lunes, 17 de diciembre de 2012

'Sexo na pedra'. Galicia descubre su románico sexual.

Una exposición fotográfico y un documental recorren las enigmáticas figuras de este arte. Falos, masturbaciones e impúdicas parejas en pleno coito pueblan las iglesias medievales.



Desde sus orígenes, la humanidad ha tenido una especial relación con el sexo y lo ha plasmado en el arte. La iconografía sexual es un fenómeno común en los canecillos -piezas que se utilizaban para sustentar los aleros de las iglesias- en el románico de toda Europa y son numerosas las representaciones de mujeres y hombres exhibiendo impúdicamente sus órganos sexuales, hombres masturbándose, falos, beodos y parejas en pleno coito. El documentalista gallego Federico de la Peña acerca por primera vez en una exposición fotográfica y en un documental los ejemplos de este singular arte medieval en las iglesias gallegas.

Hombres y mujeres exhibiendo impúdicamente todo su cuerpo, venerables ancianos que se masturban, fogosos amantes, falos en erección, autofelaciones, sexo en grupo... Parecen extrañas imágenes para decorar una iglesia románica y, sin embargo, no hace falta más que alzar la vista y fijarse bien para encontrar en numerosos templos estas pequeñas obras de arte. Galicia posee también buenos ejemplos de este románico sexual, casi un desconocido para la mayoría.

El documentalista pontevedrés Federico de la Peña se ha dedicado en los últimos dos años a recorrer las iglesias románicas de toda Galicia para rescatar estas curiosísimas imágenes y explicar su significado. El próximo viernes inaugura la exposición "Sexo na pedra" en el Palacete Mendoza -organizada por el Museo de Pontevedra y patrocinada por la Diputación- que después se prevé que itinere por toda Galicia. "La idea es que en cada muestra incluya un mayor número de imágenes de las iglesias de cada provincia, que interesan especialmente a la gente", adelanta el autor.

Pero además, De la Peña ha realizado un interesante documental titulado "O románico sexual... e algo máis" que se estrenará el mismo día de la inauguración en cada una de las distintas exposiciones.

La idea de realizar este proyecto, explica Federico, surgió por simple casualidad: "Iba con mis amigos -el antropólogo Buenaventura Aparicio y el arqueólogo Rafael Martínez- a inspeccionar un supuesto menhir que estaba en la parroquia de Canicouva y, ya de regreso, decidimos parar para hacer una visita en la iglesia. De repente levanté la vista y me encontré con una mujer exhibicionista que me dejó muy asombrado y mi amigo Buenaventura me dijo: 'Eso no es nada, en el Deza hay muchas más'".

A partir de ese momento, el documentalista -especializado desde hace más de 20 años en temas de la naturaleza y la etnografía- vio claramente que "ahí había un tema para un buen documental". "Es curioso porque no es un tema oculto y, sin embargo, la gente los desconoce porque nunca se ha fijado en ellos. De hecho, lo pude comprobar durante la realización del documental cuando la gente se paraba a ver lo que estaba filmando y, personas que acudían casi a diario a esas iglesias, se quedaban perplejas porque nunca se habían percatado de su existencia. Mi interés es informar de que tenemos en Galicia estas esculturas -la mayoría del siglo XII y unas pocas del XIII- y que es una pena que pasen desapercibidas", reflexiona el autor.

Este documental forma parte de una serie de cinco que De la Peña realiza para la Diputación de Pontevedra bajo el epígrafe general de "O espía da natureza". Ya están finalizados "As Brañas deXestoso" y "O románico sexual... e algo máis". El documental se centra solo en la provincia de Pontevedra. "Ese 'e algo máis' que le hemos añadido es una muestra de otros ejemplos de románico en la zona interesantes, pero que no tienen nada que ver con el tema sexual", explica el autor.

La exposición, por su parte, reúne 45 fotografías de 32 iglesias de toda Galicia mostrando los ejemplos más llamativos de este románico sexual, pero también retrata los destrozos que a finales del siglo XIX y principios del XX provocó una corriente moralista en gran cantidad de piezas. "El desnudo se convirtió en toda una ofensa para los ojos piadosos y se mutilaron muchas estatuas clásicas e imágenes eróticas que aparecían en los canecillos;_especialmente se castraron muchos miembros masculinos, que era lo más fácil", describe De la Peña.

El feísmo al que han sido sometidas otras muchas iglesias, rodeándolas de cables y andamios sin ningún tipo de respeto, queda plasmado también en la exposición. "En Galicia es muy difícil encontrar canecillos en buen estado", advierte el documentalista.

