martes, 11 de marzo de 2014

Brutos, machistas y despiadados: los falsos mitos del hombre de las cavernas.

Las sociedades prehistóricas no eran tan salvajes como muchos creen: se adornaban, mayores y enfermos recibían cuidados y ellas se iban «de viaje».

1. Un mundo de ficción con dinosaurios y biquinis.
Raquel Welch en un fotograma de la película «Hace un millón de años».
Lo que sabemos sobre la Prehistoria no siempre procede de libros de divulgación o de los documentales científicos, en muchas ocasiones el cine, la televisión o las novelas de ficción nos han ayudado a recrear una época de la evolución humana plagada de tópicos y errores flagrantes en nuestro imaginario colectivo. Como explican Marián Cueto Rapado, del Instituto Internacional de Investigaciones Prehistóricas de Cantabria (Universidad de Cantabria) y Edgard Camarós, del Instituto Catalán de Paleontología Humana y Evolución Social (IPHES) en un trabajo sobre la falsificación de la Prehistoria, los canales cotidianos como la televisión, el cine o la publicidad nos han hecho creer que los dinosaurios luchaban contra los seres humanos (cuando se extinguieron millones de años antes de que llegaran nuestros primeros ancestros), las mujeres tienen una actitud pasiva «en sociedades patriarcales que se dan por supuestas y por consiguiente por naturales u originales» y los hombres se representan como seres «brutales, guiados únicamente por sus instintos para luchar por su supervivencia como un elemento más de la cadena trófica», dicen en su investigación.

Según estos autores, este es el caso de películas como «Mujeres Prehistóricas» (1950, 1967), «Hace un millón de años» (1940, 1966), «Cuando los dinosaurios dominaban la Tierra» (1970) o «Criaturas del mundo perdido» (1971), en las que aparecen de forma recurrente tres elementos: cavernícolas, monstruos gigantes y biquinis pudorosamente absurdos. En estas películas, no faltan animales exageradamente grandes, como cangrejos o tortugas gigantes, que muestran una gran agresividad, cuando en realidad muchos de ellos ni siquiera son carnívoros.


2. ¿Raquel Welch? Ellos las preferían más rechonchas.
La Venus de Hohle Fels.
Raquel Welch puede parecer perfecta según los cánones de belleza actuales, pero seguramente en el Paleolítico medio podría haber pasado por una hembra algo esmirriada. Al menos, si atendemos a las estatuillas que los arqueólogos han encontrado en diferentes yacimientos y que, en comparación, dejan a las mujeres de Rubens casi como unas sílfides. Estas pequeñas venus, como la encontrada en 2009 en la cueva de Hohle Fels, en la región alemana de Suabia, muestran unos atributos descomunales, casi pornográficos. Esta, la más antigua figurilla humana conocida, está adornada con unos atributos sexuales tan evidentes que el director del Instituto de Prehistoria de la Universidad de Tubinga reconoce que se quedó «sin habla al verla». Senos, trasero y labios vaginales aparecen destacados exageradamente. Es «una pieza llena de energía y muy expresiva», calificaban sus descubridores la talla en marfil de mamut.

