viernes, 8 de noviembre de 2013

Se recupera la obra de Hernández de Toledo, médico en la corte de Felipe II.

Copia de una ilustración de Hernández, recogida en el Códice Pomar,
conservado en la Universidad de Valencia.
Historiadores de la Institución Milá y Fontanals del CSIC trabajan para recuperar la obra de Francisco Hernández, médico en la corte de Felipe II y autor de la mayor recopilación de flora y fauna americanas conocida en aquella época.

Francisco Hernández (1514-1587), también conocido como Hernández de Toledo (por haber nacido en La Puebla de Montalbán, Toledo), fue el primer expedicionario científico. Viajó hasta México con la orden expresa de Felipe II de recoger cualquier hierba, planta o remedio medicinal que pudiera ser de interés. Su obra fue vasta y magnífica. Desgraciadamente, diferentes circunstancias hicieron que su legado cayera en el olvido.

José Pardo, investigador del CSIC en la Institución Milá y Fontanals en Barcelona, explica que “la de Hernández a México fue la primera expedición científica de la historia. Esa expedición es importante desde muchos puntos de vista: en aquel momento, para hacer medicina también se necesitaba la botánica, la zoología y la mineralogía, ya que los remedios medicinales podían provenir de cualquiera de esas fuentes”.

Hernández zarpó en 1570 rumbo a América. Tras siete años de expedición, llevó de vuelta a la corte más de 3.000 especies descritas, entre plantas y animales, de México.

“Es una cantidad asombrosa”, apunta José Pardo. “Hay que tener en cuenta que el Dioscórides, entonces obra de referencia que contenía la flora y fauna conocida del mundo mediterráneo y oriental, ‘sólo’ contenía 500 especies”. Desgraciadamente, hoy en día apenas queda recuerdo de la obra de Hernández entre el gran público.

José Pardo dirige un proyecto para recuperar la obra de Francisco Hernández. El objetivo de los investigadores, que trabajan conjuntamente con investigadores de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), es recuperar todo lo que puedan de la obra perdida de Hernández y editarla posteriormente.

Localizar y recuperar copias.

La obra de Hernández, con el título de Historia Natural de las Indias, se convirtió en los siglos XVI-XVII en referencia indiscutible. Sus manuscritos recogían desde las descripciones de especies acompañadas de detallados dibujos hasta recetas de remedios naturales usados por los indios.

Hernández murió diez años después de volver de México sin conseguir ver publicada su obra, que quedó manuscrita, custodiada en el monasterio de El Escorial. Allí se desplazaban especialistas de toda Europa para poder consultarla.

Entre 1630 y 1650, la Accademia dei Lincei editó parte de esos manuscritos. En 1671, un incendio arrasó la biblioteca de El Escorial, destruyendo miles de códices, entre ellos los originales de Hernández.

Por suerte, apunta José Pardo, la Accademia dei Lincei había publicado parte de su obra. Y aunque los originales de Hernández en El Escorial han desaparecido, hubo especialistas de la época que copiaron algunos manuscritos, y otros que hicieron copias de copias. Hay que tener en cuenta que así era como circulaba entonces buena parte de la información científica (no es hasta mucho más tarde que se generaliza la publicación impresa). “Hay cartas, descripciones de visitantes que consultaron la obra en El Escorial; de forma que se pudo reconstruir imágenes y textos a partir de esas copias”.

En 1960, la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) editó Obras Completas de Hernández. Contenía lo que había sido publicado por la Academia Lincei y lo que había recuperado de copias el editor Casimiro Gómez Ortega (1741-1818). Sin embargo, sigue sin ser realmente toda su obra y, además, los siete tomos de la edición mexicana están descatalogados, prácticamente no se encuentran más que en un puñado de bibliotecas.

El objetivo de los investigadores del CSIC, que trabajan conjuntamente con investigadores de la UNAM, es recuperar todo lo que puedan de la obra perdida de Hernández. Los investigadores colaboran también con centros de Italia (la Accademia Lincei) y de los EE.UU., donde hay creciente interés por Hernández desde la publicación en 2000 de The Mexican Treasury: The Writings of Dr. Francisco Hernández.

Es un trabajo interdisciplinario que reúne a historiadores de la ciencia y del arte, lingüistas y especialistas en náhuatl (idioma principal de los nativos mexicanos que reprodujo Hernández en su obra) y antropólogos, entre otros. El objetivo, explica Pardo, es descubrir qué copias y manuscritos se conservan, y hacer una edición completa de todo lo que se haya podido recuperar. Los científicos han calculado que disponen del 60% de lo que debió haber sido la obra completa de Hernández.

La buena noticia es que están hallando más copias manuscritas de lo que imaginaban. Se conocían copias en archivos de Roma, México, Madrid, Montpellier, Londres (traducciones al inglés), pero están apareciendo más, especialmente copias de las más de dos mil imágenes que pintores indios realizaron para Hernández durante la expedición. También se muestra optimista sobre la posibilidad de hallar manuscritos en México. El proyecto, que entra este año en su segunda fase, cuenta con financiación del Plan Nacional de I+D y de la UNAM.  

¿Por qué Hernández, un científico de la talla de los más grandes en su época, ha pasado casi al olvido? “Por razones de varia índole, pero creo que la principal deriva del escaso interés hacia la cultura científica española demostrado a lo largo de varias generaciones. Se ha preferido afirmar que no existía y punto. En México es distinto, ya que allá llevan mucho más tiempo estudiando a Hernández, con la aportación además de destacados intelectuales del exilio republicano. Como Germán Somolinos, que dirigió la publicación de las Obras completas en los años sesenta.”, concluye José Pardo.

Vía: CSIC