lunes, 13 de enero de 2014

Un gran incendio arrasa un milenario pueblo tibetano de Shangri-la.

El fuego ha destruido negocios y múltiples reliquias y ha obligado a evacuar a 2.400 de los vecinos.
Un gran incendio arrasa un milenario pueblo tibetano de Shangri-la.
Un incendio originado por causas hasta ayer desconocidas devastó más de 200 edificios de la ciudad tibetana de Dukezong (provincia de Yunan, sur de China), uno de los puntos turísticos más visitados del Tíbet al ser el supuesto origen de la leyenda del mítico valle de Shangri-La. El incendio comenzó sobre la una y media de la madrugada (en torno a las 18.30 del viernes en España) en el casco viejo de la ciudad, situada en la prefectura autónoma tibetana de Dequen, donde la mayor parte de las construcciones son de madera, factor que junto a los fuertes vientos dificultaron las tareas de extinción del incendio. En diez horas, ardieron 242 edificios y más de 2.500 personas tuvieron que ser desalojadas. Se necesitaron más de 2.000 bomberos para controlar el fuego.

Dukezong, que significa La ciudad de la luna, tiene más de 1.300 años de antigüedad y era un habitual punto de paso en la Ruta Sur de la Seda. Fue construida en el siglo VII cuando el Tíbet emergió como un imperio unificado y tenía el control de la región. En la urbe se encuentran algunos de los monumentos y edificios más conocidos de la tradición tibetana. El condado de Shangri-La, donde se encuentra la ciudad, lindante con la Región Autónoma de Tíbet, adoptó su nombre en 2001 tras reconocerse en la novela Horizontes Perdidos, escrita por James Hilton en 1933, y que describe una suerte de paraíso terrenal. La novela logró que el nombre de este lugar ficticio fuera aplicado por extensión a cualquier paraíso terrenal, pero sobre todo a una zona mítica del Himalaya: una tierra de felicidad permanente, aislada del mundo exterior. En la novela, las personas que viven en Shangri-La son casi inmortales, de modo que aventureros y exploradores nunca han dejado de intentar hallar ese paraíso perdido.

Muchas presentaciones turísticas de Dukezong la describen como la ciudad tibetana más grande y mejor conservada de todos los condados tibetanos de China. Pero al igual que cientos de ciudades y condados chinos, Shangri-La ha renovado su antiguo barrio convirtiéndolo en una de las mayores atracciones turísticas de la región, llena de tiendas y hostales.

Al limitar con el Tíbet, la historia y la cultura tibetana en esta parte de la provincia de Yunan tienen una fuerte presencia. La mayoría de sus habitantes son de esta etnia, si bien también residen chinos de etnia lisu, yi y naxi. A pesar de que las autoridades del condado han conseguido granjearse en los últimos años la neutralidad de China y Tíbet, de un tiempo a esta parte se tiene constancia de tensiones entre la población.

Por esto, las autoridades no descartan que el incidente esté relacionado con los incendios declarados durante los últimos meses, varios de ellos provocados, en varios monasterios de las zonas tibetanas de China, incluido uno en la provincia de Sichuan —también colindante con el Tíbet— esta misma semana, según la prensa estatal. En este reciente caso, el fuego se produjo en un monasterio tibetano budista de gran importancia fundado en 1980 y formalmente establecido en el 97, sin que se confirmara ninguna víctima. El fuego destruyó una docena de las viviendas donde residen 10.000 monjes, y que le convierten en uno de los centros de este tipo de más grandes del mundo.

Hasta última hora las autoridades chinas no dieron cuenta de fallecidos ni de heridos graves. Sin embargo, el incendio supone un duro golpe a una comunidad que ha tratado de proteger sus tradiciones y atraer crecientes multitudes de visitantes. Dukezong tiene alrededor de 3.000 residentes y está próxima a una moderna ciudad mucho más grande, también llamada Shangri-La, mayormente poblada por residentes chinos. La zona donde se encuentra, que se llamaba Gyaitang Zong en tibetano o Zhongdian en chino, cambió su denominación por la de Shangri-La hace 12 años.

“Después de que empezara el fuego, muchos se apresuraron a ayudar en el momento, pero las condiciones de sequedad y la velocidad de las llamaradas hicieron que se propagara rápidamente en todas direcciones”, dijo un funcionario del condado, según el sitio web de noticias del Gobierno de Yunan. Fotos y vídeos en sitios web de noticias chinas y medios sociales muestran Dukezong y sus calles laberínticas envueltas en llamas que llegan hasta el cielo, ruinas humeantes, casas derrumbadas y un cielo nocturno rojo.

He Yu, una residente, se despertó con sonidos de explosiones fuertes y vio el barrio en llamas, según informa la agencia Associated Press. “El fuego era enorme”, dijo He. “El viento soplaba con fuerza, y el aire era seco. Tenía miedo porque mi casa está a poca distancia de la ciudad antigua. Se continuaba quemando, y los bomberos estaban allí, pero era poco lo que podían hacer, ya que no podían llevar los coches de bomberos por las calles estrechas”. Con los camiones de bomberos sin posibilidad de entrar en las estrechas calles, fueron los residentes los que se pusieron en línea y utilizaron cubos de agua para combatir el fuego, informa la citada agencia citando al Gobierno local.

El Tíbet ha sido un país que ha sufrido numerosas invasiones por parte de sus vecinos chinos, mogoles (fueron quienes cedieron el poder a los Dalai Lama), manchúes, nepalíes e incluso de Inglaterra; en la primera parte del siglo XX se han repetido los intentos de ocupación del Tíbet, por parte de China, que culminaron con la anexión definitiva en 1949. Cuando las tropas chinas entraron en el Tíbet, el país todavía seguía siendo un territorio alejado e inaccesible tanto para Occidente como para sus propios vecinos asiáticos. La entrada de periodistas al Tíbet está prácticamente prohibida y los turistas solo pueden viajar a unas zonas escogidas, bajo el control de las autoridades. China, por supuesto, nunca ha reconocido su papel de invasor del Tíbet y mantiene que dicho acto fue la “liberación pacífica de una región oprimida que siempre había pertenecido a China”.

Vía: El País