lunes, 10 de febrero de 2014

Tumbas romanas de Córdoba: Un rico y oculto patrimonio.

Ana Ruiz Osuna, Premio Martín Mingorance de la UCO, desvela cinco grandes monumentos funerarios de Córdoba que podrían conformar una ruta.
Tumbas romanas de Córdoba: Un rico y oculto patrimonio.
No había mayor miedo en época romana que caer en el olvido. Por eso, la mayoría de familias poderosas o de libertos que terminaban medrando económicamente se hacían construir grandes monumentos funerarios que exponían a la vista de todos junto a las principales vías de una ciudad, a fin de que cualquiera pudiera leer su nombre o el de su familia y así acabara perdurando en el tiempo.
En este sentido, Córdoba es una localidad especialmente rica. Quizá una de las ciudades de la Hispania antigua en la que más representaciones de monumentos funerarios se conservan, algunos especialmente grandes. Como capital de la Bética que era, también fue, en este sentido, «un modelo para todo el ámbito territorial bajo su influjo», según explicó a este periódico la doctora Ana Ruiz Osuna, profesora del Área de Arqueología de la Universidad de Córdoba, que acaba de ser galardonada con el Premio Leocadio Martín Mingorance por su trabajo sobre la topografía y la monumentación funeraria de la Colonia Patricia Corduba.
Según ese estudio, los primeros vestigios funerarios datan de época tardorrepublicana (a partir del siglo II antes de Cristo), ya que de lo anterior no se han podido localizar restos, después de que la posterior ampliación augustea de la ciudad arrasara con la antigua necrópolis. Y «lo más curioso de todo es que todos los monumentos que tenemos documentados responden a modelos itálicos y no a la tradición ibérica, turdetana, que hubiera sido lo más lógico», añadió. Así, se trata de tumbas en forma de altar o de edicola, que es lo que se hacía en la Italia de aquella época remota.
La doctora explicó que esos monumentos bien pueden conformar, con las dificultades que eso entraña, una ruta con gran atractivo turístico, siempre y cuando se salven algunas dificultades actuales. Así, la ruta podría comenzar en los túmulos de la Puerta Gallegos —son dos gemelos, de los que se ha reconstruido uno— y que son los que más se conocen por estar de cara al público. En uno de ellos el profesor Desiderio Vaquerizo puso en marcha en 2001 un proyecto de centro de interpretación del mundo funerario «como hay pocos en España», que apenas estuvo abierto mes y medio y que hoy duerme el sueño del olvido.
En otra de las puertas de la ciudad, la de Sevilla, existe otro monumento carente de todo tipo de señalización, con lo que es más desconocido todavía para la población. Fue localizado en los años 40 del siglo XX en la calle Antonio Maura por Samuel de los Santos Jener, tiene una entrada de arco de medio punto, es de planta cuadrada y está hecho de sillería.
El siguiente punto se ubica en La Merced. En su sótano hay otro monumento muy similar al anterior, de carácter semisubterráneo, con bóveda y recinto, que apareció durante la ampliación del Palacio para adaptarlo a sede de la Diputación en los años 70. Otro muy cercano a él, y también similar, se ubica en los sótanos de La Bodega, 5, es decir en un edificio privado, mientras que en la calle Muñices, al lado de la plaza de la Magdalena, está el que mejor ha podido reconstruir la doctora Ana Ruiz, merced a la gran cantidad de restos de decoración que aparecieron allí.

Una de las más grandes.


«Es muy antiguo y grande, con una fachada de más de seis metros, construido en piedra, con pilastras, guirnaldas y esculturas dispuestas en la parte de arriba en forma de templete», lo describe esta experta enamorada del mundo romano cordobés. Toda una delicia que tiene el mismo problema que el anterior: está conservado en un espacio privado y de difícil acceso para el público en general.
Y como estas maravillas del mundo del más allá ocurre con otros tantos elementos «invisibles»: desde unas cloacas magníficas bajo un bloque de viviendas de Antonio Maura, hasta unas termas con piscina ocultas y bien conservadas bajo un edificio de la calle Concepción. «Tenemos mucho de lo que presumir, pero la ciudad necesita sacar eso a la luz y explotar otros rincones diferentes al entorno de la Mezquita-Catedral», asegura. Todo un reto para cualquier administración con un mínimo de visión de futuro.
«Sería fundamental diseñar una red articulada de rutas, con señalítica abundante, para ofrecerlas a los turistas interesados, que son muchos, por lo que hemos comprobado en nuestro programa de visitas a través de Arqueología somos todos», abundó. Y para ello, la Administración tendría que estudiar fórmulas para hacer accesibles determinados monumentos ubicados en propiedades privadas.
Entre tanto, se puede echar mano de las nuevas tecnologías, como, de hecho, ya está haciendo este grupo. «Probablemente la semana que viene podamos poner en marcha nuestro visor cartográfico en la web, que permitirá visitar de forma virtual la Córdoba Romana», y abrir el apetito por hacerlo luego de forma presencial. Por el momento, se van a hacer ocho rutas temáticas.
Vía: ABC