miércoles, 11 de diciembre de 2013

Los primeros lagares rupestres salen a la luz en la Ribeira Sacra.

Aparecen antiguas construcciones para el prensado de la uva en Trives y Quiroga.

En la cabecera de la pila se observa el orificio de salida del fluido una vez prensado. Foto: Iván Álvarez. 
Los lagares rupestres localizados en diversos puntos del sur de las provincias de Ourense y Pontevedra hace ahora dos años no son las únicas construcciones de estas características existentes en Galicia. A raíz de esa primera investigación, fruto de la inquietud del sumiller Luis Paadín, el arqueólogo monfortino Iván Álvarez Merayo realizó en los últimos meses tres hallazgos similares en la Ribeira Sacra. Dos de ellos se ubican en antiguas zonas de viñedo en bancales del municipio ourensano de Trives. El tercero se encuentra situado en Quiroga, puerta de entrada del Sil en la provincia de Lugo. Hasta ahora se pensaba que podía formar parte de alguna antigua explotación minera.

«Pode haber algún reparo no de Quiroga, pero os outros dous son lagares sen ningún tipo de dúbida. Estou convencido de que cunha investigación seria aparecerían moitos máis na Ribeira Sacra. Topónimos como a ribeira dos Lagares [en Vilachá de Salvadur] falan por si mesmos», apunta el arqueólogo. Más incierta y compleja es la datación de estas construcciones, condicionada por la falta de documentación y de contextos arqueológicos. «Se pensamos na época medieval fixo que daquela existían. ¿Máis atrás? É posible. Tampouco na época castrexa tiñamos localizadas necrópoles e apareceron. Nos lagares rupestres non se pode ir máis lonxe sen un traballo en profundidade», opina el investigador.

Cerca de un castro.

Los lagares rupestres descubiertos en la Ribeira Sacra ourensana se encuentran en Penalonga y Chao do Couso, parajes próximos entre sí y situados en las cercanías de un castro. Su tipología es muy similar a las construcciones de mayor tamaño que localizó el coruñés Luis Paadín, en colaboración con asociaciones culturales y particulares que conocían o habían oído hablar de su ubicación, en otros puntos de Galicia. Iván Álvarez, autor de la catalogación de bienes patrimoniales para el plan general de ordenación municipal de Trives, también recurrió a los lugareños para dar con los lagares. Se trata, en ambos casos, de excavaciones realizadas en la roca, provistas en uno de sus extremos de una cavidad que facilitaría la salida del liquido por gravedad tras la labor de prensado.

El lagar de Penalonga sobresale por las dimensiones y por la mayor profundidad de la excavación de su cuerpo principal, de forma rectangular. En este caso, por debajo del orificio de salida de la parte destinada al prensado aparece un segundo nivel al que pasaría el líquido por decantación. En los laterales de la pila se aprecian hendiduras simétricas que se cree sujetaban las vigas de los mecanismos empleados para el prensado. En Chao do Couso, por el contrario, la extracción parece haber sido más rudimentaria, mediante la aplicación de piedras sobre el fruto.

Con estas construcciones se buscaba presumiblemente elaborar bebidas a partir de la extracción del zumo de la uva o, en última instancia, de la manzana. Los tres lagares localizados en la Ribeira Sacra carecen del resalte en la parte central que, según los expertos, caracteriza a las prensas olearias, destinadas a la elaboración de aceite, de las que se conservan vestigios en zonas de Extremadura.

Las dos construcciones localizadas en Trives responden a una tipología muy frecuente y estudiada en zonas del norte de Portugal. En la línea de los investigadores de ese país, Paadín sostiene que la ubicación de los lagares que aparecieron en el sur de Galicia hace pensar en su vinculación al viñedo. «Se encuentran en altitudes medias consideradas óptimas para el cultivo de la vid, en laderas con buenas orientaciones, lo que hace pensar que estarían rodeados de viñas», opina el sumiller coruñés, cuya investigación surgió a raíz de una alusión del Tratado de Viticultura General de Luis Hidalgo a un lagar existente en Verín.

Álvarez, por su parte, abunda en esta interpretación. «Se son medievais, pode dicirse ao noventa por cento que eran para viño. Foi a época da expansión do viñedo na Ribeira Sacra e se alguén se tomou a molestia de facelos é porque había unha necesidade produtiva. Están ademais en zonas de viñedo onde este cultivo vén de moi lonxe», apunta el arqueólogo.

Esta hipótesis ofrece pocas dudas, más allá de la datación de los hallazgos, en las construcciones localizadas en Trives, en la ribera del Bibei.

Pozos comunicados.

En el caso de la Cova de Ricopete, situada en Paradaseca, municipio de Quiroga, Iván Álvarez conocía desde hace tiempo su existencia, pero siempre pensó que podía formar parte de una antigua ferrería. «Xa lle escoitara a meu pai [el también arqueólogo Antonio Álvarez] que podía tratarse dun lagar. Foi despois de saber que apareceran noutros puntos de Galicia cando reparei en que era un deles».

La construcción consta de dos pozos excavados en la piedra a distinto nivel. El más próximo a la roca tiene planta rectangular, de un metro por metro y medio, y casi medio metro de fondo. A través de un orificio, se comunica con un segundo depósito. «A día de hoxe estou convencido de que era un lagar de viño ou de mazá», dice Iván Álvarez.

Los hallazgos responden a una tipología habitual en otras zonas de tradición vitícola.