de los conjuntos más completos y espectaculares del mundo ibérico.

Está situada en la cabecera del Río Cáñoles, el paso más idóneo desde el Mediterráneo al centro peninsular y a Andalucía, de ahí que por allí se trazara la Vía Augusta romana.

Este paraje es conocido desde principios de siglo por haberse encontrado en él uno de los más famosos tesoros de plata de época bárquida y, desde principios de los años setenta, por las esculturas en piedra de época orientalizante, siglos VI y V antes de Cristo, que realizó la dirección del Seav de la Corporación provincial.

En esta necrópolis se enterraron los más pudientes habitantes del Castellaret, lo que lo convierte en uno de los conjuntos más importantes del mundo ibérico.

El Castellaret ha sufrido graves alteraciones tras dos mil años de abandono y transformación en terrazas de cultivo, por ello las excavaciones ofrecen muchos inconvenientes a la hora de identificar lo que corresponde a hormas de los campos o a muros ibéricos.

Aún así, la excavación en profundidad y en extensión ha permitido recoger ingentes cantidades de cerámica ibérica y de importación griega desde el siglo VI al I antes de Cristo, entre tierras deslizadas por la ladera.

En esta campaña se ha encontrado ya el primer recinto murado, con tres lienzos de piedra en seco en el primer nivel, uno de los cuales forma medianera con un segundo recinto.

Con más de un metro de alzada el zócalo, el resto se levantaba hasta la techumbre con adobes, con restos claros de los mismos.

Un tercer nivel contiene una nueva trama urbana, bajo la primera naturalmente, datada provisionalmente en los siglos IV y V. Dos ánforas de adscripción greco-púnicas, más cerámicas ática de figuras rojas y negras nos remiten a los siglos IV y V.

La investigación permitirá mayores precisiones, para la cual el doctor Aparicio Pérez cuenta con la colaboración de Clara Zanón, Miquel Herrero, Nemesio Jiménez, Laura Egido y Paola Zincone.

Vía: La Razón