sábado, 26 de abril de 2014

El primer best seller tiene 4.400 años.

Sorprende la vigencia del texto literario más antiguo que ha llegado íntegro hasta nosotros y que sigue editándose cuatro milenios después.

Retrato de la mastaba de Ptahhotep, hijo de Akhtihotep, jefe de justicia y visir (Djedkare Isesi - Unas, Saqqara, din. V), personaje que podría coincidir con el Ptahhotep autor de las 'Enseñanzas'.
‘Nada nuevo’, reza esta sabia locución latina. “La Historia se repite”, nos recuerda otra frase recurrente. Sin querer cuestionar la capacidad innovadora de la Humanidad, lo cierto es que, en mayor o menor medida, todavía somos lo que fuimos. En esta serie de artículos que iniciamos viajamos a los orígenes de nuestra civilización para descubrir la herencia que aún preservamos del antiguo Egipto en pleno siglo XXI. Aunque nos separan unos cuantos milenios y nos creemos deudores sobre todo de la cultura grecorromana y judeocristiana, todo empezó mucho antes… unos 5.000 años atrás. ¿Quieres dejarte sorprender?

¿Quién no tiene en las estanterías de su casa algún best seller bañado en polvo? Este término que empezó a hacer fortuna en los años 20 del siglo pasado denomina un fenómeno nada nuevo en la historia. Siempre han existido libros superventas o, al menos, 'super leídos'. Un caso paradigmático lo encontramos en la Biblia, para muchos, el escrito más antiguo que ha llegado hasta nosotros, ¿quizás porque detalla los primeros días de la creación?

Sin duda, existen libros anteriores al Génesis que la arena del tiempo no ha logrado sepultar en el olvido. El más antiguo de todos ellos, el primer texto íntegro literario que conservamos son las Enseñanzas de Ptahhotep, visir del faraón Dyedkare-Izezi, de finales de la Dinastia V. Es decir, nos remontamos 4.400 años atrás para encontrar el primer libro de la historia.

El azar ha jugado un papel protagonista en este caso, pero existe otro factor clave que ha favorecido su supervivencia. Las Enseñanzas de Ptahhotep ya eran consideradas en el antiguo Egipto un best seller de su literatura. Tal y como hacen nuestros escolares con El Quijote de Cervantes o el Tirant lo Blanch de Joanot Martorell, los jóvenes de entonces que se preparaban en las Casas de Vida (escuelas de escribas), practicaban la escritura jeroglífica e hierática copiando a sus clásicos. Y este era uno de ellos.

No todos los papiros que los aplicados estudiantes copiaron de las Enseñanzas se convirtieron en polvo. El más famoso es el Papiro Prisse (1.900 a C) que se encuentra en el Louvre. Y un dato curioso: junto a Ptahhotep había tres escritores más que integraban el canon del clasicismo literario egipcio. El más antiguo de ellos era Imutes, del que no se ha conservado ni una línea, aunque sigue en pie su obra más colosal: la primera pirámide, la escalonada del faraón Dyoser. De los otros dos apenas poseemos fragmentos dispersos. Por lo tanto, dejemos abierta otra puerta al azar, por si algún día quisiera desenterrar del desierto alguno de estos otros papiros, todavía más antiguos, y reescribir de nuevo la historia.

Si sorprende la idea que el texto más antiguo conservado sigue editándose 4.400 años después, quizás sorprenda todavía más la vigencia de su contenido. Como su nombre indica, se trata de unas enseñanzas pertenecientes al género de los aleccionamientos sapienciales, muy al uso en esa época. Los consejos de Ptahhotep van dirigidos a lograr el éxito acatando las normas cívicas, las leyes y la moral. En realidad, sus instrucciones son de un carácter tan universal como intemporal hasta el punto que la gran mayoría podrían aplicarse en la actualidad. Aquí va una muestra:

“No estés orgulloso de tu saber, sino que toma consejo del ignorante como del sabio. No se alcanzan las fronteras del arte, y ningún artista posee la perfección total. Una bella palabra está más escondida que la esmeralda, pero se la puede encontrar en la sirvienta que trabaja en el molino de mano”.
“Si eres jefe que da órdenes a un gran número de personas, busca toda ocasión de perfección, a fin de que tu autoridad esté exenta de mal”.

“Observa la verdad y no la traspases, no repitiendo por nada un escarnio. No hables contra nadie, grande o pequeño”.
“Debes hablar solo cuando sabes que comprendes. Es un artista quien habla en el consejo: la palabra es más difícil que cualquier otro trabajo, y su conocedor es aquel que la sabe usar adecuadamente”.

“Todo hombre que ha sido instruido debe hablar a sus hijos, para que ellos puedan a su vez hablar a los suyos”.

“Si eres un gran personaje después de haber sido humilde, y si has hecho fortuna después de haber sido pobre en la ciudad que conoces, no olvides lo que te sucedió anteriormente”.
También es verdad que el feminismo del siglo XXI consideraría 'políticamente incorrectas' algunas de sus enseñanzas, como esta que muchos siglos después se resumiría en 'No ames a la mujer del prójimo':

“Si quieres mantener la paz en la casa donde tienes entrada como señor o como amigo, cualquier que sea el lugar en que entres, guárdate de acercarte a las mujeres. El lugar donde están ellas no puede ser bueno. La vista no es suficientemente atenta para vigilarlas. Mil hombres se han apartado de lo que les hubiera sido útil. Es un momento breve como un sueño, y se encuentra la muerte por haberlo conocido”.

Aunque si en el siglo XXI todos los hombres hicieran caso a Ptahhotep, también es cierto que no existiría la violencia de género:

“Si eres un hombre relevante funda un hogar, y ama a tu mujer en casa, como le pertenece. Dale de comer, y cúbrele la espalda con ropas. Es un remedio para sus miembros el perfume untuoso. Pon el gozo en su corazón mientras vive”.
Sin duda, los escritores contemporáneos cederían gustosos la primera posición de ventas de Sant Jordi a cambio de que sus escritos siguieran siendo leídos de aquí 4.400 años y no solo como una rara avis, sino con el interés natural de esos hombres y mujeres del futuro. De aquí a la eternidad... Como la que vive Ptahhotep, que nunca se hubiera imaginado que su obra se podría encontrar en una de las miles de paradas del Día del libro, más que nada porque hace cuatro milenios solo había papiros.