sábado, 26 de abril de 2014

Egiptólogos catalanes hallan una estructura "enigmática" con una posible imagen primitiva de Jesús.

Josep Padró, director de la misión de Oxirrinco, detalla más descubrimientos, como el del escriba enterrado con tinta y cálamos.

La pintura copta, cubierta con una capa de protección, que representa una figura de un hombre joven en actitud de bendecir // Misión Oxirrinco
Con sumo cuidado, alguien cerró la tapa del tintero. A su lado, había dejado dos cálamos de madera por estrenar envueltos en tela y atados con un lazo. Estaba todo listo para que el joven escriba pudiera relatar su viaje al más allá. “Es emocionante”, comenta la catedrática en griego Concepció Piedrafita, miembro de la misión arqueológica de Oxirrinco que dirige el egiptólogo Josep Padró, acabado de regresar de Egipto con el buen sabor de boca que dejan los hallazgos relevantes, entre los que también figura una estructura subterránea con pinturas coptas, es decir, de los primeros cristianos.

El tintero metálico encontrado
en la tumba del escriba.
La tumba de este escriba, enterrado con sus enseres de trabajo “es excepcional”, comenta Padró, y la prueba es que el propio ministro de Antigüedades de Egipto, Mohamed Ibrahim, se encargó de avanzar algunos resultados de esta última campaña de excavaciones en la antigua ciudad egipcia, que impulsa la Societat Catalana d'Egiptologia y la Universitat de Barcelona.

Padró, que colabora en La Vanguardia.com en el blog sobre egiptologia Nihil Novum, revela todos los detalles de los nuevos descubrimientos en Oxirrinco, un yacimiento inmenso que “nunca deja de sorprender”, afirma con una sonrisa enigmática, al más puro estilo de las esfinges. “Tiene mucha gracia que en un yacimiento como este, conocido por los miles de papiros hallados a finales del siglo XIX, la mayoría en griego, hasta ahora no se hubiera encontrado ningún escriba con sus herramientas”.

Lo que pudiera parecer una paradoja, ahora ya ha dejado de serlo. La tumba del escriba, intacta y muy bien conservada, contenía su pequeño tesoro. “Los ricos se enterraban con sus joyas, y los pobres con sus herramientas laborales”. Y es así como los arqueólogos de la misión han rescatado del olvido un tintero metálico con sorpresa incluida: estaba lleno de tinta. “Es negra, y podríamos analizarla para conocer su composición”, apunta Padró antes de destacar que los dos cálamos, meticulosamente envueltos, esperaban a que el difunto los estrenara en la vida eterna.

Resto del ajuar del escriba.
A falta de inscripciones en la tumba, solo se sabe del escriba lo que evidencian los restos arqueólogos y su propio cadáver. “La antropóloga dictaminó que tenía 16 años”, apunta el egiptólogo. ¿Podría tratarse de un aprendiz? En el siglo XXI no lo dudaríamos ni un instante, pero tal y como recuerda Piedrafita, a esa edad un hombre “ya podía haber tenido hijos y llevar unos cuantos años de oficio”. De momento, tampoco está clara su época histórica. “Podríamos decir que pertenece al periodo romano-copto”, afirma con cautela Padró antes de recordar que “los entierros coptos no incluían ajuar funerario”, lo que explicaría también la excepcionalidad del hallazgo.

Una estructura enigmática.

Padró esboza otra sonrisa de esfinge antes de desvelar el hallazgo de lo que define como un importante “enigma”. “El yacimiento de Oxirrinco nos ha dado en pasadas campañas un Osireion (templo subterráneo dedicado al dios Osiris, de los pocos que se conservan), después miles de peces votivos (únicos hasta ahora, ya que los principales animales que se momificaban eran cocodrilos, monos, ibis… pero no peces) y ahora una estructura subterránea de piedra de factura increíblemente buena que no sabemos qué es”, confiesa el director de la excavación, pero cuya importancia parece incuestionable.

La pintura copta representa
una figura en actitud de bendecir
Se encuentra en el medio de una vía procesional porticada con bellas columnas, recientemente recuperada, que cruza la ciudad y que une el Nilo con el imponente Osireion. La excavación de la estructura ha resultado un trabajo faraónico, ya que se encontraba cubierta de escombros muy pesados que, sin duda, “se colocaron adrede”. “Un arquitecto y un ingeniero han dirigido los espectaculares trabajos de desescombro, se han levantado hasta 45 toneladas de piedra”, detalla Padró.

Una vez despejada la estructura, vino la sorpresa. “Las paredes están recubiertas con cinco o seis capas de pintura, la última correspondiente a la época copta de los primeros cristianos”. “Hay decoración vegetal, inscripciones que se han copiado, pero que todavía no se han traducido, y la figura de un hombre joven, con rizos, vestido con una túnica corta y con la mano alzada como si estuviera bendiciendo”. Para el egiptólogo, “podría tratarse de una imagen muy primitiva de Jesucristo”, similar a las que figuran en catacumbas romanas, aunque no descarta que pudiera corresponder a algún santo. De momento, la representación permanece protegida y se espera que los escritos puedan aportar algo más de luz.

Como ocurre en todos los yacimientos, ha quedado trabajo pendiente para el año que viene. “Queremos hacer catas a las pinturas para ver si las capas inferiores nos dan más información sobre qué puede ser esta estructura”. Eso sí, también se iniciará un proyecto para conservar lo mejor posible las pinturas coptas para que sean visitables en un futuro. Tampoco ha quedado tiempo para excavar una estructura anexa a la que se accede mediante unos peldaños muy desgastados. “No sabemos qué nos podemos encontrar”, confiesa enigmático el egiptólogo.

Padró continúa describiendo el recinto sin ocultar la pasión que le despierta. Es de planta cuadrada, con cuatro pilastras y una dimensión de 8 metros de lado por 3,75 de fondo, “todo de piedra, con losas muy bien encajadas y nichos donde seguramente había estatuas”. “¿Puede ser otro Osireion o un Serapeo (templo del dios Serapis, la forma helenizada de Osiris, documentado por los papiros pero que todavía no se ha encontrado)?”, se pregunta Padró. “No lo sabemos, pero este descubrimiento nos hace pensar mucho”, reflexiona.

Tanto es así que pasa casi por alto otros descubrimientos, como una tumba llena de momias de época romana con cartonajes pintados. “No preveía excavar momias este año”, confiesa. Los miles y miles de peces sagrados encontrados durante las dos pasadas campañas también han permanecido en un segundo plano, aunque Padró no ha podido evitar revelar una confesión del arqueozoólogo que ha trabajado con ellos preparando un método de contaje. “El 99% son oxirrincos (el animal sagrado de la diosa Tueris de la ciudad, de ahí su nombre) pero se ve que algunos de los pescadores sagrados que trabajaban en el templo hacían trampa y entre medio colaban alguna especie rara, como peces gato”, susurra divertido Padró, como queriendo mantener en secreto una picaresca tan bien guardada durante siglos.