lunes, 11 de marzo de 2013

Excavan en el oscuro panorama de la arqueología michoacana.

El arqueólogo reconoció que la presencia de vestigios es cuantiosa y omnipresente en el estado.
Foto: Gustavo Vega/Provincia
Al contrario de lo que ocurre en otras regiones del país, donde instituciones y académicos han puesto especial interés por la recuperación de los vestigios prehispánicos, el trabajo arqueológico en Michoacán ha sido ninguneado, asegura el investigador Sergio Manterola Rico.

La señal más evidente de este desprecio intencional, reconoció, tiene relación directa con la cantidad de sitios de origen precolombino que hoy están abiertos al público: “Es extraño que, después de 80 años de intermitentes excavaciones e investigación, solo se haya logrado la recuperación de siete zonas arqueológicas”.

Ante la ausencia de impresionantes muestras arquitectónicas –como ocurre en el Centro de México o en el Sureste- se ha llegado a creer que en esta tierra se carece de material suficiente para ocupar a los científicos sociales o para maravillar a los espectadores. Sin embargo, el arqueólogo reconoció que la presencia de vestigios es cuantiosa y omnipresente.
Como muestra de esta abundancia, el egresado de la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH) aseguró que en La Piedad, a la vista de todos, la mancha urbana ya cercó los restos de una pirámide sin excavar. En las inmediaciones montañosas de Zinapécuaro ocurre algo similar, solo que allá los restos materiales se acompañan de los evidentes signos del saqueo.

Existen razones poderosas que explican este panorama que tiende a ser obscuro. “La mayor parte de los trabajos arqueológicos surge de necesidades ajenas al interés científico, pues los proyectos de registro y salvamento dependen del desarrollo de grandes obras de infraestructura, como fueron el gasoducto Salamanca- Lázaro Cárdenas o la Presa Francisco J. Múgica”, manifestó.

A la ausencia de un planteamiento crítico sólido se deben sumar otros factores:

“Además de la actuación derivada de las denuncias de la sociedad, es evidente que no existe ningún interés político para emprender trabajos de salvamento arqueológico; incluso, se destina muy poco presupuesto para realizar tareas permanentes, que obliga a que no haya continuidad en las acciones”, aseguró.

Pero el conjunto de condicionantes es todavía más amplio: “Los objetivos científicos del trabajo arqueológico no están articulados, al tiempo que no existe coordinación entre las autoridades y las instituciones dedicadas a la investigación, en caso de que las primeras manifestaran un efectivo interés”, agregó.

Además del abandono de los sitios identificados, pero no explorados, del desconocimiento real del panorama arqueológico de la entidad y de la imposibilidad para convertirlo en potencial recurso para el desarrollo económico, el efecto directo de este panorama desfavorable es el sistemático saqueo y la depredación que registran los diferentes sitios.

¿Existen posibilidades reales para que esta situación se revierta? Como miembro de la Red Mexicana de Arqueología, Manterola Rico aseguró que se puede seguir el ejemplo de Guanajuato: “En menos de una década no solo lograron situarse en el panorama arqueológico nacional y lograr la apertura de cuatro zonas; también hicieron posible la vinculación institucional, generaron un modelo nacional en el aprovechamiento de recursos arqueológicos y, ahora, sus recintos prehispánicos son administrados por la Secretaría Estatal de Cultura”.

Vía: Provincia