sábado, 24 de mayo de 2014

Hallan los restos de dos barcos púnicos en el norte de Menorca.

Un equipo de arqueólogos subacuáticos ha identificado hasta el momento 18 pecios frente al puerto natural de Sanitja, dos de ellos pertenecientes a la flota cartaginesa.


El puerto natural de Sanitja y el cabo de Cavallería, en la costa norte de Menorca.
El viento de tramontana sopla con fuerza en la accidentada costa norte de Menorca. El puerto natural de Sanitja, junto al cabo de Cavallería, ha sido desde tiempos inmemoriales un fondeadero situado entre abruptos acantilados y resguardado de los vientos. En el siglo III a.C., durante la ocupación militar de los cartagineses, quienes reclutaron a los belicosos indígenas de la isla, éste debió de ser un paraje solitario, únicamente frecuentado por las embarcaciones que hacían escala durante sus rutas comerciales por el Mediterráneo. Dos barcos de la flota cartaginesa que durante esta época navegaban frente al puerto de Sanitja pudieron ser sorprendidos por un fuerte temporal y acabaron en el fondo del mar junto a su ingente cargamento de ánforas.
Un equipo de arqueólogos subacuáticos de Sa Nitja, una asociación cultural sin ánimo de lucro, halló a finales del año pasado los restos de estas dos embarcaciones púnicas que naufragaron alrededor del siglo III a.C. frente al puerto natural de Sanitja. Los restos, que se encuentran a unos 20 metros de profundidad junto a la costa, están compuestos sobre todo por cientos de fragmentos de ánforas de diferentes lugares que permiten hacerse una idea de la fecha de las embarcaciones, los productos que transportaban y las rutas que seguían. Uno de los barcos estaba cargado con ánforas producidas en Ibiza y vajilla fina de la costa catalana, entonces dominada por Ampurias; el otro con ánforas procedentes de Cerdeña y la costa levantina, especialmente Alicante.
De momento hemos encontrado los restos de las ánforas e incluso un ancla, pero no hemos hallado los fragmentos de las naves. En muchas ocasiones se empotraban contra las rocas, la madera saltaba en mil pedazos y se esparcía por el fondo arenoso. Pero por las características de las ánforas hemos podido conocer la carga que transportaba un barco púnico que navegaba por la costa septentrional de Menorca, un hecho que hasta ahora se desconocía, revela Fernando Contreras, presidente de Sa Nitja, a Historia National Geographic. Las ánforas de la segunda embarcación, por ejemplo, contenían cerveza procedente del levante español y puede que vino y aceite de Cerdeña. Resulta muy interesante saber que en el siglo IV o III a.C. ya existía una navegación por el Mediterráneo y Menorca no estaba al margen de estas rutas comerciales. No tenemos constancia de que la población indígena o talayótica supiera navegar. Sobre todo durante la Segunda Guerra Púnica los cartagineses reclutaron mercenarios en Menorca y a cambio puede que distribuyeran entre la población productos de ultramar como el vino y el aceite, desconocidos para los indígenas, agrega. E
Los romanos conquistaron la isla en el 123 a.C. y supieron reconocer las excelentes condiciones del puerto de Sanitja, alrededor del cual fundaron la ciudad de Sanisera, la tercera en importancia por detrás de Maó y Ciutadella. En los años ochenta salieron a la luz los primeros vestigios de la antigua Sanisera romana y en los años noventa comenzaron las primeras prospecciones subacuáticas para conocer lo que se ocultaba en el lecho marino. Hasta ahora hemos hallado estructuras portuarias sumergidas y los restos de 18 barcos de diferentes épocas, sobre todo romanos, pero también del siglo XVII y XVIII, comenta Contreras.Disponemos de un permiso de prospección para fotografiar y documentar los restos, pero no podemos extraerlos. Nos interesa que perduren en el lugar para poder ofrecer al Gobierno una carta arqueológica de los hallazgos. Por otro lado, no recibimos ninguna ayuda de las administraciones, pero en 2004 creamos una escuela de arqueología internacional que nos permite autofinanciarnos. Organizar cursos para jóvenes en este yacimiento es también una forma de vigilar este rico patrimonio, concluye.