martes, 12 de marzo de 2013

Arqueología experimental: reconstruyendo el pasado.

Apoyados en modernas tecnologías de imagen y análisis, los científicos reconstruyen piezas o escenarios antiguos para observarlos en su contexto.


Construir algunos de los inventos que Leonardo da Vinci dejó plasmados en sus planos, forjar armas antiguas como cuchillos y hachas con materiales rudimentarios de la Edad de Piedra o modelar en 3D antiguos templos romanos parecen labores para escenificar el pasado en un set cinematográfico.
Sin embargo, la reconstrucción de objetos y escenarios pasados forma parte del arsenal de herramientas con las que cuenta la arqueología experimental, una disciplina que en fechas recientes, empujada por los grandes avances en física e informática, ha hecho posible no sólo revivir el pasado, sino adentrarse en él. 
Con diferentes métodos y técnicas de análisis, la arqueología experimental permite a los científicos recrear y experimentar con el pasado, es decir, poner a prueba hipótesis sobre las características y uso originales de herramientas antiguas o vestigios de sitios arqueológicos mediante su reconstrucción integral.
“Intentamos ver si los objetos que encontramos en el campo, por ejemplo en las excavaciones (en sitios arqueológicos), en realidad tuvieron en la antigüedad la función que les estamos asignando, como percutir o martillar”, comenta la doctora Edith María del Socorro Ortiz Díaz. 
La académica del Instituto de Investigaciones Antropológicas y especialista en metalurgia prehispánica explica que estas herramientas se emplean porque a veces no es tan claro dilucidar las funciones de un objeto y los periodos a los que pertenecen, sobre todo cuando no existen referencias documentales sobre ellos, como libros de historia.

Las piedras “hablan”.
Otras tecnologías que apoyan a la arqueología experimental son los escáneres láser, la espectrometría y las tecnologías de percepción remota satelital (como el radar), que facilitan la identificación de materiales, así como determinar las dimensiones y características físicas de los restos.
En México, y con apoyo de José Luis Ruvalcaba, del Instituto de Física de la UNAM, quien adaptó un acelerador de partículas para analizar piezas arqueológicas sin tocarlas con las manos, Ortiz Díaz ha logrado extraer valiosa información técnica sobre la composición de objetos metálicos hallados en la zona prehispánica de Monte Albán, en Oaxaca. 
El acelerador Pelletron fue modificado por Ruvalcaba para proyectar un haz de protones (partículas con carga positiva) que al incidir en la superficie de un objeto generan, a su vez, emisiones de rayos X. Cada una de éstas tiene una “huella” característica, que al interpretarse revela la composición del objeto estudiado. 
La herramienta es tan sensible que aporta información no sólo de los elementos principales contenidos en una pieza, sino de otros existentes en pequeñas proporciones (trazas). También permite identificar canteras particulares (si se trata de minerales) o las técnicas empleadas por diferentes civilizaciones. 
El físico universitario ha colaborado con el Instituto Nacional de Antropología e Historia en el análisis de piezas extraídas de sitios como Chichén Itzá, Monte Albán, Templo Mayor y Teotihuacan. De este último caracterizó una máscara fabricada con serpentina (mineral de extracción local) descartando que fuese jadeíta, como suponían los arqueólogos. 
“Los expertos (del INAH) creían que los ojos de la máscara teotihuacana eran de oro, debido a que no habían perdido brillo a dos mil años de distancia: Sin embargo, nuestras lecturas detectaron un mineral compuesto por hierro, azufre y trazas de arsénico”, expone el investigador en un informe de la UNAM.

Escenarios virtuales.
“Tratamos de reconstruir los objetos de la manera más exacta posible, al menos hasta donde tenemos registro”, dice la doctora Ortiz. No sólo artefactos de piedra, sino también otros de cerámica y barro. “Analizamos sus materiales de construcción, las temperaturas (a las que se cocieron) y cómo eran los hornos”.
Otro recurso usado por los arqueólogos experimentales es la modelación en escenarios 3D, con ayuda de programas especiales que permiten reconstruir virtualmente, con lujo de detalle, antiguas edificaciones de las que hoy sólo quedan vestigios. 
Con la modelación también es factible proyectar escenarios alternativos (simulados por computadora) para establecer comparaciones con los registros arqueológicos convencionales disponibles y así afinar o replantear las hipótesis de trabajo. 
Un ejemplo es la labor de científicos de las universidades de Carolina de Norte y Arizona (EU), quienes utilizaron estas modelaciones para simular diferentes prácticas en el uso de los suelos (ganadería intensiva, pastoreo, quema de remanentes de cultivos) en una proción de tierra en el sureste de Asia. 
Los investigadores proyectaron y compararon los efectos a largo plazo que tales prácticas habrían tenido sobre los paisajes, especialmente en una zona al norte de Jordania, donde los antiguos pobladores del periodo Neolítico cultivaban cereales y criaban ganado hace 8 mil años. 
“La modelación por computadora es un nuevo enfoque en este campo de investigación. La arqueología nos permite aprender sobre el pasado, pero estos métodos incluso podrán ayudarnos a predecir el futuro”, señaló Michael Barton, del Centro de Dinámicas Sociales en la Universidad de Arizona.
Vía: El Universal
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