viernes, 9 de agosto de 2013

El misterio de las “momias” de la torre de Llerena.

La noticia de las “momias” de la torre de Llerena en el diario extremeño HOY.
Por José Antonio Cabezas Vigara
En 1964, el notario local Antonio Carrasco llevó a cabo, en la Plaza Mayor de Llerena (Badajoz), un estudio para localizar los restos de una posible mezquita andalusí y su alminar. Durante las obras de la plaza se halló una gran cantidad de restos humanos, posiblemente, de un antiguo camposanto aledaño a la iglesia.
Los trabajos se extendieron a la iglesia Nuestra Señora de la Granada y, sobre todo, a su torre, a la que se le practicó un análisis de los paramentos. Hubo que derribar el tabique que cegaba el vano de un antiguo acceso a la torre y apareció, inesperadamente, un amontonamiento de cadáveres en su interior. Sin mediar investigación alguna, el habitáculo se volvió a tapiar y sólo quedó un vago recuerdo.
Posteriormente, en julio de 1979, los restos volvieron a resurgir durante unas obras de restauración. Se halló un apilamiento de restos óseos acompañados de varias decenas de cadáveres momificados y con “rostros de terror”. Se creó un gran revuelo en la población porque, en principio, daba la sensación de que esa gente había muerto allí mismo, emparedada.
El dantesco suceso no tardó en saltar a los medios de comunicación. Primero se hizo eco el diario extremeño HOY y, seguidamente, la noticia saltó a la prensa internacional, donde fue tratada de forma sensacionalista. Las muertes pronto se achacaron, entre otras hipótesis, a los Autos de Fe llevados a cabo por la sede de Llerena del Tribunal de la Santa Inquisición, a las condenas practicadas a los miembros de la secta de los iluminados e incluso a los represaliados en la Guerra Civil.
Imagen de una de las "momias" encontradas.
Imagen de una de las “momias” encontradas.
Los departamentos de Historia y Antropología de las Universidades Extremadura y de Barcelona pronto enviaron sendos equipos de investigación. Sin embargo, sus conclusiones no fueron esclarecedoras. Se contabilizaron más de seis mil cadáveres, se detectaron enfermedades y anomalía físicas, y poco más.
No obstante, por un lado, todos los Autos de Fe de la inquisición llerenense están documentados y no constan castigos de enterramientos en vida ni condenas a muerte de iluminado alguno. Por otro lado, los antropólogos determinaron que los restos más recientes proceden del siglo XVIII, por sus enseres personales, así que no tienen relación con la Guerra Civil.
No es trascendente, realmente, el hecho de que aparezcan restos humanos en una iglesia de origen medieval o moderno. La gente se enterraba en los templo o, cuando se saturaba el espacio, en los contornos del mismo. No es hasta el siglo XIX cuando los cementerios, por cuestiones higiénicas, se sitúan extramuros de las poblaciones.
No obstante, ¿a qué se debe ese gran número de cadáveres amontonados en un mismo habitáculo? Es posible que los desplazaran a ese lugar bien por falta de espacio o bien por obras en el templo, como la intervención que hizo el arquitecto José de Hermosilla y Sandoval en 1745 o la restauración practicada en tiempos de la Guerra Civil por un incendio.
Por último, el “gesto de sufrimiento” del rostro de las momias se debe al proceso de desecación o saponización de la piel de los muertos, que tiende a deformarse por la falta de hidratación.



Vía: QAH