sábado, 29 de marzo de 2014

¿En qué año nació realmente Jesús de Nazaret?

¿En qué año nació realmente Jesús de Nazaret?
Jesús de Nazaret no nació un 24 de diciembre. Tampoco nació en el año cero –nunca hubo tal– o en el año uno de nuestra era. Es difícil entenderlo, pero de hecho Cristo nació antes de Cristo.
El culpable del desfase temporal fue un monje escita que vivió entre los siglos V y VI llamado Dionisio el Exiguo, cuyo apodo parece responder a que era muy pequeñito. En cierta ocasión, corriendo el año 525, el papa Juan I encargó a este Dionisio un nuevo calendario para identificar correctamente las fechas de Pascua. Dionisio era un gran cerebro de la época, versado en Derecho Canónico y en Matemáticas.
Nadie mejor que él, por tanto, para acometer la compleja tarea de reformar el calendario.
Hasta ese momento, en Europa se contaban los años a partir de la fundación de Roma –“ab urbe condita”, se decía–, algo que ocurrió en el año 753 antes de Cristo. Como el cálculo era complicado, la mayor parte de la gente se limitaba a usar como referencia los años del consulado o imperio en vigor: tercer consulado de César, año de Nerón, etc. En España era distinto: aquí se usaba una medida de tiempo singular, la era hispánica, que empezaba en el 38 antes de Cristo, al parecer porque esa fue la fecha formal de la pacificación de Hispania por el emperador Octavio Augusto.
Una difícil labor.
Y bien, la tarea de Dionisio era señalar correctamente las fechas de Pascua de Resurrección, para lo cual tenía que empezar a contar los años desde la muerte de Jesús, y para lo cual, a su vez, debía fijar la fecha del nacimiento. ¿Cómo hacerlo? Dionisio tenía una referencia muy concreta: dicen los Evangelios que Jesús nació en tiempos del rey Herodes el Grande, un monarca títere que los romanos habían puesto en Judea. Dicen también que Herodes quiso perseguir al Niño, que la familia tuvo que huir a Egipto para escapar de la ira del rey y que, enseguida, Herodes murió.  Fácil: bastaba buscar la fecha de la muerte de Herodes el Grande para fijar la fecha del nacimiento de Jesús. Pero Dionisio, ay, se equivocó.
Nadie sabe muy bien cómo Dionisio el Exiguo, a pesar de toda su ciencia, dio en situar la fecha de la muerte de Herodes el Grande en el año 753 desde la fundación de Roma. La verdad era que Herodes murió al menos cinco años antes. El hecho es que Dionisio situó el año 1 de la era cristiana en el 753 de la era romana… cuando Jesús ya debía de contar al menos con 4 años de edad. El despiste del Exiguo había situado la fecha de nacimiento de Cristo varios años después de que naciera. O sea, que Jesús nació… antes de Cristo.
Jesús de Nazaret debió de nacer entre los años -3 y -5. La fecha de su predicación, ya con 30 años de edad, debió de coincidir con la llegada de Pilato como prefecto de Judea, cosa bien datada en el año 26 de nuestra era. Ya sabemos que Jesús no nació en el año 1, pero es que tampoco nació realmente un 24 de diciembre. Para empezar, es difícil hacer la traslación del calendario judío tradicional al calendario romano que hoy conocemos. Pero es que, además, los Evangelios tampoco dan una fecha precisa para la Natividad. Los investigadores han tratado de reconstruir la fecha a partir de las descripciones de ambientes de los evangelistas. Así, hay quien opta por una fecha primaveral, porque la presencia de pastores parece indicar abundancia de pastos frescos. Pero hay también quien opta por una fecha otoñal porque los pastores acuden al portal con sus primicias, lo cual sugiere una fecha posterior al verano, con la cosecha recogida. A estos cálculos se añaden otros que toman como referencia los turnos sacerdotales según las Escrituras, lo cual da un amplio abanico de fechas en el que no es fácil decidirse por ninguna. Pero, entonces, ¿de dónde viene eso del 24 y el 25 de diciembre?
Hay que recordar que, en los primeros siglos de la cristiandad, los fieles no celebraban de manera especial la Natividad. La fiesta mayor era la Resurrección, como es enteramente lógico, y enseguida se empezó a celebrar también la Epifanía, esto es, la aparición de Jesús ante los hombres como Dios. La primera Epifanía es la de Jesús ante los Magos de Oriente, que en la Iglesia oriental empezó a celebrarse el 6 de enero para reemplazar a cultos de origen egipcio situados en torno a esa fecha. En la Iglesia ortodoxa se celebra la Navidad en esta fecha, pero eso es porque ellos mantienen el calendario juliano.
Lo del día 25 responde a otras motivaciones: en Europa, los pueblos precristianos acostumbraban a celebrar en torno a esos días el solsticio de invierno, habitualmente vinculado a cultos de regeneración: tras la noche más larga del año, sale el sol como promesa de vida. En Roma, al parecer, la fiesta había terminado degenerando en una especie de larguísima bacanal, las saturnales, donde todo exceso tenía su asiento. De esta manera los primeros papas –Julio I en 350 y Liberio en 354– resolvieron situar en el 25 de diciembre la fiesta de la Navidad, de forma que se hiciera más visible la cristianización de la sociedad romana. Realmente fue una buena idea.
Por cierto, es importante subrayar que Jesús de Nazaret existió históricamente, contra lo que en el siglo XIX empezó a sostener cierta escuela crítica. Hubo realmente un Jesús de Nazaret que predicó entre los judíos y murió en la cruz. Lo sabemos por las cartas de San Pablo (del año 55), por los escritos de Flavio Josefo (año 93) y, por supuesto, por los Evangelios, datados entre los años 70 y 90. Otras fuentes romanas de años posteriores inciden en lo mismo. De hecho, nadie ha dudado nunca de la historicidad de Jesús hasta bien entrada la Edad Moderna. Hoy, con datos en la mano, es imposible negar que Jesús existió de verdad. Al igual que es prácticamente seguro que nació en Belén. No hace falta otra cosa para celebrar la Nochebuena.