jueves, 16 de enero de 2014

La pintura en la prehistoria no cambió en miles de años.

Figura rupestre de abrigos rocosos situada en el conjunto de Minateda en Hellín (Albacete). / CSIC
Los primeros agricultores y ganaderos pintaban con los mismos pigmentos que sus antepasados cazadores-recolectores. Esta es una de las conclusiones a las que ha llegado un estudio liderado por la Universidad Nacional de Educación a Distancia, con la participación de investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, que ha analizado por primera vez dos figuras rupestres de abrigos rocosos situados en el conjunto de Minateda en Hellín (Albacete), de estilos diferentes y separadas por varios milenios en el tiempo.
Un estudio liderado por la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), y que cuenta con la participación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha analizado por primera vez dos figuras rupestres de abrigos rocosos situados en el conjunto de Minateda en Hellín (Albacete), de estilos diferentes y separadas por varios milenios en el tiempo.
"La tradición historiográfica ha destacado siempre el abrigo grande de Minateda desde su descubrimiento a principios del siglo pasado por su espectacularidad y complejidad como el más emblemático para definir el origen y evolución del arte rupestre prehistórico del arco mediterráneo", declara Martí Mas, autor principal del estudio e investigador del departamento de Prehistoria y Arqueología de la UNED.
Los resultados, publicados en Journal of Archaeological Science, indican que la composición de la pintura en la prehistoria no cambió en miles de años y que no existieron connotaciones culturales o rituales en su elaboración.
La primera de las figuras analizadas, que representa a un bóvido, pertenece al arte levantino que practicaban los cazadores-recolectores nómadas que poblaron la península hace unos 10.000 años, mientras que la segunda, un cuadrúpedo, es de estilo esquemático, desarrollado por los primeros productores, agricultores y ganaderos que vivieron en la zona hace entre 6.500 y 3.500 años.
"Por primera vez se ha abordado el análisis de las fracciones inorgánica (pigmentos y posibles cargas) y orgánica (aglutinantes)", añade Mas.
El primer estilo se caracteriza por el naturalismo de sus formas y escenas, mientras que el segundo esquematiza sus motivos, llegando a veces, incluso, a la abstracción.
Los artistas emplearon como pigmentos óxidos de hierro y terrígenos, materiales fácilmente localizables en el entorno de los abrigos analizados: el Abrigo Grande de Minateda, el más emblemático para definir el origen y la evolución del arte rupestre del Arco Mediterráneo de la península ibérica, y el Abrigo del Barranco de la Mortaja.
"Las composiciones de los pigmentos empleados en ambos estilos, separados por varios milenios en el tiempo, son idénticas, lo que significa que los artistas no acudieron a recetas intencionadas, como se creía hasta ahora, sino que se trata de materia pigmentante abundante y de buena calidad que era fácil de obtener en los alrededores", indica Alberto Jorge, investigador del CSIC en el Museo Nacional de Ciencias Naturales.

Nuevas interpretaciones

Otra de las conclusiones del trabajo tiene implicaciones en la metodología de la investigación de los pigmentos del arte rupestre al aire libre. La aparición de oxalato cálcico demostraría que el pigmento y el soporte se fusionaron con la capa exterior con el paso de los siglos.
"Este resultado cuestionaría los estudios realizados hasta ahora basados en distinguir tres capas estratigráficas -soporte rocoso, pintura y pátina externa-, ya que estas se ven fusionadas y alteradas continuamente, lo cual introduce un acusado factor aleatorio en las dataciones", explica Jorge.
Los investigadores también han detectado la presencia de determinados ácidos grasos, lo que indicaría que los pigmentos, al ser procesados, aplicados o almacenados, pudieron estar en contacto con pieles de animales.
"De ahora en adelante hay que ser muy prudentes al hablar de rituales en la elaboración de los pigmentos, ya que estas interpretaciones surgieron al hallar en el pigmento sustancias como los fosfatos cálcicos, interpretados como huesos calcinados y triturados. Estas extrapolaciones no son correctas, ya que estas sustancias las encontramos también en el propio sustrato rocoso", agrega el investigador del CSIC.
El trabajo ha contado con la participación además de la Universidad de Huelva y el Instituto de Patrimonio Cultural de España y con la colaboración del Museo de Hellín y la Junta de Castilla-La Mancha. En él se han combinado por primera vez cuatro técnicas complementarias: la microfotografía, microscopía electrónica de barrido y microanálisis de energía dispersiva por rayos X, microespectroscopía Raman y cromatografía de gases.