martes, 18 de marzo de 2014

Un escarabeo, una daga y remos, entre el ajuar funerario de Tutankhamón.

Un escarabeo -amuleto con forma de escarabajo-, una daga o unos remos son algunos de los muchos objetos, cada uno con un significado, que podían componer un ajuar funerario en el antiguo Egipto, como revela el libro "Tutankhamón. Vida y muerte de un faraón", de Christiane Desroches Noblecourt.

Un escarabeo, una daga y remos, entre el ajuar funerario de Tutankhamón.
Un escarabeo -amuleto con forma de escarabajo-, una daga o unos remos son algunos de los muchos objetos, cada uno con un significado, que podían componer un ajuar funerario en el antiguo Egipto, como revela el libro "Tutankhamón. Vida y muerte de un faraón", de Christiane Desroches Noblecourt.

"Había una gran cantidad de objetos que entreveraban la momia de Tutankhamón, por la costumbre egipcia de poner pequeños amuletos según se iba terminando de vendar la momia", ha afirmado en una entrevista con Efe el egiptólogo José Miguel Parra, autor de la traducción de la obra de Desroches, publicada por la editorial Confluencias.

Mientras que la daga de hierro tenía como fin proteger al difunto, el escarabeo se situaba cerca del corazón, órgano que "nunca se extraía del cuerpo, porque para los egipcios era la sede de la inteligencia y de los sentimientos".

En tiempos de Tutankhamón, durante la dinastía XVIII, "se pensaba que el muerto llegaba al más allá y allí su corazón era pesado contra la pluma de Maat, palabra que significa justicia, equilibrio y lo que tiene que ser".

"Si el corazón no pesaba lo mismo que la pluma, el difunto no podía llegar al más allá y era devorado por un monstruo", explica Parra, y por eso junto al corazón se colocaba un escarabeo con una fórmula que rezaba: "Oh, corazón, cuando toque el momento del juicio no me traiciones, no me pongas en compromiso y déjame alcanzar el más allá".

No menos curiosa es la explicación de la presencia de remos entre las estancias de madera que protegían los sarcófagos, ya que pretendían que el faraón "pudiera desplazarse en el más allá, que se creía que era un mundo gobernado por las aguas del Nilo".

El libro de Desroches Noblecourt, publicado por primera vez en 1963, tiene un propósito divulgador y está acompañado por numerosas ilustraciones, por lo que está dirigido al público general y no sólo a los especialistas en la materia.

Además de describir el ajuar encontrado en su tumba tras el descubrimiento de ésta en 1922, la obra relata lo poco que se sabe de la vida de Tuttankhamón, que llegó al trono en torno a los 10 años y murió con unos 18, y contribuye a arrojar luz sobre la supuesta "maldición" que cayó sobre quienes hallaron al faraón.

Desroches Noblecourt (1913-2011), considerada una de las grandes maestras de la egiptología, estudió en la Sorbona "y se sobrepuso a la inquina de otros estudiantes por ser mujer y por su valía", ha apuntado Parra, además de convertirse en 1938 en la primera mujer en dirigir una excavación.

Durante la ocupación alemana de París, se unió a la Resistencia francesa para salvar los tesoros egipcios de las manos nazis, y llegó a ser detenida cuando llevaba un mensaje a un jefe de este grupo.

Más tarde sería la artífice de que los monumentos de Nubia se salvaran de ser inundados por la construcción de la presa de Asuán, para lo que recabó el apoyo de la UNESCO y consiguió el traslado de algunos de estos templos, como el de Debod, que se puede visitar en Madrid.