lunes, 18 de febrero de 2013

Arabia Saudí abre una milenaria joya arqueológica oculta casi un siglo.

Arabia Saudí ha abierto al turismo una milenaria joya arqueológica, Patrimonio de la Humanidad, cuyo acceso estuvo prohibido casi un siglo por motivos religiosos y que guarda una gran similitud con el cercano enclave de Petra, en Jordania.

Arabia Saudí abre una milenaria joya arqueológica oculta casi un siglo.
Arabia Saudí ha abierto al turismo una milenaria joya arqueológica, Patrimonio de la Humanidad, cuyo acceso estuvo prohibido casi un siglo por motivos religiosos y que guarda una gran similitud con el cercano enclave de Petra, en Jordania.

La construcción de Madaen Saleh ("las ciudades de Saleh") se inició hace unos 5.000 años, en el extremo noroeste del reino saudí, no lejos de la ciudad de Tabuk.


El acceso a esta zona estaba vetado desde que la dinastía Al Saud tomase el control del país en 1932, en estricto cumplimiento de la orden del profeta Mahoma de no entrar allí salvo llorando y en ayunas, por el triste destino del pueblo que la habitó.


Según la tradición, el área estaba habitada por la tribu de los tamudeos, antepasados de los árabes, que poseían una cultura avanzada y la capacidad de esculpir inscripciones, además de construir casas y palacios en las montañas.


El Corán relata que Dios envió a los tamudeos a su profeta Saleh, para conseguir que este pueblo dejaran de adorar a ídolos.


Los incrédulos tamudeos pidieron a Saleh que demostrara que era un mensajero divino, por lo que el profeta convirtió una roca en una gran camella que tenía la capacidad de producir leche suficiente para toda la tribu, con la que se elaboraban los más exquisitos quesos y mantecas.


Sin embargo, envidiosos, los tamudeos decidieron matar a la camella para librarse de Saleh.


La respuesta divina, continúa la tradición, fue terrible y acabó con el exterminio de esa tribu, mientras Saleh y unos pocos creyentes la abandonaban a la carrera.


A fines del pasado diciembre, la Organización General del Turismo y la Arqueología saudí anunció que iba a abrir la zona a las visitas del público y que estaba dispuesta a recibir a turistas.


En 2008, la UNESCO designó a Madaen Saleh Patrimonio de la Humanidad, convirtiéndose en el primer lugar arqueológico saudí con ese reconocimiento.


Madaen Saleh tiene una superficie aproximada de unos quince kilómetros cuadrados y contiene alrededor de 138 tumbas, algunas de ellas con inscripciones que registran la importancia que poseía el muerto en la sociedad, su nombre, y a veces su edad.


Asimismo, alberga viviendas y mausoleos esculpidos en la roca de la montaña, también con inscripciones. La zona fue habitada posteriormente por asirios, nabateos (autores de las principales construcciones y que tenían su capital en la cercana Petra) y romanos.


Durante los últimos cinco años, las autoridades arqueológicas saudíes desplegaron un gran esfuerzo para convencer a los dignatarios religiosos de que aceptaran la apertura de este lugar al turismo.


El presidente de esa institución, el príncipe Faisal bin Salman, dijo en septiembre último que se había puesto en contacto personalmente con los ulemas para instarles a visitar la zona.


Dos prestigiosos clérigos aceptaron el llamamiento, los jeques Abdalá Al Mutleq y Abdalá al Mania, que visitaron Madaen Saleh en un gesto con el que se espera que contribuyan a romper el temor religioso a entrar en la zona.


Desde ese mismo lugar, los ulemas invitaron a conocer los lugares arqueológicos del área "para aprender la experiencia de lo que sufrieron antiguos pueblos y estudiar la historia".


Pese a ello, otros clérigos consideraron que esos recorridos no están permitidas por el islam.


En declaraciones a Efe, el vicepresidente de la Organización General de Turismo y Arqueología, Ali al Gaban, predijo que la vecina zona de Al Ulaa experimentará un fuerte progreso económico en un futuro próximo, con la creación de empleos y la apertura de hoteles.


Además, Gaban destacó que esta zona arqueológica incluye también una estación del mítico ferrocarril Al Hejaz, construido por los turcos otomanos y que unió entre 1908 y 1916 Damasco con la ciudad santa saudí de Medina.


En la estación de esta línea, inmortalizada en la película "Lawrence de Arabia" por los ataques que sufría a manos de este oficial británico y sus aliados árabes, queda todavía un vagón, explicó Gaban.


"Nuestra institución ha preparado un museo del ferrocarril y otro sobre las sendas que seguían los fieles en su peregrinación a los santuarios (de La Meca y Medina). Además, ha instalado servicios y señales que dan al visitante información histórica sobre cada monumento arqueológico", subrayó el responsable saudí.


Por el momento, la joya arqueológica, oculta durante tanto tiempo, ya ha comenzado a recibir a turistas locales y algunos de Europa y Asia.