jueves, 25 de abril de 2013

Tras la pista de los primeros pobladores del continente americano.

El catedrático Daniel Turbón, coautor del estudio científico, es especialista en antropología molecular y forense y en origen y evolución de los homínidos. (Foto: UB)
La hipótesis tradicional más aceptada apunta a que los primeros pobladores de América fueron los clovis, un pueblo de cazadores que debió de llegar al continente hace aproximadamente 13.000 años desde el nordeste de Asia, a través del estrecho de Bering, y que se expandió por todo el territorio americano. Un nuevo estudio sobre genética de poblaciones nativas del continente americano aporta evidencias científicas para reformular el modelo tradicional y definir escenarios alternativos para el poblamiento de América.

El catedrático Daniel Turbón, del Departamento de Biología Animal de la Universidad de Barcelona, es uno de los autores de una investigación internacional, liderada por Lutz Roewer, de La Charité - Universitätsmedizin de Berlín, y que también firman Eduardo Arroyo Pardo y Ana María López Parra, de la Universidad Complutense de Madrid sobre las poblaciones nativas del continente americano.

El trabajo se basa en el estudio de marcadores genéticos del cromosoma Y masculino en casi un millar de individuos de cincuenta tribus nativas de Sudamérica. Según los autores, hay un desacoplamiento entre genética, lenguaje y geografía en las comunidades nativas del sur del continente americano. Todo apunta a que, en el primer poblamiento de América, no hubo una sola migración —independientemente de que fuera o no por el estrecho de Bering—, sino entradas rápidas y largos períodos de aislamiento.

Tal como explica Daniel Turbón, especialista en antropología molecular y forense y en origen y evolución de los homínidos, "América es, probablemente, uno de los ejemplos más recientes de poblamiento de un gran continente por la especie humana. Para los científicos, es un laboratorio excelente para contrastar herramientas metodológicas de estudios genéticos y poblacionales. Aunque la hipótesis de la migración única como explicación del origen de los pobladores de América está bastante arraigada, es una visión reduccionista cada vez más cuestionada científicamente".

Los autores analizan la variabilidad genética de cada individuo mediante una serie de marcadores genéticos del cromosoma Y masculino: en concreto, en 919 individuos (91 %) de la muestra, se han estudiado los dieciséis polimorfismos de nucleótidos simples (SNP) más frecuentes en Sudamérica, y las diecisiete secuencias cortas y repetidas en tándem (STR) más empleadas en todo el mundo en antropología forense. El análisis de los polimorfismos genéticos ha permitido determinar el origen geográfico de cada individuo y, además, comparar los datos con otras poblaciones del centro y el norte del continente americano.

El trabajo, como primicia científica, presenta una potente base de datos internacional sobre genética forense basada en estudios colectivos de primer rango (con población pequeña y atomizada de origen nativo) de los coautores internacionales. En relación con la parte correspondiente a la UB, también han colaborado los expertos Francesc Bert y Alfons Corella, autores de tesis doctorales leídas en la Universidad bajo la dirección del catedrático Daniel Turbón.

"Hoy en día, la ciencia está fuertemente atomizada", explica Turbón. "Se publican muchos estudios basados en muestras poblacionales reducidas y con pocos marcadores genéticos. Y esto no nos permite ver el bosque, es decir, el escenario global. En el otro extremo, hay macroestudios genéticos que perfilan un escenario más amplio, pero difícil de contrastar por dificultades metodológicas. También se hacen trabajos con muestras biológicas procedentes de hospitales de grandes núcleos de población donde hay un alto nivel de hibridación. Las comunidades nativas, que suelen vivir de manera más aislada, son cada vez más escasas".

El estudio publicado en PLOS Genetics también identifica un linaje genético no descrito hasta ahora en poblaciones de América central y del norte: es el haplotipo C-M217 (C3*), que es frecuente en el continente asiático. Los expertos, además, han detectado linaje genético de origen polinesio en Perú.

Descubrir el origen de los ancestros de los primeros pobladores de América plantea un gran desafío a la comunidad científica internacional. El nuevo artículo perfila escenarios alternativos a la hipótesis de una única migración —que niega cualquier flujo transpacífico con efectos significativos sobre la genética de poblaciones— como modelo de población del continente americano.

"En el futuro, sería capital encontrar un yacimiento arqueológico con una secuencia arqueológica continua. En paralelo, también habría que elaborar un estudio genético completo de las poblaciones nativas; porque se consideran poblaciones evanescentes y cada día están más amenazadas", concluye el profesor Turbón.