viernes, 28 de marzo de 2014

Un torito de bronce púnico para raspar sustancias alucinógenas en los rituales.

Utensilio raspador de sustancias alucinógenas en rituales púnicos.
Una estatuilla de bronce fue hallada en el Cerro del Prado en Guadarranque (San Roque, Cádiz), en 1989. Por el contexto arqueológico en que fue hallada ha sido fechada en el s. V a.C.

La figura representa un toro recostado sobre una placa rectangular. Con evidente estilo esquemático se representan las características físicas de dicho animal, destacando la cabeza por su mejor acabado.

La figurilla llegó al laboratorio de restauración tras observarse signos de corrosión activa en la superficie del mismo. Al realizarse un examen detallado de la figura pudimos determinar el alcance de la afectación existente en el objeto. La pieza que en un principio había sido catalogada como maciza en diferentes publicaciones demostró ser hueca y por tanto realizada con la técnica de la cera perdida sobre núcleo de arcilla. El interior estaba relleno de tierra procedente del yacimiento que causaba los problemas de conservación.

Sobre el tema del uso que tuvo esta figurita hemos visto varias interpretaciones, como la de Margarita García quien opina que probablemente formaba parte de un objeto de culto o adorno, tal vez como remate del mismo, y de esta manera justifica la pequeña base sobre la que se apoya. También cree que pudo formar parte de portalámparas o thymateria cuyo uso estaba reservado a actividades religiosas.

Para Jiménez Ávila el torito debió usarse como asidero de caja, aunque no descarta otras explicaciones como que se trate de un ponderal “antropomorfo”.

En una reciente publicación, el catálogo de la exposición Cádiz y Huelva, puertos fenicios del Atlántico, pudimos ver el comentario que Eduardo Galán hace a la tapadera ‘o rallador’ con forma de cierva procedente de El Castañuelo, en Huelva.


Comenta, como ya hemos dicho con anterioridad, que las figuras zoomorfas de bronce, son frecuentes entre los objetos orientalizantes de la Península Ibérica, y especialmente las que representan toros y ciervos. La pieza de El Castañuelo, al igual que la del Museo de Cádiz, consta de una placa rectangular sobre la cual reposa un animal recostado. La parte inferior de la placa ha sido trabajada con punzón en frío, levantando pequeñas rugosidades en toda la superficie.

A este tipo de objetos se les ha venido considerando hasta ahora objetos incompletos, partes decorativas de conjuntos más amplios o complejos, como por ejemplo partes de muebles o tapaderas de vasijas.

Pero lo que nos llamó la atención fue lo que Galán propone, que se trata de un objeto funcional del que la cierva es el elemento de sujeción. Podría tratarse de ralladores no usados en contextos domésticos sino rituales como los de Grecia documentados desde época homérica, con posterior desarrollo en la cultura etrusca e ibérica, formando parte de ajuares en enterramientos y como objetos votivos hallados en santuarios. Se trata de chapas caladas en las que falta el elemento de agarre del que, sin embargo, algunas fuentes nos dicen que podría tratarse de figuras zoomorfas. Y lo más llamativo, que podrían estar vinculados al consumo ritual de bebidas y comidas e incluso de sustancias alucinógenas. Apoya su teoría en los trabajos de Sherrat y Rigdway sobre estas actividades en el mundo homérico.

El consumo de sustancias alucinógenas en el ámbito ritual y religioso no es extraño ya que se sabe que en el Neolítico se hacía uso de ellas. Sobre esto tenemos el ejemplo que nos proporcionan Gavilán y Mas sobre La Cueva de los Murciélagos de Zuheros en Córdoba.

También hay varios trabajos sobre la ingestión de plantas con efectos alucinógenos en Cerdeña,  y su relación con las máscaras fenicias de terracota,  que ilustran esta posibilidad en el contexto de los conocidos sacrificios infantiles en tofet. Apoyan nuestra tesis las características ergonómicas de la figura, hueca y fácil de asir para su empleo como rallador.