lunes, 29 de abril de 2013

Hallada en Barcelona una cabeza romana de mármol de Sileno, acompañante del dios del vino.

Hallada en Barcelona una cabeza romana de mármol de Sileno.
Para resaca la de este Sileno: lleva pasándola unos 2.000 años. Una cabecita de mármol del personaje, tradicional acompañante del dios romano del vino, Baco, y permanentemente embriagado, ha sido hallada en las excavaciones de la villa romana del Pont del Treball Digne, en la Sagrera de Barcelona. El descubrimiento se produjo, muy pertinentemente, en una zona anexa al área donde se han excavado cinco prensas de vino.
La escultura, datada provisionalmente en el siglo II, muestra a un hombre cercano a la vejez, de nariz chata, calvo, con barba y expresión pícara de consumado beodo. Un tipo poco recomendable, vamos. Son claramente las características del mitológico Sileno, hijo de Pan, que según los relatos había criado y educado a Baco (el Dionisio griego) y fue su fiel compañero en los viajes —y francachelas— de este, rodeados de otras gentes tan edificantes como los sátiros o las bacantes. Sileno dio su nombre a toda una especie de seres a su imagen y semejanza, los silenos, a veces difíciles de distinguir de sátiros y faunos. Puede que se trate de uno de estos hijos putativos, toda una tropa.
La pieza viene a añadirse al descubrimiento en julio pasado de otra escultura de mármol, una cabeza precisamente de Baco-Dionisio. Aunque son de escalas diferentes (la de Sileno, a diferencia de la de Baco, más pequeña que el natural), los estudiosos creen que podrían haber formado parte de un mismo conjunto escultórico. La cabecita, aún sucia aunque una pequeña fractura en su base permite discernir el puro blanco marmóreo que yace bajo la pátina de tierra y tiempo, resulta encantadora y llena de viveza y picardía. Parece estar guiñando un ojo y tiene un aire de Bukowski. Su figura se complementaría con un barrigón y pecho y miembros vellosos. Es posible que fuera montado en un asno —en su (permanente) estado (etílico) le era difícil caminar— y sostenido a los lados por dos sátiros, según la iconografía tradicional. Probablemente cargaba su inseparable odre de vino y los atributos del cortejo báquico como el tirso y la guirnalda de hiedra.
El concejal de Cultura de Barcelona Jaume Ciurana hizo ayer los honores en la presentación de este poco recomendable viejo ciudadano. Recalcó que el hallazgo reafirma la importancia para nuestra comprensión de la antigua Barcino de la villa romana de la Sagrera, cuya investigación, pese a estar el yacimiento “tan trinchado” por las construcciones, está deparando muchas felices sorpresas. El responsable municipal de intervenciones arqueológicas, Josep Pujades, detalló las circunstancias del hallazgo, en una zona de vertedero junto al edificio que contenía las presas de vino. No se descarta que puedan aparecer más piezas.
La arqueóloga de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) Isabel Rodà, indicó que la de la Sagrera era una villa romana rica y “es lógico encontrar restos escultóricos”. Calificó el nuevo hallazgo de “precioso”, y avanzó que el mármol, “muy fino”, podría proceder de las islas griegas. Ciertamente no se trata de una obra maestra, tipo el sátiro del museo capitolino o el fauno Borghese. “Estas piezas como las de la Sagrera eran obras de repertorio, de calidad, pero no obras de artista”. Rodà la comparó, salvando las grandes distancias, con “los enanitos de jardín actuales”. La datación aún no se ha precisado pero la especialista avanzó que la pieza podría ser de época de Adriano, a principios del siglo II.
Señaló que es “muy tentador” poner en relación las dos cabezas encontradas. “Baco y su séquito es un tema muy habitual en la decoración de las villas romanas”. Recordó que la zona era famosa en la antigüedad por sus vinos, que aunque no eran un falerno y hoy nos parecerían muy discutibles —solían picarse en el transporte por mar y no había forma de tomarlos sin añadirles especies o rebajarlos con agua—, se consumían en todo el mundo romano. La cabeza de Sileno irá al laboratorio municipal de Zona Franca para su limpieza y estudio y su destino final no está decidido aún.
Vía: El País