3. Unos roles sexuales no tan tradicionales.
Ilustración del ambiente en el que vivían los Paranthropus robustus.
Que lo «natural» sea que desde el origen de los tiempos las mujeres se queden en casa y los hombres se aventuren fuera en proyectos de mayor envergadura es, simplemente, una traslación de las sociedades tradicionales modernas. Hace dos millones de años, según un grupo internacional de investigadores dirigido por la Universidad de Colorado Boulder (EE.UU.) entre los australopitecinos, eran las hembras las que se desplazaban lejos de sus territorios mientras que los machos se quedaban en el mismo lugar en el que había nacido.
El equipo estudió el esmalte dental de varios Australopithecus africanus y Paranthropus robustus, especies que forman parte de la línea evolutiva que conduce directamente hasta el hombre moderno, procedentes de las cuevas surafricanas de Sterkfontein y Swartkrans. Descubrió que más de la mitad de los dientes femeninos (de entre 2,4 y 1,7 millones de años) se habían formado lejos del lugar en el que esas mujeres se criaron. Por el contrario, esto no ocurría con la mayoría de los dientes masculinos, lo que demuestra que ellos pasaban toda su vida en el mismo lugar.
4. Había piedad: atendían a los débiles y a los mayores.
Reconstrucción del
aspecto del hombre.
El anciano más antiguo jamás descrito en todo el registro fósil vivió hace medio millón de años en la sierra de Atapuerca. Decimos anciano pero tenía 45 años y sus condiciones físicas estaban tan deterioradas que apenas podía caminar erguido. Los investigadores creen que sin la ayuda de sus congéneres no habría podido valerse y habría muerto sin remedio. Tanto es así que consideran que es un ejemplo de que las sociedades humanas previas al homo sapiens, nuestra propia especie, ya cuidaban de sus miembros enfermos o mayores.Nada que ver con la imagen de brutos sin el menor sentimiento que muchas veces tenemos de nuestros ancestros.

Este varón, de la especie Homo Heidelbergensis, antepasado de los neandertales, padeció importantes enfermedades degenerativas que seguramente le produjeron intensos dolores en las zonas lumbar y pélvica. Caminaba encorvado y es posible que utilizara un bastón para mantenerse erguido. No podía cazar o realizar otras tareas, así que los científicos creen que recibió ayuda para alimentarse y para seguir al grupo, formado por cazadores nómadas.
5. Comenzaron a adornarse muy pronto.
Las conchas perforadas.
Otro ejemplo de que los hombres primitivos no eran tan brutos y prestaban atención a cuestiones más allá de alimentarse y reproducirse. La primera muestra del uso de adornos, unas conchas perforadas, data de hace 100.000 años y se ha encontrado en los yacimientos de Skhul, en Israel, y Oued Djebbana, en Argelia, lo que demuestra que los homo sapiens, que aparecieron en el continente hace unos 200.000 años, desarrollaron pronto ese tipo de comportamientos modernos, ejemplo de un pensamiento simbólico, al menos en algún tipo de grado.
Las conchas corresponden a ejemplares de una especie de caracol marino que solo se encuentra en el Mediterráneo central y oriental. Tienen un único agujero en el centro y los investigadores llegaron a la conclusión de que fueron perforadas por el hombre.
6. «En busca del fuego», la más acertada.
Fotografma de «En busca del fuego», de J.J. Annaud.
El filme de J.J. Annaud «En busca del fuego» (La guerre du feu) es, a juicio de los investigadores Cueto y Camarós, la película más acertada acerca de los primeros tiempos del Homo sapiens y los neandertales. La película contó con el asesoramiento del novelista británico Anthony Burgess, que creó el idioma ficticio de los protagonistas, y el etólogo Desmond Morris, que se encargó del lenguaje gestual que recuerda a los simios. Según los investigadores, la película incurre en algunos errores, como la aparición de un grupo de humanoides que ataca a los protagonistas y que parece demasiado primitivo para coexistir con los sapiens que aparecen al final.
Sin embargo, los últimos descubrimientos al respecto parecen indicar que el árbol de la evolución pudo ser más complejo de lo que se creía y que varias especies homo pudieron convivir al mismo tiempo, por lo que quizás Annaud no estuviera tan equivocado.
En general, Cueto y Camarós creen que «En busca del fuego» ofrece «una idea aproximada de cómo podría haber sido la vida en tiempos prehistóricos: el grado de desarrollo tecnológico, las relaciones sociales dentro del grupo, la relación con el medio y con otros animales que no siempre buscan comerse a los humanos». A su juicio, es la película «más rigurosa» que se ha hecho sobre el tema.
Judith de Jorge
Vía: ABC