viernes, 18 de octubre de 2013

La biblioteca más antigua está en Herculano.

La escritura y los instrumentos que se utilizaron en el siglo I se exhiben en Casa del Lector en una muestra virtual y de objetos.
Papiros en pirámide de la biblioteca de Herculano.
Acercar la única biblioteca de la Antigüedad clásica que ha llegado a nuestros días es el objetivo de La villa de los papiros, una exposición que recrea con objetos y de manera virtual lo que fue la localidad de Herculano, en Italia. Allí se descubrió en el siglo XVIII la biblioteca clásica que se logró preservar por la erupción del Vesubio en el año 79. Entre los objetos que se muestran se encuentra un papiro de casi cuatro metros que por primera vez se exhibe fuera de las instalaciones de la Biblioteca Nacional de Nápoles.
La muestra, organizada por Casa del Lector, pretende responder a dos cuestiones: cómo era la lectura en la antigua Roma y cómo las excavaciones arqueológicas que se realizaron en el siglo XVIII dieron un nuevo impulso a la historia cultural de Europa. En ella se pueden contemplar reconstrucciones virtuales de las estancias de La villa de los papiros, realizadas para la exposición por el equipo de informáticos y arqueólogos del Museo de Arqueología Virtual de Herculano y los diferentes instrumentos que se utilizaban para la escritura y la lectura. Uno de los aspectos más espectaculares de la exposición es el poder contemplar cómo era la biblioteca de la ciudad con la exhibición de papiros auténticos con datos obtenidos de las últimas excavaciones arqueológicas realizadas en Herculano.
Hay un espacio de la muestra, que se podrá contemplar desde mañana hasta el 23 de abril de 2014, dedicado a la escritura pública como los diplomas militares, leyes, reglamentos de espectáculos de gladiadores, sellos, inscripciones electorales, grafitos o estelas funerarias. Los organizadores han utilizado al filósofo Epicuro como hilo conductor de La villa de los papiros debido a que a él pertenecía la biblioteca encontrada en Herculano. Algunas de las frases de su pensamiento tales como: “Vana es la palabra del filósofo que no remedia ningún sufrimiento del hombre. Porque así como no es útil la medicina si no suprime las enfermedades del cuerpo, así tampoco la filosofía si no suprime las enfermedades del alma” figuran en las paredes de las salas como ejemplo de lo que predicaba con sus palabras.Para explicar el paso del rollo de papiro al códice se ha conseguido trasladar desde Nápoles tablillas de escritura, pinturas de Pompeya con escenas de escritura, tinteros, estilos y una bulla de oro, el amuleto que los estudiantes romanos llevaban colgado del cuello. Lo de leer no era nada fácil debido al tamaño de los papiros, según se refleja en los documentos, y para ello utilizaban a un esclavo, en las casas de los romanos pudientes, que lo hacía en voz alta. Para leer un rollo de papiro se cogía el rollo con la mano derecha y se desenrollaba con la izquierda, que sostenía la parte leída. Al finalizar, el rollo quedaba en esa mano.
Otra de las piezas interesantes de la muestra es la máquina de madera creada por el padre escolapio Antonio Piaggio para poder abrir los papiros. Hasta la creación de esta pieza todos los papiros que se trataron de abrir quedaron hechos trizas debido al estado en el que se encontraban. Lo más antiguo y lo más avanzado de la tecnología comparten un pequeño espacio. Junto al papiro de cuatro metros de longitud hay otra mesa en la que moviendo los dedos se puede leer lo que hay escrito en él.
El trabajo editorial que realizó Carlos III en Nápoles queda reflejado en la bibliografía sobre la Stamperia Reale de los ocho volúmenes de Le antichità di Ercolano esposte (1795-1992), la obra que hizo posible el neoclásico en toda Europa con la difusión de los descubrimientos de las ciudades vesubianas. Y los libros de los viajeros más destacados de Europa.
La muestra finaliza con el fresco Terencio Neo y su mujer, una de las imágenes más conocidas de Pompeya, una pieza costumbrista que ha sido objeto de todo tipo de estudios de orden estético, social y político y que resume de manera sencilla lo que fue el mundo de los libros y de la lectura privada en el siglo I. Ambos personajes tienen en sus manos los dos formatos para la escritura más comunes en la época: el rollo de papiro y las tablillas de cera.
La exposición se completa con diferentes talleres relacionados con la lectura y la escritura y un ciclo de cine que tiene como protagonista la ciudad de Napolés. Se exhibirán diez películas en la que se combinan clásicos con otras recién estrenadas. La programación se inaugura conLe mani sulla città, de Francesco Rosi (1963), y se clausura conPassione, de John Turturro (2010).
Vía: El País