Además, incluye una serie de paneles informativos para intentar captar la atención de la gente más ajena a estos temas y una serie de ilustraciones realizadas por Guillermo de la Peña de temática histórica ambientadas en la época medieval y relacionadas con la inspiración y creación de los canecillos sexuales, así como la posterior fase de destrucción y "limpieza moral" de algunos de ellos.

La mayor parte de las figuras sexuales del románico aparecen representadas en los canecillos, piezas que se usaban para sustentar los aleros de los tejados y de paso mostrar al pueblo los vicios, las virtudes y las escenas cotidianas de la época. Junto a las figuras de temática claramente sexual, este tipo de canecillos recogen también imágenes de lo que Federico De la Peña llama "la fiesta de calle medieval". "En esta fiesta, considerada barrio bajera, se encuentran también los juglares, las bailarinas, contorsionistas, beodos, comilones, músicos y otros personajes de mala reputación que, generalmente, terminaban la fiesta con actos sexuales".

La presencia de una iconografía de marcado carácter sexual en el arte románico no tiene una explicación clara. "Todo son conjeturas, porque no hay nada escrito de la época", advierte De la Peña. Sin embargo, los investigadores han desarrollado varias hipótesis que tratan de explicarlo.

"La más extendida, pero no por ello más aceptada, es la que dice que estas figuras son una especie de catecismo en piedra que representaba los pecados de la carne, sobre todo la lujuria; se plasman también los castigos que sufrirían en el infierno los que cometían esos pecados", explica De la Peña. Por ese motivo se hallaban en el exterior de los templos, trasunto de la vida terrena, y no en el interior, donde habita lo divino.

En una sociedad en la que el analfabetismo era común en la mayor parte de la población, una forma de enseñar era mostrar en las iglesias representaciones sobre aspectos de la Biblia. Así, esta teoría sostiene que la intención de estas obras es dar una lección moralizadora de la Iglesia.

"Una segunda hipótesis indica que estos canecillos eran una especie de pornografía de la época que tenían como objetivo la incitación a la procreación", apunta el autor. Hay que tener en cuenta que en la Edad Media existía una muy elevada mortalidad infantil y había una necesidad permanente de repoblar, debido también a la guerra y a las enfermedades.

"La razón económica es clara; la Iglesia cobraba impuestos, el llamado diezmo, y cuantos más campesinos hubiese, más beneficiada saldría en la recolecta", apunta De la Peña.

La tercera hipótesis es que la Iglesia era más permisiva y liberal con respecto al sexo.

"Se basa en la práctica de la 'Risa pascual', una tradición que llevaba a algunos clérigos a contar chistes e incluso llegar a desnudarse y simular el acto sexual para mantener la alegría de los fieles el Día de la Pascua", describe el documentalista.

La cuarta explicación - "la más aceptada por los investigadores y que cada vez tiene más adeptos"- es la que se basa en el hecho de que el sexo en la Edad Media era algo más normal y sobre todo más natural que en la actualidad.

"No podemos olvidar que la mayoría de las familias vivían en humildes chozas y dormían todos juntos en una sola estancia, por eso la privacidad era imposible y el sexo se convertía en algo semi público", describe De la Peña.

Tras recorrer todas las iglesias gallegas y documentarse ampliamente, De la Peña opta por una teoría intermedia. "Estoy de acuerdo con que el sexo era algo mucho más normal en la Edad Media que ahora pero estaba duramente castigado por la Iglesia, que advertía a sus fieles en los canecillos de los riesgos que podían tener si sus prácticas no iban orientadas a la estricta procreación", afirma.

Fuera de una u otra forma, De la Peña advierte de que lo esencial para acercarse a este arte "es no juzgarlo desde nuestra mentalidad actual, sino tratar de ponernos en la forma de pensar de aquellas personas que, posiblemente, no vieran en esas figuras pornografía o lujuria sino fertilidad.

El hombre medieval estaba mucho más imbuido de la antigua tradición popular grecorromana de lo que podemos pensar, en la que esas imágenes tenían un significado positivo que la Iglesia medieval convirtió en pecados", concluye.

3 comentarios :

Anónimo dijo...

Donde vivo hay una iglesia que tiene en su sacristía una pequeña pila de agua bendita adornada con dos grandes testículos y un largo y grueso pene.
Los curas de aquella época se pondrían morados con las feligresas a la que seguramente confesaban en la propia sacristía.

Anónimo dijo...

En mi blog ya hay tres fotografías que están en el museo de Pontevedra, 2 referente a la simblologia sexual explicita que aparece en el románico y otra que es la parte superior de un templo en la que posiblemente hayan pequeñas esculturas semejantes a las anteriores.

Anónimo dijo...

Fotografías que están en el museo de Pontevedra

http://www.abc.es/local-galicia/20121219/abci-sexo-piedra-galicia-201212191142.html