martes, 22 de abril de 2014

"Sin formación en humanidades se produce un deterioro de la democracia".

"El sistema educativo sirve para pelotear con religión sí o no, pero a nadie le interesa demasiado".
El profesor Fernando Romo, en su despacho de la Facultad de Filología y Traducción. // Jorge Santomé
Afincado en Vigo desde finales de los noventa, el profesor Fernando Romo Feito es un experto latinista, reconocido especialista en retórica y hermenéutica y estudioso de la obra de Miguel Labordeta. Pero bajo todos estos intereses, a los que se continuará dedicando cuando ponga fin a 42 años en las aulas, subyace una "preocupación de fondo" que revelará durante su Lección jubilar del próximo martes (12.00 horas), en la Facultad de Filología y Traducción.
-En su currículo también hay lugar para Cervantes.
- Siempre me interesó muchísimo el mundo antiguo y la interpretación de textos. Cervantes me ha preocupado como obra de arte y como problema de interpretación. Decimos que es el comienzo de la novela europea, pero él al Quijote jamás le llama así. Esto lo digo mucho en clase y es un ejemplo estupendo de cómo interpretamos el pasado por el presente. Hay casos extremos como el de la serie Águila Roja, donde aparece una catana, pero a menudo, sin darnos cuenta, nos saltamos esa distancia histórica.
-¿Nos cuesta cambiar la perspectiva para analizar el pasado?
-Mucho. Hay que intentar leer lo que hay. Con el fallecimiento de Adolfo Suárez se oyen cosas que dan a entender que la democracia hubiese salido de la chistera. Se pierde el relieve, las tensiones y entonces sencillamente no se explica el presente. Es imposible situarse en el presente sin una compresión del marco en el que nos situamos. Eso es interpretación y por eso la cuestión de las humanidades es crucial.
-Sin embargo, han ido perdiendo peso en los planes de estudio.
-Me identifico con Arturo Leyte cuando dice que no es un problema de cultura general, sino de que no se puede ser ciudadano consciente sin comprender y sin situarse uno con respecto al presente. Y esto no se hace sin conocer la propia tradición, con la cual a lo mejor se está rompiendo, pero para saberlo hay que conocer que estaba allí. Y el problema es de decisión política, de si se invierte en autopistas, aeropuertos y AVE o en el sistema educativo.
-¿Es más manejable una sociedad sin esta formación?
-Se puede decir que se produce un deterioro de la democracia. Saber qué es la democracia en tanto que sistema formal no se estudia en las carreras técnicas. El problema de la política no solo es de corrupción sino de que se ha convertido en un medio de vida de por vida. El nivel medio es deplorable. Las humanidades no garantizan que esto fuese de otra manera, pero enseñan a darse cuenta y, al menos, a pensar que habría que ver otras fórmulas.
-¿Percibe como otros profesores un menor nivel en los alumnos que llegan a la universidad?
-La moda es echarle siempre la culpa a la fase anterior olvidando que los profesores del Bachillerato se han formado en las aulas universitarias. He estado 20 años en institutos y jamás hablo mal de mis compañeros porque sé que realizan un esfuerzo hercúleo. En la universidad tenemos un porcentaje de alumnos vocacionales muy buenos y la mayoría quiere aprender e intenta trabajar.
-Sobre las carreras derivadas de las antiguas filologías pende la amenaza de cierre por estar repetidas y tener poco alumnado.
-Lenguas Extranjeras no tiene problema y el plan nuevo de Gallego-Español es lo suficientemente distinto de Santiago y A Coruña como para tener entidad y atractivo. Es más rupturista y se abre al mundo del gallego y el portugués o la escritura.
-¿Debe la sociedad exigir el pacto educativo que se echa en falta?
-Es un problema de decisión política. Cuando me jubile, llevaré 42 años en este oficio y he conocido 7 u 8 planes de estudios. Esto indica que el sistema educativo sirve para pelotear con religión sí o religión no, pero en el fondo a nadie le interesa demasiado. Cambiar de ley cada 2 o 3 años produce una erosión tremenda, es grotesco y signo de la absoluta falta de criterio acerca de qué función social debe cumplir la enseñanza. El sistema educativo no produce un beneficio inmediato y esto electoralmente no da réditos. Es un problema estructural y estratégico. La rebaja drástica de presupuestos para investigación es un atentado contra el futuro del país.
-Sin embargo, nos fijamos continuamente en los países nórdicos.
-Le reconocen una prioridad al sistema educativo. Me saca de quicio que los reportajes sobre el sistema finlandés acaben invariablemente diciendo que allí no hace sol y que se suicidan mucho. La seriedad de la educación no está reñida con la diversión. Sí con el botellón, que es cosa de otro orden y no da la felicidad, que se sepa. Es más bien un exponente de su falta. En España veo una especie de cóctel mental, de gazpacho en el que todo está revuelto. Aparte del malestar general porque demasiada gente lo pasa demasiado mal, hay una falta de criterio importante. He vivido de la enseñanza pública y para mí un sistema democrático se caracteriza porque pone un sistema público, y no digo concertado, al alcance de cualquier ciudadano.
-¿Cómo está afectando el uso del móvil y las redes sociales al dominio de la lengua?
-Es una erosión del idioma, pero no tiene vuelta atrás. La formación en este terreno te enseña a diferenciar el lenguaje del móvil del que debes utilizar en un escrito formal. En internet está todo, como en el mundo, pero hay que saber qué buscas y para qué. Y valorar. La wikipedia no es pecado, todos la usamos, pero es mejor leer el artículo en inglés porque muchas veces la traducción es mala y parcial. Siempre lo digo en clase. Esto no es lo esencial de la enseñanza, pero forma parte o debería acompañarla.
-A raíz de la adaptación a Bolonia, ¿ha primado el uso de nuevas metodologías en el aula frente al contenido?
-Una clase funciona bien cuando el profesor tiene algo interesante que decir y que él mismo se cree. Esto es tan viejo como Quintiliano. Y la informática para eso a veces sirve y a veces no. En mi materia, por ejemplo, sirve poquito. Si yo quiero que mis alumnos vean cómo era el teatro en el que Shakespeare representaba pues lo pongo en pantalla, pero eso no sustituye a que se lean Hamlet. Ahora, aquel que tenga a gala no usar jamás esto pues es un irresponsable. Es irrenunciable, pero es un instrumento no un milagro.