martes, 8 de abril de 2014

Barcino, una atípica ciudad de ricos.

La urbe romana contenía un número desproporcionado de edificios lujosos.
Las termas de Regomir. Parte del barrio portuario, fuera de las murallas.
El debate generado por la propuesta de modificar la visión vigente desde 1835 del corazón de la Barcelona romana, el templo de Augusto y el foro de la ciudad, no es casual. Desde hace ya unos años, el conocimiento acumulado a lo largo del siglo XX sobre la antigua Barcino está sujeto a replanteamiento, y empieza a sumar elementos que obligan a redibujar la visión que tenemos de ella, ante la evidencia de que nos encontramos ante una ciudad extraña, que nada tiene que ver con la concepción reducida y «absolutamente abstracta» vigente hasta hace poco, en palabras del responsable del Seminari d’Història de Barcelona municipal, Ramon Grau.
Y este debate ha encontrado su estímulo en el marco del Pla Bàrcino del Ayuntamiento de Barcelona, que además de dar un nuevo empuje a la investigación, en una apuesta personal del concejal Jaume Ciurana, ha velado por unos niveles de transparencia y difusión pública insospechables hasta hace solo tres años, cuyo máximo ejemplo es la apertura en la web de la Carta Arqueològica y las iniciativas de debate del Museu d’Història.
Los frentes se acumulan: se duda del templo y el foro, se admite que desde la fundación habría barrios planificados fuera de las murallas y un suburbio portuario potente, se descarta el acueducto de Collserola, se empieza a redescubrir el papel clave del área de Sants Just i Pastor, se descubre el desmesurado tamaño de las viviendas y equipamientos del interior de las murallas, se entiende cómo Barcino se transformó en una capital visigoda primero y en la de todo el país después…
El resultado: la evidencia, explica Carme Miró, responsable del Pla Bàrcino, de que la Colonia Julia Augusta Paterna Faventia Barcino es, pese a su pequeño tamaño (aunque no tanto como se creía), una ciudad atípica: «Barcino es una ciudad extraña, potente y extraña, con domus lujosas, con una villa como la de la Sagrera lujosísima, sin viviendas de gente humilde dentro de las murallas, con tres termas públicas, y termas privadas en cada domus…» Es, explica Julia Beltrán de Heredia, conservadora jefa del subsuelo del Museu d’Història de Barcelona (Muhba), «una ciudad muy pequeña en metros cuadrados pero muy potente, que nace para controlar el territorio, lo que viene del interior, y del mar y la producción de vino; una ciudad de ricos». Un territorio que llegaría hasta los asentamientos agrarios del Llobregat y el Besòs. Una metropolitana Gran Barcino, digamos.
CIUDAD SIMBÓLICA / «Es una ciudad ideológica, simbólica, de marcar el territorio; no me da miedo pensar que tenga más de una zona con espacios públicos; nuestra primera propuesta lo que hace es abrir el debate», apunta Hèctor Orengo, que junto con Ada Cortès ha planteado una nueva ubicación de todo o parte del foro. «Estamos en un momento muy interesante, en que hay la oportunidad de replantear el conocimiento previo sin que haya una teoría que ahogue el debate. La discusión sobre el templo demuestra la debilidad del conocimiento que teníamos hasta ahora, que se basaba en la descripción de Celles en el primer tercio del siglo XIX y que se siguió aceptando por la autoridad de Puig i Cadafalch, que la hizo suya», apunta a su vez Ramon Grau.
En este debate, el Muhba, que acogió la presentación de la teoría de Orengo y Cortés, ha decidido actuar como acicate, no como como freno. «El Muhba ha de tener la actitud de una institución dinámica: apertura y prudencia. Como centro de investigación debe ser una plataforma para el contraste de los trabajos que tengan un fundamento científico, y es bueno que se abra al debate sobre los interrogantes que hay, y como institución museística ha de ser más pausada antes de cambiar su discurso, y esperar a que haya consenso», establece su director, Joan Roca.
Mientras en el Pla Bàrcino del Servei d’Arqueologia se trabaja por la difusión de este debate (difundiendo con una rapidez inverosímil hasta hace poco, desde su web y Twitter, excavaciones en marcha y proyectos en progreso como los nuevos modelos 3D de la ciudad), se propone trabajar sobre la muralla y sobre el foro. «Es uno de los grandes desconocidos de Barcino. Pero no se trata de un proyecto faraónico, no hablamos de levantar la plaza de Sant Jaume, sino de un estudio histórico, arquitectónico, de planimetría, de revisar teorías. Y después del 2016 ya veremos», avanza Carme Miró.
CIERTA FRIVOLIDAD / Eso sí, la reapertura del debate y la recuperación del interés público ha dado paso también a una cierta frivolidad, («una hipótesis de trabajo necesita 10 o 12 años para que circule por la comunidad científica, se contraste, se amplíe y se sedimente», advierte Beltrán de Heredia), que desde el Servei d’Arqueologia y el Muhba se quiere evitar al poner en total cuarentena, por ejemplo, las hipótesis sin fundamento que sitúan, por ejemplo, un no localizado anfiteatro en Santa Maria del Mar o en el Pi. Aunque eso no quiere decir que haya grandes incógnitas excitantes. Para Miró, por ejemplo, «Montjuïc es la asignatura pendiente; falta una revisión a fondo de los núcleos íberos en el Turó de la Rovira y Montjuïc, y del Montjuïc romano; algo hay allí».