sábado, 18 de enero de 2014

Una mano casi humana de 7 millones de años de antigüedad.

Un extinto primate lejano a nuestro linaje tenía la extrordinaria capacidad de sujetar objetos con precisión haciendo una pinza con los dedos, parecido a lo que hacemos nosotros.
 Reconstrucción del Oreopithecus bambolii.
Investigadores del Instituto Catalán de Paleontología Miquel Crusafont (ICP) han descubierto que el Oreopithecus bambolii (mono del pantano), una especie de primate hominoideo que habitó las actuales Toscana y Cerdeña hace entre 8,2 y 6,7 millones de años, era capaz de sujetar objetos haciendo una pinza con los dedos parecida a la que hacen los humanos, con una precisión muy superior a la que realizan otros primates actuales. Esta adaptación habría permitido al mono obtener y procesar manualmente alimentos en un ambiente insular donde los recursos eran escasos, según publica el autor de la investigación, Sergio Almécija, en la revista American Journal of Physical Anthropology.

El esqueleto más completo de Oreopithecus bambolii fue descubierto en 1958 en una mina de carbón. Corresponde a un joven adulto macho de unos 30 kilos conocido con el apodo de "Sandrone". Aunque el Oreopithecus es un hominoideo fósil europeo bien conocido, su clasificación ha sido siempre controvertida. Actualmente es considerado un hominoideo, pero a mediados del siglo pasado, algunos autores lo situaron cercano a cercopitécidos (grupo que comprende los macacos o los babuinos, entre otros), o incluso fue considerado como un representante de los primeros homininos (el grupo que comprende los humanos y sus ancestros fósiles). La dificultad en su clasificación es debida a que sus restos parecen un puzzle de caracteres ancestrales y modernos.

La morfología de la mano de Oreopithecus —y particularmente la de su pulgar— ha sido objeto de gran controversia y muchas publicaciones científicas durante los últimos 25 años, informan desde el ICP. En la nueva investigación, el equipo de Sergio Almécija ha comparado la morfología de la falange distal del pulgar de Oreopithecus con la de otras especies actuales y fósiles: seres humanos, diversas especies de monos, hominoideos actuales (gibones, orangutanes, gorilas y chimpancés), y fósiles como Proconsul o Pierolapithecus (la especie encontrada en Els Hostalets de Pierola y descrita por el espécimen conocido popularmente como «Pau»).

El estudio concluye que las proporciones de la falange distal del pulgar del Oreopithecus son parecidas en especies actuales aparentemente tan diferentes como gibones y gorilas, y también en especies fósiles como el Orrorin (uno de los primeros miembros del linage humano) o el Proconsul, lo que los investigadores han interpretado como una característica ancestral del grupo. Por otro lado, sin embargo, la falange de Oreopithecus presenta algunas características anatómicas que sólo se ha encontrado en humanos actuales y fósiles y que estudios previos han relacionado con la capacidad humana de coger objetos usando una pinza de precisión con las partes planas de las yemas de los dedos del pulgar y el índice, una habilidad que se conoce en inglés como pad-to-pad precision grip.

Sobrevivir en una isla.

La gran mayoría de primates no humanos son capaces de manipular objetos con cierto grado de precisión utilizando el pulgar y uno o más dedos, pero los humanos son los únicos que pueden sujetar objetos de forma delicada pero segura entre las yemas del pulgar y otros dedos. Esto es posible porque nuestro pulgar es robusto y largo en relación al resto de dedos. En cambio, en los hominoideos actuales como los chimpancés, el pulgar es proporcionalmente mucho más corto que los otros dedos y sólo pueden coger los objetos sujetándolos entre las puntas o los lados de los dedos de una manera menos precisa. En el Oreopithecus, sin embargo, el pulgar era largo en relación al resto de dedos y usaba una pinza de precisión de tipo humano para manipular alimentos.

Según los investigadores, esta capacidad del Oreopithecus se puede explicar por las características del ambiente donde vivió: hace 7 millones de años, la zona de la Toscana y Cerdeña formaban parte de una isla. En condiciones de insularidad, los animales desarrollan adaptaciones particulares para minimizar el gasto energético, ya que el alimento suele ser un recurso limitado y no suele haber depredadores terrestres de los que huir. Estas adaptaciones incluyen cambios en la forma de alimentarse y en la de desplazarse. En el caso de Oreopithecus, la posibilidad de tomar alimentos con precisión la habría permitido ser más eficiente en la recolección y sobrevivir en un entorno con escasez de alimentos.

Vía: ABC