sábado, 6 de julio de 2013

La antigua Tusculum se perfila entre los pastos.

El CSIC saca a la luz los restos de la antigua ciudad lacial, romana y medieval que durante
siglos ha permanecido oculta en una zona de bosques y pastos, al sureste de Roma.
El 17 de abril de 1191, unos 2.000 años de historia, o puede que más, quedaron reducidos a escombros. Roma asedió la ciudad de Tusculum, situada a unos 30 kilómetros al sureste de la capital, en varias ocasiones hasta que consiguió arrasarla en esa fatídica fecha. Sus habitantes, sin embargo, hacía unos años que la habían abandonado y sólo una guarnición defendía la plaza. «Tusculum está situada en una zona estratégica del Valle Latino y de las vías de comunicación entre Roma y el sur de Italia, por lo que ya desde sus inicios rivalizó con Roma por el control del territorio», explica Leonor Peña-Chocarro aHistoria National Geographic. Peña-Chocarro dirige el proyecto de excavaciones en la antigua Tusculum, liderado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).
Los bosques y los pastos se adueñaron del terreno que ocupaba la antigua Tusculum, su localización se perdió durante siglos y su recuerdo sólo perduró en los documentos históricos, que ensalzaban su afamada reputación. «En la acrópolis se han documentado restos cerámicos de los siglos X-VIII a.C. La pieza más antigua es una única urna funeraria datada en la fase final de la cultura lacial de los siglos VIII-VII a.C. En cambio, las construcciones más antiguas corresponden a una fuente monumental de finales del siglo VI o inicios del V a.C. y un basamento arcaico de toba de un templo de finales del siglo VI a.C. Junto a él se halló una fusayola votiva realizada en bucchero (cerámica negra) con una letra alfa incisa, que constituye la más antigua documentación escrita hallada en Tusculum», observa Peña-Chocarro. «Del antiguo municipiumromano se conservan la basílica, una serie de pequeños templetes o recintos sagrados, entre los que destaca el de Mercurio, un anfiteatro y un gran santuario extraurbano que tradicionalmente se identificaba como la villa del emperador Tiberio», añade. En sus alrededores se erigieron multitud de villas, como la del famoso orador Cicerón, en Grottaferrata, o aquellas pertenecientes a la aristocracia romana o a los diferentes emperadores, «como por ejemplo Nerón, cuya villa se piensa que está situada en Frascati».
Tusculum vivió su época de mayor esplendor durante la Edad Media, bajo el linaje aristocrático de los condes de Tusculum, al que pertenecieron algunos de los personajes más destacados de los siglos centrales de esta era, como los tres papas que ocuparon la Cátedra de San Pedro durante la primera mitad del siglo XI: Benedicto VIII, Juan XIX y Benedicto IX. La prosperidad de Tusculum propició una rivalidad política y económica con Roma. «Mientras que la vida en Roma continuó, la actividad de Tusculum cesó tras su destrucción, lo que ha permitido preservar su historia intacta y permite establecer paralelismos con la Roma de aquel período, poco conocida por las transformaciones posteriores que la ciudad sufrió a lo largo del tiempo», explica en un comunicado la investigadora del CSIC Valeria Beolchini, quien también participa en el proyecto. «En el siglo XIV, Petrarca y otros humanistas buscaron los restos de la antigua Tusculum, pero sin éxito. A principios del siglo XIX, Luciano Bonaparte, el hermano de Napoleón, compra los terrenos en los que se encontraban los restos de la ciudad y encuentra, por casualidad, el teatro y una fistula acquaria, una tubería de plomo, con el nombre de Tusculum inciso», cuenta Leonor Peña-Chocarro.
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