lunes, 31 de marzo de 2014

El Ayuntamiento reconstruirá parte del friso del Templo Romano de Córdoba con restos auténticos.

Usará una pieza que está dentro del complejo para que el visitante se haga la idea de cómo era el monumento.

Infografía cedida por el arquitecto Alberto Roa con una aproximación a lo que fue el Templo Romano.
La imagen que toda la ciudad tiene del Templo Romano de Córdoba, la de las columnas postizas, se verá alterada en los próximos meses cuando vea la luz la siguiente fase del proyecto municipal de intervención sobre uno de los monumentos más populares de la ciudad, probablemente, porque se encuentra en plena calle, a la vista de todos. El Consistorio ha previsto que, dentro del plan de actuaciones, se reconstruirá una parte del friso que tuvo el templo de culto imperial cuando estuvo en funcionamiento y que, en parte, se salvó de la destrucción.

En realidad, el Templo Romano, al menos tal y como lo conocemos, es un enorme falso histórico sobre restos arqueológicos reales lo que no impide que sea Bien de Interés Cultural desde el año 2007. Solamente lo que está en el suelo y algún capitel es romano. La zona fue un gran terrizo hasta los años 50 cuando se produjeron las excavaciones de Félix Hernández, Samuel de los Santos y Antonio García y Bellido debido a la ampliación del Ayuntamiento proyectada por el alcalde Cruz Conde. La mayor parte del Templo se encuentra en esa cantidad de restos que se encuentran en el complejo (liberado ya de las cancelas), en el Museo Arqueológico o en alguna plaza de la ciudad donde sirven de ornamento. En su día, se decidió reconstruir el pórtico, la zona de acceso, a un complejo que era mucho mayor de lo que hoy podemos siquiera imaginar.

Lo que quiere hacer el Ayuntamiento, y pagar por medio del Plan Turístico de Grandes Ciudades, recibe el nombre de anastilosis. Es una técnica de intervención en los monumentos que reconstruye con piezas reales mezclando, a veces, con elementos nuevos. En este caso, una de las grandes piezas que se encuentra en el suelo, del tamaño de un tresillo, es la parte del friso que unía tres de las columnas del templo original. Eso es lo que se va a colocar. En estos momentos, cuesta imaginarse que esa pieza encaje en ese lugar, básicamente, porque en el suelo se encuentra el revés. El proyecto está realizado, ha sido supervisado por la Gerencia de Urbanismo y forma parte de la segunda intervención que se lleva a cabo allí.

Probado en Cartagena.

La misión de esta actuación es sencilla y ya se ha probado en otros lugares como en el templo de Cartagena, bien es verdad que a mayor escala. Se quiere dar una impresión mucho más real de lo que fue el complejo de culto imperial, el más grande que hubo en la ciudad —aunque no el único— y que en estos momentos resulta difícil concebir. En aquella época, el siglo I después de Cristo, la zona era una gran explanada rodeada por una plaza porticada abierta por uno de sus lados y cuyas dimensiones fueron posibles gracias a la creación de unos enormes cimientos, las antérides, parcialmente visibles. Ha quedado abandonado en el archivo de proyectos no realizados la antigua idea municipal de realizar una especie de túnel bajo Capitulares para que esa parte del templo fuese visible.

El nuevo concepto del Templo Romano es el de una iniciativa de visita mucho más directa que permita conocer esa etapa de la historia de la ciudad. El trabajo lo está coordinando el edil de Patrimonio, Rafael Jaén, y ha dado buenos frutos solamente quitando las antiguas verjas y realizando actividades suplementarias. Van más de 40.000 visitas. «El Templo Romano es un imán», afirma satisfecho.

La segunda fase del proyecto, además de la reconstrucción, consiste en la creación del Centro de Interpretación de la Córdoba Romana, que se hará en la planta baja. Tendrá material audiovisual, paneles explicativos y ese tipo de material didáctico, aunque la novedad estará fuera. Los lienzos libres del propio recinto del templo se usarán para instalar unas pequeñas gradas que servirán para los grupos que asistan con guía. Se podrá visitar el centro como una especie de arqueológico al aire libre toda vez que lo verdaderamente valioso del yacimiento se encuentra en el suelo. Por último, el proyecto usa esas paredes blancas para realizar proyecciones audiovisuales que permitan conocer mucho más, de una forma amena, sobre el que fuese el principal templo.

Las actuaciones sobre las calles Claudio Marcelo y Capitulares solamente se plantearían a medio plazo y de una forma que aún no se han planteado. Probablemente, contribuyendo a una mejor ornamentación de la zona. En el Consistorio se plantea una idea. Poner las calles con pavimento de plataforma única para que la zona se parezca remotamente a lo que un día pudo ser.

Vía: ABC